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Este artículo contiene spoilers de la segunda temporada de Por 13 Razones

Desde que el pasado año llegara a Netflix, Por 13 razones desató todo tipo de comentarios en la red respecto a temas como el suicidio, el bullying y el acoso sexual. A pesar de todo, y debido a la buena recepción que tuvo en términos de audiencia, una segunda temporada fue confirmada. El pasado mes de mayo se estrenaba esta segunda parte que, a diferencia de la primera, se aleja de la novela homónima publicada en 2007 por Jay Asher.

La segunda temporada trata temas que la primera no terminó de abordar, desarrollando el universo de la ficción más allá de Hannah Baker (Katherine Langford) y su suicidio, convirtiéndose en una serie de visionado obligatorio para entender temas que están a la orden del día. Vamos a analizar a los personajes más relevantes y ver más allá de las cintas, más allá de las polaroids, más allá de las razones.

El blanco perfecto: Tyler Down

Es quizá el adolescente más complejo de analizar y el que mayor evolución ha traído a esta segunda parte. Al comienzo, veíamos al mismo chico retraído sin amigos de la primera temporada, pero a medida que avanza la trama vamos viendo cómo parece encontrar su lugar y cómo comienza a desarrollarse como un “adolescente normal”. Sigue estando tocado, pero todos podemos cambiar, ¿no?

Pues no: Tyler (Devin Druid) no cambia. Tyler va desarrollando un odio sobrehumano ligado a las vejaciones de los abusones que martirizan sus días, creando un patrón de personalidad que abarca una realidad demasiado habitual en Estados Unidos: las masacres en institutos. A diferencia de ficciones donde las causas parecen irreales o exageradas, la evolución de Tyler es coherente. Durante trece episodios vemos cómo llega hasta ese punto, cómo desde la primera temporada pequeños eventos van sumando un todo que explota en el último episodio.

Es importante destacar el paralelismo que su personaje hace respecto a la historia de Hannah. Al igual que cada cinta mostraba una situación, mayor o menor, que había influido en la decisión que tomó ella, en esta temporada vemos como cada capítulo es un golpe para Tyler. A pesar de encontrar un buen amigo en Cyrus (Bryce Cass) y una posible pareja en Mackenzie (Chelsea Alden) todo se desmorona, y la amistad con el punky solo contribuye a la radicalización y antiautoritarismo del joven. Obviando los claros estereotipos que se crean con Cyrus y sus amigos, el conjunto de eventos instauran las bases para que Tyler active el clic que falta en su cabeza.

Además del acercamiento a la mente de un potencial asesino se observa un cambio físico, algo más visual a la hora de representar cambios radicales en personajes. Su cambio en vestimenta y corte de pelo son evidentes: de tener rizos y vestir con pajaritas y camisas a botas militares, ropa oscura y la cabeza rapada.

Tyler es el causante de la escena más violenta de la temporada, protagonizada tras su reinserción en el instituto en el episodio trece. Una dosis de violencia que hace empatizar con el personaje haciendo un llamamiento a todos los estudiantes que sufren o produce bullying, tratando de hacerles entender cuál puede ser una de las causas de su comportamiento. Si confirman una tercera temporada, ¿será un tema que decidirán explorar?

La zorra borracha: Jessica Davis

Sin lugar a dudas, Jessica (Alisha Boe) y su historia han sido las indiscutibles protagonistas de la temporada y el motivo por el que Por 13 razones es una serie importante y necesaria. Jess se ha convertido en la voz de las que ya no la tienen, como Hannah, desempeñando un papel fundamental tanto en la ficción como en la vida real de cualquier espectadora que ha pasado por lo mismo.

Ha sufrido una violación y enseña cómo no todas las víctimas siguen un mismo patrón ni tienen la misma conducta, llevando su experiencia de maneras distintas. La posición de Jess es necesaria e importante, causante del verdadero valor de la temporada y prácticamente de la serie al completo, de cómo una adolescente tiene que lidiar con actitudes tóxicas y machistas en su entorno escolar y personal.

