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BIBLIOTECA: LA TIERRA DE LAS GEMAS #1

En respeto a su autora y al formato de traducción empleado a lo largo del volumen, este artículo mantendrá el uso del lenguaje incluso y/o el recurso no normativo de la terminación en “e”.

Hace unos días, en una de esas parálisis temporales en las que el desplazamiento vertical de Twitter parece el único deporte existente, me crucé con un hilo que definía las personalidades de una serie de piedras preciosas. Escéptico, suelo pasar de largo ante este tipo de publicaciones, pero aquello me pareció una fantasía preciosa. No iba más allá de una concepción personal, por supuesto, pero el imaginario que definía cada piedra casi permitía concebir una imagen mental de ellas.

No pretendo, con esto, reducir el trabajo de Haruko Ichikawa a su mínimo exponente —lejos de las pretensiones que puede ocultar su propio título, lo cierto es que la obra se mueve entre un enorme sentido de corrientes que la definen— pero sí evidenciar una base que, sobre el papel, tiene casi la forma de un fanfic. La respuesta a una pregunta tan simple como pensar qué forma, qué carácter o qué personalidad podría tener cada gema. Una respuesta que toma connotaciones y lecturas tan amplias que resulta difícil contenerlas en un solo texto.

Reseña de La Tierra de las Gemas #1


La fantasía de Ichikawa, de nuevo, no va más allá de preceptos básicos. El antropomorfismo es un recurso que encontramos en gran cantidad de obras y que, sin ir más lejos, Paru Itagaki masteriza en Beastars; otro título reciente que no podía faltar en cualquier cita. Sin embargo, la autora consigue ofrecer un manto de misterio, de espiritualismo e incluso de inocencia que se superpone frente al hecho de convertir a piedras preciosas en personas para dar forma a un conjunto multidimensional que se compone de varias capas de profundidad.

En un apocalíptico futuro, el mundo ha quedado destruido por seis meteoritos. Se entiende que ha pasado tiempo. Que los humanos no existen. Quizá siquiera el propio tiempo los recuerde ya. El vasto océano, sin embargo, guarda la existencia de un pequeño espacio de tierra. Una isla en la que habitan 28 gemas; seres cristalinos, agénero e inmortales que viven una vida cíclica, a merced de les lunaries, una suerte de espectros que habitan en la luna y bajan a la superficie con el único motivo de fragmentar a les protagonistes de la obra para utilizar sus cuerpos como decoración.

Una premisa transgresora, que evita caer en los preceptos clásicos de la fantasía pero que, incluso con esas, parece no conformarse con su estructura. Porque cuando sus páginas se abren a nosotros nos encontramos con una Fosfofilita que parece pasar sus días sin nada que hacer. En una sociedad —aunque en miniatura, sociedad como tal— donde cada gema tiene su papel, Fos no consigue encontrar su lugar. Modistes, carpinteres, vigies; cada personaje tiene su propia posición. Sin embargo, la protagoniste que ha diseñado Ichikawa resulta ser inútil para cada una de estas tareas. Una alusión que va más allá del simple slice of life que parece escenificar ya desde la primera escena y que pretende hablar de metafísica y de realidades. De cómo nos estancamos y perdemos el rumbo al no encontrar nuestro sitio.

El primero de muchos reflejos, La Tierra de las Gemas consigue dejar su imponente escenario en un segundo plano para representar un drama interpersonal que se dibuja sobre Fos pero que se extiende sobre todo su plantel, sosteniéndose en el imaginario de su autora para representar a cada gema y sus particularidades mientras mantiene el misterio de su fantasía oscura como uno de los pilares principales de su argumento.

Y es así como el verdadero peso de su estructura se apoya en la relación de su protagoniste con su mundo. Una estructura que recuerda al manga más shonen —una de las gemas más frágiles luchando para buscar su lugar en el mundo— pero que asienta sus bases sobre un espacio mucho más adulto, que narra en un formato minimalista y siempre entre líneas sobre conceptos tan clásicos como la muerte, el abandono, la perdición o el miedo. Todos ellos se visualizan a través de un nuevo prisma, a través del ideario de seres inmortales, que pueden ser recompuestos a partir de sus fragmentos —pese al miedo a perder sus memorias junto a la pérdida de dichos fragmentos. Seres que no conocen la muerte, que no entienden el miedo más allá de la idea de perder a sus compañeres.

