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Misión Imposible - El PalomitronFalta muy poco para el estreno en cines de la última entrega de una de las sagas de acción más importante de las últimas dos décadas. Hablamos, cómo no, de Misión: Imposible. Y ante tal acontecimiento, en El Palomitrón hemos querido hacer retrospectiva, fijar la mirada en las entregas ya vistas, no solo para saber qué esperar de esta nueva película, sino también, por qué no, para homenajear la saga de Ethan Hunt. Para hacerlo, analizaremos esos puntos característicos que hacen de sus películas algo particular y único.

LA TRAMA

Misíon Imposible - El Palomitron

Desde la primera hasta la quinta, todas las entregas hasta ahora se han caracterizado por tratar de mostrarnos (con mejor o peor resultado) una historia innovadora y atractiva. La primera fue una reformulación de las series originales para televisión dirigida por un Brian de Palma que conseguía dotar al producto de vida propia, surgiendo así una película de espionaje de lo mejorcito de los 90, complicada, efectista, pero a la vez muy sencilla de seguir.

Por otro lado, están las entregas que han cosechado peores resultados: primeramente la II, que es puro efecto de videoclip, con escenas a cámara lenta, repeticiones desde varios ángulos y miraditas constantes pero con nulo sentido, lo que llamaríamos un “engendro de los 90”. Y la III, dirigida por J. J. Abrams, que intenta reflotar lo que la II había hundido y, aunque logra un resultado final bastante digno, no consiguió sacarla a flote por completo. Tendríamos que esperar hasta 2011 para ese reflotamiento. Es entonces cuando la cuarta película, Protocolo fantasma, vuelve a mostrar esa mezcla de sencillez a la hora de mostrar una trama intrincada y llena de matices. Tras ella llegó la última, Nación secreta, que sigue la estela de Protocolo fantasma buscando ser tan frenética como sencilla y, al mismo tiempo, mostrar una trama atractiva, digna de Ethan Hunt, y aunque no deja tan buen sabor, sigue siendo una historia bastante digna.

El factor “trama” se ve influenciado por diversos elementos: hay que tener en cuenta, sobre todo, quién dirige cada entrega (un factor que analizaremos a continuación) y en qué momento y circunstancias se estrenó cada una, algo que determina el guion de cada película de forma fácilmente apreciable:

  • En la primera entrega teníamos un remake mitad homenaje mitad modernización de unas series de los 60 y los 80 que planteaba con elegancia y sencillez una trama de traición.
  • La segunda parte resultó ser la comercialización banal de la película anterior, con mucha explosión y poca chicha.
  • La tercera entrega trató de volver a presentar un guion complejo con giros y más giros, funcionando mejor que la II pero sin la majestuosidad formal de la I.
  • Con M: I IV se trató de dotar a las pelis de Ethan Hunt de un tono de saga moderna. Algo que ese mismo año (2011) hizo con igual éxito Fast & Furious.
  • La quinta y (hasta ahora) última entrega lo único que hace es seguir con esa idea de saga moderna con mucha acción, añadiendo, eso sí, más giros de guion al estilo de la III.

LOS DIRECTORES

Brian de Palma Misión Imposible - El Palomitrón

De las seis entregas, si contamos la inminente Fallout, solo esta repite director, de modo que en las cinco primeras películas hemos contado cada vez con diferentes personas al mando, cada una de las cuales ha dejado su huella personal.

El primero de todos, el hombre que lo empezó todo, fue Brian de Palma, acostumbrado ya a adaptaciones de libros (Carrie, La furia o Atrapado por su pasado, por ejemplo) o a remakes de películas, como El precio del poder. En aquella ocasión decidió adaptar una serie de los 60 a la gran pantalla, renovándola, conservando algunos pequeños detalles como los cachivaches y los planes complicadísimos para conseguir el objetivo, pero dotando a la historia de un tono nuevo. De hecho, en la serie el líder del equipo era el propio Jim Phelps (Jon Voight), quien, como ya sabemos, resulta ser el malo en la película. Y mientras en la serie se pone énfasis en cada personaje del grupo de espías, en el largometraje destaca por encima de cualquiera la figura de Ethan Hunt. Es su película, el “prota” absoluto.