Gracias a un programa para mujeres que han pasado lo mismo que ella conoce a Nina Jones (Samantha Logan), una joven que parece ser una brisa de aire fresco hasta el último episodio, donde una escena hace cuestionar todo lo que se había aprendido con ella durante la temporada.

Además de las personas que no le creen, tiene que estudiar con su agresor. Por si fuera poco, a raíz de unas fotos que aparecen colgadas en un aula (y que se termina descubriendo quién las pone) pasa de ser víctima a ser una “zorra borracha” que tiene la culpa de haber sido violada.

La forma en la que Jessica responde a sus amigos sobre cosas que presuponen pero no entienden educa a hombres y mujeres en términos tan básicos como el consentimiento, la credibilidad o la empatía; permite entender la serie más allá de la ficción y aplicarla a la vida real, además de, obviamente, contar esta historia a través de mujeres que viven o han vivido a diario estas situaciones.

Una escena que ha creado polémica es en la que Jessica comienza a besarse con Justin (Brandon Flynn) y se desnuda. Después de la crisis que sufre en el probador, de no poder dormir durante meses en su propia cama y de no ser capaz de disfrutar el primer beso con Alex en la playa, verla en esta situación puede resultar extraño, pero no debería chocar. Que una mujer sufra una violación no significa que no pueda volver a disfrutar de su sexualidad y de su cuerpo. El periodo de luto de cada individuo en cada trauma es diferente y no debería utilizarse como elemento para invalidar o seguir culpabilizando a la víctima. La escena demuestra una poderosísima Jessica que consigue dejar atrás el asqueroso recuerdo de Bryce (Justin Prentice), sintiéndose atractiva y libre, y dejándose llevar. Pero, hablando de la situación, ¿está bien o está mal? Es una pregunta que no debería interferir con su forma de afrontar el suceso, aunque como espectadores nos pueda gustar más o menos.

El cobarde: Zach Dempsey

Zach, Zach, Zach… qué guardado te lo tenías. La relación entre Zach (Ross Butley) y Hannah sorprendió a todos. En medio del caos, plantea una relación sana entre dos jóvenes con problemas durante un verano en el que todo parece perfecto. Pero Zach no hace las cosas bien, y por mucho que juntos hubieseis sido felices, el daño hecho es irreparable.

Gracias a este capítulo entendemos una relación que en la primera temporada no quedaba clara y parecía un relleno más, como las historias de Courtney (Michele Selene Ang) o Marcus (Steven Silver). Sin embargo, la verdadera naturaleza de Zach sale a relucir en este episodio, y tampoco podemos culparle (del todo) por lo que hizo. ¿Exponer a Hannah al grupo de desalmados que tenía como compañeros de equipo? Inviable. ¿Ocultar a todo el mundo a una persona que supuestamente quieres? Inviable también. De modo que Zach no hizo nada bien, pero ya no tiene remedio.

Es un personaje que nos trae bastantes alegrías en esta segunda parte: la relación de amistad con Alex (Miles Heizer), el desacato al equipo de béisbol y la renuncia a la amistad de Bryce, algo tan peligroso como importante. Zach nos demuestra que las personas intentan cambiar, aunque sea demasiado tarde para ciertas cosas.

El suicida: Alex Standall

Alex estuvo a punto de protagonizar el segundo suicidio de la primera temporada, y se quedó en coma. Pasado casi medio año del suceso, vemos una lenta y complicada recuperación mental y física. Alex luchará por demostrar su valía y dejar de considerarse un discapacitado que necesita de otros para poder hacer cosas, consiguiéndolo en la escena en la que Justin casi se ahoga con su propio vomito.

Debido al suceso no puede recordar nada, incluidas las cintas de Hannah, por lo que su médico no le deja declarar. Tras convencer a Clay (Dylan Minnette) y escucharlas, sigue sin recordar nada. Sin embargo, durante una pelea multitudinaria en la que Montgomery le propina un buen golpe, recuerda cuál fue uno de los mayores detonantes que le llevaron a querer suicidarse: haber sido testigo de la violación de Hannah en el jacuzzi y no haber hecho nada.

