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Danmachi es una obra cargada de naturalidad y carisma. Su subtítulo —¿Qué tiene de malo ligar en una mazmorra?—, extraído del título original de la obra de Fujino Omori, no es más que una referencia al carácter que representa.

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Norma Editorial se encarga de acercarnos una obra que evita las pretensiones de un género prácticamente sobre-explotado para proponer algo nuevo. Porque Danmachi no solo sabe construir un mundo interesante sino que juega sus cartas enfocando la vista antes en los personajes que en su entorno, ofreciendo una experiencia más pausada, más amena, pero muy enriquecedora. Nos sumergimos en las entrañas de las mazmorras con la reseña de Danmachi #3.

Al final de la reseña de Danmachi #2 comentaba la obligatoriedad de hacer un inciso para hablar sobre el detallismo de Omori con la adaptación de su novela homónima. Y es que el autor dedica un breve extracto, en forma de novela ligera, dentro de las páginas ilustradas por Kunieda. Un pequeño detalle que toma forma al inicio de este tercer tomo. No solo lo hace bajo las manos del encargado de esta adaptación sino que además lo hace con una introducción a color.

Es, insisto, un gesto mínimo. Pero habla bien de cómo ambos autores piensan en el público que les sigue. Y lo hace porque resulta coherente con su obra; casi como si se tratase de un pequeño avance de lo que veremos en la siguiente entrega. Y no solo eso, porque Danmachi #3 repite jugada pero lo hace de una forma un poco más especial, puliendo su mundo y abriendo las puertas a crear todo un universo que arropa la obra que construye la narrativa de Omori.

Algo que se siente de forma general a lo largo de todo el volumen, ya que Danmachi #3 parece apostar por abrir sus horizontes. Raya en esa lentitud que mueve sus páginas —algo que se remarcaba especialmente en su anterior tomo, que tomaba una enorme extensión para tratar una única batalla— para empezar a fuego lento en la escena donde se cerraba el anterior volumen. Una que marca el camino a seguir, con Bell y Eina tomando un pequeño espacio para abrir su relación — yendo más allá de los pilares de la obra, que se sustentan entre el protagonista, Wallenstein y Hestia.

Un inicio que sirve las veces para presentar parte del esqueleto narrativo que muestra su autor y que tanto se relaciona con su título: «¿Que tiene de malo ligar en una mazmorra?». No queda claro hasta qué punto piensa jugar con este factor pero se intuye una suerte de harem que funciona de forma bidireccional. Porque mientras Bell entabla relaciones con otras chicas, su enamoramiento por Aiz no mengua lo más mínimo. La pregunta entonces es si las pretensiones apuntan a este camino, dejando de lado este factor para centrarse en otros puntos y utilizarlo solo como un acompañamiento o si piensa convertirlo en algo principal.

Es una duda importante porque la obra ya trastabilla al tratar esa estética ecchi que le acompaña de puntillas. No es la primera vez que surge al comentar sus líneas y, al menos por el momento, se encuentra lejos de ganar protagonismo pero tiende a acercarse levemente al gusto por el fanservice barato —especialmente con Hestia— con un titubeo que siempre le lleva a corregirse y actuar con cierta naturalidad que convierte ese trasfondo en una clave de humor. Un movimiento inteligente pero que se mueve por la cuerda floja.

Algo que repite con Lili, la nueva integrante de su plantel. Una chica presentada de forma misteriosa pero que introduce una nueva tensión al juego. El hecho de que se introducida mientras está siendo maltratada abre la puerta a un nuevo elemento: la marginación. Porque la chica resulta ser una porteadora, meros ayudantes que se encargan de transportar los materiales de los aventureros. Así la obra muestra un sistema social donde los más débiles no solo ocupan un estrato sino que son tratados de forma inferior.

Es un detalle que incide en cómo trabaja con su mundo y lo perfile a ese ritmo lento pero funcional, introduciendo nuevos elementos de forma delicada y asegurándose de que el lector los pueda asimilar antes de lanzarse con nuevas ideas. Si bien, no resulta un elemento original, pero es interesante el hecho de que la obra abra sus horizontes poco a poco, demostrando que Danmachi es puro descubrimiento; una carrera de fondo antes que un sprint.

La introducción de Lili sirve como balanza moral. Plantea el hecho de que su mundo de fantasía no sea tan bonito como se muestra en esencia —aunque la pobreza de sus protagonistas ya es un buen ejemplo de ello, por mucho que suela mostrarse como un elemento de puro humor. Un punto que su narrativa aprovecha para dividir la trama. Por un lado experimenta con Bell, sobre cómo mejora con la ayuda de la chica y el como duda sobre la injusticia que ve representada en la mazmorra. Pero, por otro, la propia Lili tiene su propio (aunque pequeño) arco de introspección, donde nos deja hacernos una idea de las calamidades que han azotado su vida para que se vea abandonada.

