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BIBLIOTECA: FINAL FANTASY LOST STRANGER #1

El mercado se encuentra saturado de obras isekai. A falta de encontrar entretenimiento en este mundo, el arte ve menester el buscar nuevas aventuras en lugares lejanos; otras dimensiones donde poder relacionarnos y descubrir nuevas culturas. Quizás incluso nuevos tipos de vida o leyes que superan a las físicas. La idea es clara: la extrapolación personal a ese mundo de fantasía con el que siempre hemos soñado. Una inmersión narrativa que las tantas de las veces tiene como protagonista a un personaje con gran capacidad identificativa que facilite su uso como avatar.

No siempre es así, por supuesto, hay obras que desisten en su intento de trasportarnos a otro mundo y deciden mostrar una aventura decisiva, en un formato más clásico. Las hay con ideales más oscuros, quizás más deconstructivas, como Aquella vez que me convertí en Slime, que reinventa el género con una leve sátira y grandes actos de ternura. Final Fantasy Lost Stranger, el nuevo manga del género publicado por Norma Editorial, se mueve entre esas pretensiones. Una obra que no encaja en ninguno de esos puntos establecidos y tiende, bajo una gran capa de simplicidad, a jugar con el isekai en busca de su propia identidad.

Soy jugador de Final Fantasy XIV. El MMORPG de Square Enix es un lugar cálido al que acudir cuando necesitas un respiro. No es el único en su género, pero sí es único en sus prestezas. En como traza su argumento, su cultura y cómo acoge al jugador. Frente a los tantos títulos de su género, este consigue una conexión tan directa que resulta casi ineludible.

Final Fantasy Lost Stranger #1 es el equivalente manga al juego comentado. Una obra tributo que se nutre del más puro fanservice para atraer a un público que lleva más de treinta años jugando a la franquicia de rol. Y es precisamente por ese punto por el que tiene tanto valor. Porque en su más pura esencia es puro Final Fantasy. La fantasía final; la leyenda de los cristales. Una nueva historia de magia y aventura que nos abre sus puertas, sin distinciones, pero con grandes referencias para aquellos que llegan desde las líneas de la franquicia original — especialmente para quienes lo hagan desde Final Fantasy XIV, a quien rinde el mayor homenaje, contando con la supervisión de Naoki Yoshida.

Un título con ligera ambición pero gran puesta en escena. Final Fantasy Lost Stranger #1 nunca niega sus pretensiones. La obra nacía como tributo a estas tres décadas de magia y se convierte en toda una bomba de fanservice. Algo que, lejos de quitarle valor, suma puntos en una sucesión de elementos conocidos que se dan la mano en un mundo familiar. Pequeñas sonrisas arrancadas en sus primeras páginas con citas como las de Shogo, «¡¿Un chocobo?! ¡Es un chocobo! ¡Y también hay lalafells, y una miqo’te!», que juegan con nuestros conocimientos sobre la franquicia y crean un mundo nuevo a su alrededor.

Con todo, Hazuki Minase se encarga de dirigir un guion que no se amedrenta ante las ligeras posibilidades que ofrece un mercado tan saturado como este y nos ofrece una dosis narrativa consistente, capaz de atravesar el muro de la recursividad del género. Lo hace, primero, jugando con unas bases muy claras. La de dos hermanos (Shogo y Yuko), que crecen jugando a la saga antes de lograr entrar a Square Enix como trabajadores dentro de la misma. Así, aunque se logra un elemento asociativo claro, la personalidad de ambos queda especialmente marcada, logrando dicha identificación sin convertirlos en avatares.

Un juego de doble filo que los convierte en aventureros, mostrando esa clara distinción que se correlaciona directamente con los orígenes de la franquicia en una muestra de cómo nuestros protagonistas ejercen, poco a poco, el camino del héroe y la heroína junto al más variopinto grupo de guerreros. Sin embargo, la gloria resulta efímera cuando Yuko acaba entre las fauces de un enorme dragón, rompiendo con toda la magia que se superponía a la estructura del juego y volviendo al punto principal de este texto y sobre cómo el isekai puede ejercer su propia crueldad al revelar una realidad capaz de romper la tangente de la obra.

«Shogo… escúchame. Un hechizo como Lázaro… sólo existe en los cuentos de hadas».

Así la simplicidad inicial de Final Fantasy Lost Stranger #1 se fragmenta en cientos de pedazos cuando Minase cambia las reglas del juego y nos introduce en una realidad más oscura de la que se entendía bajo las líneas de un tributo. Una magia que, siguiendo las normas de la saga, se cristaliza para convertirse en el siguiente punto a tratar. Trabajando sobre las líneas de otras obras como Hai to Gensou no Grimgar, el autor consigue trasladar sus intenciones con un giro de 180 grados y siempre acompañado del arte de Itsuki Kameyama, que apuesta por planos amplios para los momentos más emotivos y refuerza los más dolorosos con grandes contra-planos y especial cuidado en el dibujo de las expresiones faciales.

Un dibujo especialmente inconformista, que juega con las páginas y su espacio de forma original y creativa; casi inquieta. Siempre intentando sorprender al lector, haciendo de la misma algo que jamás se entiende como monótono y que sabe cómo adaptarse a cada una de las escenas diseñadas por Minase con gran presteza, pasando del dinamismo a la quietud emocional en el reverso de una sola página.

Final Fantasy Lost Stranger #1 se supone como una lectura prometedora donde quizás se entiende un simple bocado de fanservice. Una que, insisto, va más allá de lo establecido y sabe cómo apoyarse en la franquicia a la que realiza tributo sin necesidad de caer en recursividades. Una obra que deja una puerta abierta y un cliffhanger bien situado, con una gran apuesta de futuro. Seas fan del isekai o no, hayas pasado antes por la fantasía final o no lo hayas hecho, resulta difícil no encontrar una aventura atractiva en sus líneas.

La edición de Final Fantasy Lost Stranger #1 es otra de las grandes sorpresas a sumar al plantel que marca este primer volumen de la obra. A primera vista el volumen destaca por una excelente composición en portada, que llega ilustrada por Shogo como arquero —primera alusión al nacimiento del Warrior of Light al que pretenden imitar, utilizándonos como objeto de avatar— rodeado de los aventureros a los que unirá su vida en una combinación de tonos cálidos sobre su fondo blanco, logrando, de nuevo, una excelente composición en favor de su presentación.

Una que, además, se acompaña de una delicada edición que presenta su título —así como el total de su lomo— bajo un efecto UVI brillante que se superpone a una portada mate, capaz de resaltar los efectos de la notoria presentación del volumen. A ello se suman cuatro páginas iniciales a todo color, impresas sobre papel fotográfico, dos de las cuales se componen de una ilustración del mismo. Además, nos encontramos con todo tipo de detalles a lo largo del tomo, siempre en relación con Final Fantasy, que le ofrecen un tono más amistoso y recuerdan su posición como tributo.

Encontramos una portada rústica con sobrecubierta clásica como presentación en un formato de 13 x 18,2 cm y un total, muy considerable, de 216 páginas en blanco y negro, a las que debemos sumar las cuatro a color ya citadas previamente. Por último, encontramos una excelente traducción realizada por Agnès Pérez (DARUMA), que respeta los términos originales, dotando al volumen de la misma magia que hemos vivido a través de sus juegos.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.