La recuperación de Alex es complicada porque, aparte de no recordar muchas cosas, tiene la presión de su padre por mejorar. Su movilidad ha quedado reducida y su rehabilitación es dolorosa. Además, en el instituto han prohibido hablar de él o de Hannah por lo que se conoce como “suicidio por contagio”, un fenómeno estudiado en Estados Unidos.

Uno de los principales motores del joven es ayudar a Jessica, con la que ha compartido más tiempo y experiencias, y de la que sigue enamorado. Entre ellos encontraremos puntos de inflexión que terminarán con ambos besándose en el baile y saliendo juntos. Además, tendrá una peculiar relación con Zach (movida por la culpabilidad) en la que pasarán a ser verdaderos amigos.

El inocente: Clay Jensen

Clay no es ni de lejos el mejor personaje de la serie, aunque la gran mayoría de la historia la conduzca él y sus intenciones parezcan buenas. Abrimos la temporada con Skye (Sosie Bacon) saliendo con él, algo que nos deja descolocados. Tras diagnosticarle bipolaridad desaparece de la serie y de la vida de Clay, para reaparecer casi a final de temporada y despedirse.

Clay no es un mal chico, ni mucho menos, pero no es capaz de lidiar con sus problemas y pretende lidiar con los de los demás. Esto hace que no entienda por qué la gente actúa como actúa creando frustración y resignación. En el caso de Skye, intenta autoconvencerse de que parte de la culpa la tiene él, cuando ella le ha dejado claro que lleva conviviendo con sus problemas mucho tiempo y que debe entender que él no puede cambiarlo. Por eso, lo mejor que puede pasar para ambos es que terminen la relación y cada uno siga por su camino.

Otro punto del que no se ha hablado esta temporada (y debería dársele importancia) es el hecho de que Clay está teniendo alucinaciones visuales y auditivas, directamente vinculadas con la esquizofrenia o con periodos de mucho estrés. La proyección de Hannah no es un fantasma: es causada por su mente. De ahí que esta no pueda responder a sus preguntas. La salud mental es un tema que se aborda desde diferentes perspectivas (como ya hemos visto en Tyler, Jessica o Alex), dejando a Clay en una posición neutral; tan neutral que no se habla de que uno de los problemas más importantes lo tiene él.

El cambio que necesita Clay es Justin. A pesar del odio que el primero siente por el segundo por lo que le hizo a Hannah, cuando Justin comienza a vivir con los Jensen se desarrolla una fraternidad que ayuda a ambos personajes a continuar con sus vidas y pasar página. O al menos a intentarlo.

El drogadicto: Justin Foley

Sería extraño que una serie de adolescentes no tratara la problemática de las drogas. A pesar de que suele ser algo obvio (quién no se fuma un canuto debajo de las gradas de vez en cuando), esta temporada va más allá con la incursión de Justin en la heroína. Alcohol y marihuana han salido en innumerables ocasiones en la primera y segunda temporada, pero si hablamos de “drogas duras”, hablamos de algo más.

Justin proviene de un hogar roto en el que su madre vive con un camello y su padre es un desconocido. Como cualquier adolescente, en el instituto ha tonteado con las drogas, pero no es hasta que se escapa de casa cuando pasa a consumir metadona y, posteriormente, heroína.

Si nos centramos en el Justin de la primera temporada, no podemos obviar que era parte del equipo de béisbol, novio de la capitana de las animadoras (Jessica por entonces) y uno de los chicos más populares del instituto. Tomó decisiones en las que anteponía a su mejor amigo, Bryce Walker, a la integridad física y mental de su pareja. Arrepentido, huyó y se convirtió en el prototipo de adolescente rebelde sin causa que resulta atractivo porque está roto.