Imaginaos el cambio radical que supone pasar de tener como director a Brian de Palma a tener a John Woo, un hombre que cuando tomó las riendas de la saga en el año 2000 había dirigido tres películas en EE. UU.: Blanco humano, Broken Arrow: Alerta nuclear y Cara a cara. Con decir que la mejor de esas tres es Cara a cara ya se dice todo. La segunda parte no soportó en ningún momento la comparación con la primera, y a pesar de conseguir funcionar bien en taquilla, también significó un duro golpe para la saga. Básicamente era un videoclip de hora y media con escaso interés en ser algo más.

Así, tras aquel tropiezo, se decidió acudir a un director debutante, pero que ya había creado tres grandes series para televisión: Felicity, Alias y Perdidos. Hablamos, por supuesto, de J. J. Abrams. Junto con sus colaboradores habituales, Alex Kurtzman y Roberto Orci, diseñó también el guion y contó la historia que quiso y como quiso. El resultado fue más que digno, con una historia llena de vueltas y adrenalina, e incluso un villano bastante duro a pesar de las apariencias (lo veremos a continuación). Aun así, la tercera entrega parecía significar el fin de la saga imposible. Y hubiese sido un buen final, pero…

A Ethan Hunt nunca le puedes dar por muerto. Y tras cinco años, regresó de la mano de Brad Bird, un director que ya había hecho cosas increíbles en pantalla. Tal para cual con el agente Hunt. Con unos secundarios de lujo y una historia llena de matices y adrenalina, la saga regresó con una energía inédita en las entregas anteriores. Estaba claro que era una reformulación de todo lo anterior, un nuevo comienzo.

Tras la cuarta entrega tomó la batuta de director un viejo conocido de Tom Cruise, un hombre de su confianza: Christopher McQuarrie, con quien ya había trabajado en Jack Reacher y Al filo del mañana. Tom debía de saber que pocos mejores que él para seguir con esa idea de combinar un argumento rico con grandes escenas de acción. Y así fue, pues Nación secreta siguió presentando (quizás en menor medida o de manera algo gastada ya) esos elementos que dotan de frescura una película de acción moderna. Si había menos frescura, se trató de compensar con más giros en la trama, algo que puede funcionar más o menos, pero que en general dio resultado. El trabajo de McQuarrie debió de resultar satisfactorio, pues ha sido él quien, de nuevo, se ha encargado de dirigir la inminente Fallout, la cual además parece incluso más prometedora que su predecesora.

Haciendo una retrospectiva general, ninguna de las sucesoras ha podido alcanzar la innovación que significó en su momento la película original. Si bien es cierto que las últimas tres entregas presentan un tono común y que es reseñable el trabajo de Brad Bird para dotar de un nuevo aire a la saga, ninguno de los directores ha conseguido elevar sus películas tanto, ni con tanta maestría, como lo hizo Brian de Palma, lo cual no quita que la mayoría de la saga pueda disfrutarse tremendamente en la butaca del cine, faltaría más.

EL MALO

Reconozcámoslo: los malos de Ethan Hunt no tienen ni un atisbo del carisma de, por ejemplo, un villano Bond, por diversas razones, pero principalmente porque en Misión: Imposible lo que importa no es tanto quién hace las cosas malas, sino cómo Ethan Hunt y su equipo, teniéndolo todo absolutamente en contra, consiguen salvar el mundo. No es tanto el “quién” sino el “cómo”, algo que en las últimas entregas se ve clarísimamente, pues los malos apenas son jugadores en la sombra, fantasmas sobre los que no se pone ningún énfasis.

Además hay que mencionar que la vez que se intentó poner un villano a la altura de Ethan, en Misión: Imposible II, la cosa quedó, cuanto menos, cutre (nada funcionaba en aquella película, señor, ¡nada!).

A pesar de todo eso, sí hay que reconocer a la saga que, igual que hace con la trama, en cada película ha ido presentándonos a un tipo distinto de villano, yendo desde el agente traidor que se cambia de bando de Jon Voight hasta el titiritero líder de un sindicato del crimen que se ampara en las sombras de Sean Harris. Entre medias, otros personajes, como la asesina que cobraba en diamantes de Léa Seydoux, que funcionó muy bien como personaje secundario en Protocolo fantasma y, cómo no, el contrabandista Philip Seymour Hoffman, que casi se vuelve loco buscando una “pata de conejo” y que resultó seguramente el villano más sólido y con más carisma de toda la saga, consiguiendo incluso darle una buena paliza a Tom Cruise, ojo. Y un aplauso a J. J. Abrams y su equipo de guionistas por hacer creíble esa pelea Philip Seymour Hoffman frente a Tom Cruise.

