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Crítica de Tokyo Ghoulre 10 Eto - el palomitron

Desde que comenzara la adaptación animada de Tokyo Ghoul:re siempre ha habido una constante tanto en mis críticas como en las de mis compañeros. Señalar la innegable falta de empatía y respeto hacia la obra original. La ausencia de alma en la serie. Una decena de episodios han sido más que suficientes para denotar unas carencias demasiado tangibles, demasiado profundas. La omisión de hechos relevantes, una dirección y un montaje desafortunados, problemas de ritmo o la escasa introspección en los personajes. Detalles de gran relevancia a los que hay que sumar una animación que no aguanta, que se siente estática y carente de vida. Por todo esto, cuando un episodio rompe con la tónica y lleva a cabo algunas cosas de manera eficaz, cuesta de creer, de afirmar. Pero sí, puedo decir que Tokyo Ghoul:re 10 remonta en algunos aspectos respecto a sus antecesores.

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Deja que me convierta en tu Dios

Este décimo episodio se aleja de la acción, rehuye de la confrontación en pos de ofrecer un ritmo mucho más sosegado. Quiere ejercer de pieza de transición a algo mucho mayor. En los primeros compases ya nos damos cuenta de ello, cuando un herido Kanae que clama venganza contra Urie se topa con Eto. La cíclope del Árbol Aogiri comienza una conversación más trascendental de lo que puede parecer en primera instancia. Habla de Dios, del conocimiento y de su respectiva visión. Utiliza la manzana que porta en la mano como elemento simbólico. Eto es la serpiente del jardín del Edén, la tentación a obtener una fuerza mayor, a dejarse llevar. Así, Kanae cae en sus provocaciones, en sus palabras envenenadas. Sometimiento. Acepta su oferta de concebirla como a una deidad.

Tokyo Ghoul:re 10 indaga algo más en la psique de alguno de sus personajes como Shirazu. El recién nombrado jefe del Escuadrón Quinx es incapaz de utilizar su quinque, siente repulsión y las visiones de Nutcracker le atormentan. Sin embargo, la motivación para someterse a la cirugía y realizar su trabajo es noble y humana, condicionada por el bienestar de un ser querido. En este episodio sí nos cuentan debidamente qué mueve al joven de dentadura afilada, cómo su hermana pequeña comenzó a desarrollar un tipo de extraña enfermedad y él abogó por esta vía para generar unos ingresos económicos lo suficientemente elevados como para mantenerla con vida. Ese es motivo más que suficiente como para no rendirse, superar cualquier obstáculo y dejar de lamentarse. Su corte de pelo es una declaración, es un detalle nimio desde fuera pero un primer paso para aquel dispuesto a cambiar. La próxima vez no habrá miedos.

El ghoul del parche

La investigación de los Rose sigue su curso, aunque Pierrot ya ha demostrado su escaso interés en las partes de investigación y desarrollo de los casos. La búsqueda de información llevada a cabo por los Quinx portando máscaras y haciéndose pasar por ghouls no ha tenido el éxito esperado pero, una puerta se abre para hospedar los susurros del pasado. El temor de los otros ghouls hacia “el ghoul del parche” vuelve a abrir la herida, una que no había cicatrizado ni mucho menos. Haise vuelve a sentir la imperiosa necesidad de conocer su pasado, de abrazar a su otro Yo. El archivo de la CCG ha restringido por completo cualquier información relativa a él, pero un nombre propio aparece relacionado: Kotaro Amon. Su otro Yo, Ken Kaneki, le susurra «Yo le maté, fue culpa mía».

Crítica de Tokyo Ghoulre 10 Haise Akira - el palomitron

No hay marcha atrás, Haise se ha propuesto indagar sobre su pasado y conocer todo lo que oculta. Su encuentro con Tsukiyama lo deja claro, no puede negar su naturaleza ni su destino. Habla con él no como inspector de la CCG, sino como un hombre desesperado por entender quién es y que sabe que Shuu puede ser la clave para ello. La tensión y la melancolía impregnan la escena, pero todavía no es el momento. Tampoco el lugar. El heredero de la familia Tsukiyama ya no cree que sea buena idea decirle la verdad. La frustración del desconocimiento se apodera del mentor de los Quinx, quien continúa indagando en los archivos de la central sin resultados. Su conversación con Akira, su figura maternal, es demoledora. Sólo quiere saber sus orígenes, quien es en realidad. Entre lágrimas se sincera, pero el cálido abrazo de Akira y sus palabras le tranquilizan «Haise. Tú eres tú, el nombre da igual».

Sacrificios

El nexo de unión entre los Rose y el Árbol Aogiri se extiende hasta la familia Tsukiyama. La CCG ha recabado información relevante que relaciona ambas familias y pone en el punto de mira a Shuu Tsukiyama. La omisión de detalles importantes sobre la investigación y el ritmo atropellado para llegar hasta aquí son la marca de la casa de un Pierrot que vuelve a demostrar sus taras. La CCG ha movido sus peones y los escuadrones de ataque rodean la mansión de la adinerada familia. Mirumo Tsukiyama protege su legado más preciado, su hijo. Consigue darle una vía libre para escapar, la oportunidad de seguir viviendo por él y por todos sus seres queridos. Sacrificios necesarios. Su rendición voluntaria y pacífica crea desconcierto entre los escuadrones, que ya intuyen que el legítimo heredero puede estar custodiado por los contactos de su padre.

Crítica de Tokyo Ghoulre 10 Kanae - el palomitron

Así es como Tsukiyama llega a un recinto empresarial ligado a su familia. Allí, múltiples trabajadores y contactos de su padre se reúnen para ayudarle, brindarle apoyo y saldar sus deudas con Mirumo, compromisos que se pagan con sangre sin protestar. La acción que no ha habido durante este episodio diez brotará en los dos últimos. La llegada hasta aquí era un pasatiempo necesario, ahora todo está listo para explotar. La CCG llega al edificio con el fin de exterminar cualquier síntoma ghoul; el semblante de Tsukiyama es distinto, en su mirada ya no hay rastro de titubeo. Como último aperitivo, y para cerrar el telón, se muestra en pantalla un plano psicodélico donde impera la locura. Kanae derrumbado y postrado en el frío suelo, con partes de su rostro cosidas y sin capaz de articular más que un balbuceo. En contraposición, Eto jugando con su mente a ritmo del “tic-tac” de los relojes que les rodean. Un “tic-tac” que pronto marcará la hora final.

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Edu Allepuz

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2 Comentarios

    • Efectivamente. Llámalo crítica, review o recap. Lo que no podemos hacer es elaborar un ensayo cada semana sobre 20 minutos de metraje. Repasamos a grandes rasgos los sucesos principales y cada redactor ahonda en aquello que le parece más interesante. Así de simple.

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