No solo lo hace en lo técnico, donde se muestra, a través del dibujo, el como la chica desconfía de los aventureros, sino que también tiene un gran enfoque narrativo. Lo hace siempre dentro del suspense y, de nuevo, con su ritmo pausado, pero nos deja entender que ella se ve encerrada en un agujero oscuro del que se siente incapaz de salir.

Pero la introducción de Lili va más allá de todo esto—de hecho se convierte en la columna vertebral de este nuevo volumen— y sirve también como una forma de explorar la identidad cultural de Orario. El hecho de que sea reconocida como una cinantropica incide en la idea de que la mazmorra invita a toda una serie de culturas y razas a la ciudad. Un elemento que se relaciona con Made in Abyss y la existencia del Abismo como elemento unificador de su mundo. Nos habla de cuán extenso es su mundo y de lo poco que nos ha mostrado hasta ahora. Incluso toca la idea, la duda, del porqué los dioses bajaron de sus tronos para habitar en la superficie.

Con todo, Danmachi #3 también tiene tiempo para otro tipo de escenas. Kunieda tiene espacio para mostrar sus dotes dentro de la acción, aprovechando el nuevo equipo de Bell para mostrar situaciones inéditas hasta ahora, aunque donde realmente consigue demostrar su potencial es en los momentos más reflexivos. Lo hace con las expresiones de Lili, al mostrar su desconfianza para con los aventureros o el miedo hacia ese objeto que aún desconocemos. Pero también lo hace de formas más amplias, en un importante cambio de vestimenta para Hestia, por ejemplo, que la desencaja de ese papel que arrastra y la eleva para posicionarla como una verdadera diosa.

Es una evolución, quizás, tan lenta como el ritmo que sigue la obra, pero no por ello resulta menos notable. Empieza a alejarse del estilo que mostraba en Judgement Overman junto a Yuichiro Higashide y, pese a tener que trabajar sobre el diseño de personajes de Suzuhito Yasuda, el autor comienza a mostrar que es capaz de jugar con la tinta y descubrir nuevas formas y movimientos. La fluidez de movimientos sigue contando con cierta carga kinestésica, que ayuda a sentir su fuerza y además se introduce la magia por primera vez, un nuevo reto con el que cumple sin trastabillar.

Si algo juega en su contra es el uso de tiempos tan pausados. No es que siente mal a la obra, desde luego —y además sabe como cerrar haciendo uso del cliffhanger como recurso narrativo— pero da la impresión de que, incluso con toda la información que se introduce en esta tercera entrega, la trama no avanza. El misterio sobre la identidad de Lili, por ejemplo, queda demasiado abierto pero no acaba de llamar al lector a que lo descubra. Pequeños detalles que se entienden mejor con la breve madurez de la obra y que al fin y al cabo no son más que un espacio donde crecer en el futuro.

Incluso así esta tercera entrega se posiciona como la más reflexiva de todas. Una muestra de lo extenso que se plantea el universo de la obra. De que hay mucho más allá de Bell y Ainz. Más personas, más tensiones y, especialmente, mucho más mundo que ver. Como curiosidad añadida, el fragmento narrativo que se incluye al final del tomo es un llamamiento a esta idea, ya que el personaje que lo protagoniza es el primero de todo su mundo en contar con una novela propia. Una pequeña sorpresa que deberéis descubrir por vuestra cuenta pero que, os adelanto, invita a entender la extensión de su universo e incita a querer ver como sus autores crean atrezzos para quienes se encuentran tras el telón.

Danmachi #3 se aleja de las pretensiones de su volumen anterior y apuesta por algo más distendido. Su presentación es mucho más distendida y nos invita a pensar en como su plantel va creciendo, con una portada protagonizada por Bell y Lili en un tono más alegre. Una que trabaja, además, los colores con esa técnica que arrastra ya de la portada anterior y que la cubre por completo.

El hecho de que aparezcan los dos en primer plano es un indicativo de como evolucionará la obra. Y es que su posición se entiende como parte del viaje. De la idea de que ahora ambos comparten su camino y descienden juntos a las entrañas de la mazmorra.

Danmachi #3 cuenta con siete capítulos, divididos en 176 páginas a blanco y negro y tres introductorias realizadas en color, para causar la mejor impresión posible con su bienvenida. La calidad de sus materiales es indiscutible, contando con un importante gramaje del papel en su interior. Su publicación, el clásico tankoubon, cuenta con unas medidas de 13 x 18,2 cm y un formato rústica con sobrecubierta. Por último, la localización a nuestro idioma está perfectamente lograda gracias a la labor de Jesús Espí.

Óscar MartínezBanner inferior Norma Editorial octubre y noviembre - El Palomitrón

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.

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