LA CHICA

Chicas Mision: Imposible - El Palomitron

Son pelis de espías, y ninguna peli de espías que se precie suele prescindir de una presencia femenina, sea para bien o para mal.

Para mal: la manera en que se trata y se habla de Nyah, el personaje interpretado por Thandie Newton en la segunda entrega, es tan ofensiva que no solo resulta un desaprovechamiento de un personaje en teoría interesante, sino que llega a ser casi insultante la forma en que se la trata.

Para bien: con la nueva década se supo aprovechar mejor a los personajes femeninos. En Protocolo fantasma tenemos a una buena, Jane (Paula Patton), y a una mala, Sabine (Léa Seydoux), que funcionan muy bien. Y en la última película irrumpe con fuerza Rebecca Ferguson como Ilsa, una agente doble al más puro estilo chica Bond, pero con mucha mucha más fuerza que ninguna de ellas. Ilsa, además, volverá en esta nueva entrega, así que puntito a favor.

Sin duda, tanto la presencia como el tratamiento de los personajes femeninos a lo largo de la saga se ha visto influido por el cambio de siglo y la revalorización de ellas tanto dentro del cine en general como del cine de acción en particular. Si en los 90 aún tenemos a unas mujeres que son poco más que marionetas de una u otra mano, ya en Misión: Imposible III podíamos ver una mayor presencia y carácter tanto en el personaje de Zhen (Maggie Q) como en el de Julia (Michelle Monaghan). El culmen de esto llegaría en la última década: tanto en Protocolo fantasma como en Nación secreta vemos ya a tres personajes femeninos (los de Paula Patton y Léa Seydoux en una y el de Rebecca Ferguson en la otra) muy diversos y con una presencia tan importante como interesante.

LA MISIÓN

Misión Imposible: Protocolo Fantasma - El Palomitrón

La parte esencial, el rollo de estas películas, su atractivo final es ver como Ethan Hunt consigue lo que parece imposible, de eso va la cosa, si es que lo dice hasta el mismo título. Siempre hay un edificio que asaltar, una instalación superprotegida en la que entrar o un edificio kilométrico que hay que escalar mientras se acerca una tormenta de arena. Da igual el obstáculo, porque al final sabemos que el agente Hunt todo lo puede: puede entrar en la sede de la CIA y robar un disco de información sin que le caiga una gota de sudor igual que puede bucear cinco minutos en una turbina gigante para… bueno, para sacar otro disco de información.

Y aunque Ethan puede hacer todo eso y mucho más, siempre le suele venir bien una ayuda. Desde Luther Stickell (Ving Rhames), fiel escudero a partir ya de la primera entrega, hasta la Ilsa Faust de Rebecca Ferguson, pasando por Benji Dunn (Simon Pegg), un personaje que pasa de simple informático-alivio cómico a indispensable colega de Ethan. El caso es que el agente Hunt siempre suele tener un séquito de agentes que lo acompañan, así como algún que otro aliado en cada nueva misión.

Además, no podemos olvidarnos de los cachivaches punteros, otra seña de identidad de la saga. El más mítico de todos es, por supuesto, esas máscaras superrealistas que aparecen en cada entrega y hacen que cualquiera pueda ser cualquier otra persona. Incluso el malo la usa para suplantar al propio Ethan en la II, rizando el rizo. A estas alturas, una película de Misión: Imposible no contaría como tal si en ningún momento viésemos esas máscaras, por mucho que, para enfado de Benji, Brad Bird en la cuarta entrega nos privase de tal gusto, consiguiendo así parodiar la propia saga de manera audaz y original, todo hay que decirlo. No nos olvidemos tampoco de las mil formas en que al agente Hunt se le explica la misión: desde una cabina de teléfono hasta unas gafas de sol, pasando por una cámara de fotos desechable. Todo, por supuesto, autodestruible en cinco segundos.

En definitiva, aunque cada película de la saga cuente con su propia identidad, con el sello propio de cada director y las diferencias que provoca, a fin de cuentas, el paso del tiempo (entre la primera entrega y esta sexta han pasado veintidós años) existe, sobre todo entre estas últimas, una marca común que las unifica y otorga a la saga una identidad propia.

Fredo Piedra

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