Y no, no debería ser así. Justin es adicto y necesita salir de la adicción. Ninguna de las decisiones que ha tomado hasta llegar al punto en el que está debería idealizarse o utilizarse como justificación a sus actos. Y él lo sabe. No va a dejar de torturarse nunca por lo que le hizo a Jessica, a pesar de testificar después a su favor y ayudarle a denunciar a su agresor. Justin tiene que aprender de lo que hizo y reeducarse, entender la repercusión de sus actos o de la falta de estos.

El violador: Bryce Walker

Todo lo que se hable de Bryce es poco. Podemos empezar por el comienzo de la temporada, cinco meses después de la anterior, donde sigue siendo el capitán del equipo de béisbol y sale con la nueva y preciosa capitana de las animadoras, Chloe (Anne Winters). Para empezar, la posición que tiene Chloe es muy complicada: es la novia de un “presunto” violador. Decide creerle, a pesar de experimentar en sus propias carnes relaciones no consentidas.

Podríamos odiar a Chloe; podríamos decir que es imposible que no se dé cuenta de lo que está pasando si convive con un violador, pero la situación es compleja y solo representa la realidad de muchas mujeres que viven relaciones tóxicas en las que son despersonalizadas y utilizadas al gusto de la pareja. El momento en el que ella reconoce haber sido violada por su novio estando inconsciente parece un paso importante, pero durante el juicio Bryce consigue manipularla a través de una mirada y convencerla de que no tiene que testificar en su contra. Y así lo hace. Y lo más triste es que se ve el miedo en los ojos de ella el resto de la temporada, porque se da cuenta de la persona con la que está saliendo.

Bryce no solo es un violador: es un mentiroso, un manipulador y un interesado. Sus amistades se basan en tiras y afloja donde cubrirse las espaldas es lo más importante. Para algunos funciona, como para Montgomery (Timothy Granaderos), pero para otros no, como Scott (Brandon Butler), que acaba ayudando a Clay y compañía a desenmascarar a Monty.

El problema no solo son sus amistades: es su familia. El señor Walker es el principal financiero del instituto y sus contactos en el pueblo son innumerables. Él y su mujer pasan mucho tiempo fuera de casa y Bryce ha compensado ese sentimiento de soledad convirtiéndose en una estrella del deporte muy popular. Tiene poder y se cree ese poder, haciéndole casi indestructible. Y así se refleja en el juicio en el que es acusado por Jessica, donde su condena por violación (habiendo testigos y pruebas) se limita a tres meses de condicional, mientras Justin tiene que cumplir seis por haber sido cómplice de violación.

Por desgracia, la figura de Bryce existe en todas partes. En Beyond the tapes (ya disponible en Netflix), un especial que habla con los actores, creadores de la serie y expertos en psicología, se explica cómo se documentaron en casos similares a la hora de crear una versión realista del juicio de Bryce. Por desgracia, cuando el acusado el blanco y tiene mucho dinero, las condenas suelen ser ridículas. Así, el racismo institucional es otra temática secundaria que a simple vista puede no apreciarse, pero se desarrolla con fuerza a través del juicio y de Jessica y su padre.

La familia rota: Olivia Baker

El protagonismo de Olivia Baker (Kate Walsh) a lo largo de ambas temporadas ha sido notable, destacando en la segunda. La pérdida de su hija contribuyó a la disolución de su matrimonio, y la lucha contra el Instituto Liberty está contribuyendo a la disolución de su vida. Olivia es una madre que únicamente busca respuestas y justicias ante la tragedia que se llevó a su hija, y está convencida de que uno de los principales responsables fue el instituto y su carencia de medidas para jóvenes en la situación de Hannah.

Culpar a los padres de Hannah como únicos o principales culpables del suicidio de su hija sería un craso error. La infidelidad cometida por su padre, Andy Baker (Brian d’Arcy James), pudo ser un factor que quebrara su confianza en ellos, pero no un factor determinante para que acabara con su vida. Sin embargo, y aun teniendo esto claro, Olivia no deja de plantearse si conocía a su hija después de ir escuchando los testimonios de aquellos que la rodeaban durante el juicio.