El encuentro de Fos con Cinnabar supone así la dinámica perfecta para el desarrollo constante de La Tierra de las Gemas. Un detonante tanto narrativo como emocional para la obra y su protagoniste al entablar contacto con la gema más frágil de todas que, a su vez, resulta la más letal a través de su constante secreción de mercurio, capaz de acabar con todo aquello que toca. Ichikawa coloca todo el peso emocional sobre sus hombros. Relegade, apartade, con la autoimpuesta tarea de vagar errante durante su eterno periplo, en busca de un redención, no ante sus actos, sino ante su propia existencia.

«Estoy aquí, esperando a que me lleven con elles.»

La figura de Cinnabar y su relación con Fos es el mayor representativo, sin adentrarnos en spoilers, del potencial que caracteriza a La Tierra de las Gemas. Más allá de cómo su autora identifica las características y personalidad de cada gema. Más allá de la fuerza imponente de Bortz o del brillo imperecedero e inocente de Dia, es la introspección que realiza sobre cada personaje lo que da valor a todo su mundo. Los ataques de les lunaries —al menos durante este primer volumen— no dejan de ser un hecho anecdótico que sirve para iluminar la inherente fragilidad de cada uno de sus personajes.

Frente a su particular apariencia de experimento narrativo, La Tierra de las Gemas resulta ser, valga la redundancia, un diamante en bruto. Fruto de una narrativa minimalista que apunta a lo más profundo de un plantel definido con absoluta precisión y en combinación con el característico trazado que Ichikawa dedica a su obra, alejándose de las estructuras clásicas del medio. Una obra, de nuevo transgresora y de la que se extraen numerosas lecturas, desde su técnica antropomórfica, hasta la identificación personal con cada uno de sus personajes, pasando por su destacable trabajo de worldbuilding o sus múltiples y constantes referencias budistas.

Cómo es la edición de La Tierra de las Gemas #1


Las particularidades de la obra, por supuesto, no se limitan a sus páginas. Ichikawa destaca por ser una autora especialmente delicada y dispuesta a la hora de ilustrar la presentación de sus obras y La Tierra de las Gemas no podría ser, ni mucho menos, una excepción a esta ley no escrita. Así lo hace a través de una portada que marca su característico estilo, presentando a cuatro de sus personajes más destacables en un solo plano.

Una presentación excesivamente simple, bajo un fondo básico blanco que sirve sino para remarcar el potencial de sus personajes bajo un excelente dominio de la paleta de colores que los unifica siempre bajo su diseño —en apariencia, el mismo, recordando su condición agénero como gemas— pero que las hace diferenciarse a través de las formas y colores de su peinado, identificando así el origen de cada piedra preciosa. Una presentación, de nuevo simple, que remarca, a través de sus formas y posiciones la condición, entre excéntrica y identificativa de una obra maestra que se esgrime en la serie.

ECC Ediciones presentaba el primer volumen de La Tierra de las Gemas el pasado mes de diciembre de 2019 en un clásico formato rústico, componiendo el manga de 196 páginas en blanco y negro, con sus dos primeras páginas a color. La calidad de materiales que componen este primer volumen de la obra es indiscutible, incluyendo un barnizado especial sobre su portada para potenciar el efecto brillante con el que identifica a cada una de sus protagonistes y del que hace especial gala en una primera toma de contacto.

Con todo, es especialmente destacable el del equipo de traducción y de la propia editorial al atreverse, por primera vez en nuestro país, a incluir el recurso no normativo de las terminaciones en “e”, respetando al máximo los deseos de la autora y ofreciendo el mayor nivel de fidelidad posible con el trabajo original japonés.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.