La imagen que tiene un padre de un hijo, sobre todo en la época de la adolescencia, dista bastante de la realidad. Sin embargo, no significa que no lo conozcas. Todos los adolescentes de Liberty tienen secretos, ¿por qué iba a ser Hannah una excepción?

Los amigos secretos: Tony Padilla y Ryan Shaver

Tony (Christian Navarro) era uno de los personajes más misteriosos de la primera temporada. No se entendía de dónde venía la relación con Hannah hasta que nos muestran un flashback en el que esta le encubre cuando huye de la policía. Su personaje tiene mucha fuerza y supone una desestigmatización, como él mismo dice, de la comunidad LGTBI+. Durante la temporada vemos cómo gestiona el control de la ira, problema que le tiene con un pie en el correccional.

Además, se conoce la secreta relación entre Tony y Ryan (Tommy Dorfman), descubriendo una nueva faceta de ambos y contribuyendo a comprender el círculo de amistades que giraban en torno a Hannah, más allá de las cintas y su muerte.

Respecto a Ryan, es uno de los personajes que ha dado una nueva visión de la historia de Hannah. Si en la primera temporada pensábamos que su contribución se basaba en haber robado y publicado un poema, aquí vemos la relación real que tuvo con ella más allá de ese desafortunado evento.

Los secundarios: Sheri Holland y Marcus Cole

Sheri (Ajiona Alexus), aunque aparece más bien poco en estos trece episodios, tiene dos momentos estelares que serán importantes: cuando irrumpe en casa de Clay para desintoxicar a Justin y cuando se adentra en El Club con varios deportistas para descubrir dónde está. Como le dice a Justin, quiere enmendar sus errores del pasado y ser una nueva persona, dejando atrás su pasado (entre el que está ser animadora).

Marcus es otro de esos personajes que durante la primera temporada no fueron demasiado esclarecedores, así como no lo fue su conexión con Hannah. Esta pobre pero necesaria relación lleva a Marcus a un papel similar en la segunda parte, adquiriendo algo más de protagonismo debido a una broma pesada relacionada con la pintura y a su declaración en el juicio de Hannah.

La imagen que da Marcus al mundo es la de un joven prometedor a punto de entrar en Harvard con un expediente académico impecable. Sin embargo, la otra cara de la moneda es la de un hipócrita, como dejan bien claro Tyler y Cyrus, que solo quiere conseguir sus objetivos y no tiene un compromiso real con los estudiantes del Instituto Liberty, además de ser uno de los chicos que abusa de Hannah por una apuesta con Bryce.

El consejero: Kevin Porter

Los adultos juegan un papel crucial en el desarrollo de la trama principal, pero, junto a Olivia, Kevin (Derek Luke) es el personaje que mayor evolución sufre y de los únicos que hacen las cosas bien. Aunque tenga buenas intenciones, tomar la justicia por su mano tiene consecuencias que pueden condicionar su vida. En este caso, agredir al novio de la madre de Justin y amenazar a Bryce en los baños son dos de los actos que condicionan su futuro en Liberty High (aunque del segundo no tenga constancia dirección).

Kevin, a pesar de ser testigo en el juicio por el instituto, testifica contra este y pide perdón a la madre de Hannah por no haber hecho algo más por su hija. Tratando de hacer las cosas bien hasta el final, cuando es despedido deja varios expedientes de casos críticos de estudiantes, entre los que se encuentra el de Tyler.

Trece personajes en torno a los que ha girado la historia, paralela al juicio de Hannah, descubriendo lo que había más allá de las cintas. Una temporada que ha sorprendido desarrollando más temas de forma realista e invitando a reflexionar al espectador, demostrando que pequeños actos pueden marcar la diferencia y pueden hacer que el curso de las nuevas generaciones cambie.

Cristina Domínguez

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