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Coche - Noche de venganza - El PalomitrónAlgunos guiones necesitan reposar, como el arroz casero, para acabar de hacerse y obtener su mejor sabor. En cambio, hay historias que deberían quedarse en el tintero y no manchar jamás la hoja. Probablemente, Noche de venganza debería haber sido una de ellas. Ni todo el glutamato monosódico del mundo podría hacer que nos tragáramos semejante pastel, más cuando hablamos del remake de una película que ya en su momento tuvo poco sentido, como fue Nuit blanche (2011).

La premisa de Noche de venganza calca punto por punto la premisa del filme original francés: Vincent Downs (Jamie Foxx, Django desencadenado), un policía corrupto, se aprovecha de un chivatazo para robar junto a su compañero gran cantidad de cocaína. Lamentablemente, Downs le roba a la persona equivocada, por lo que secuestran a su hijo para extorsionarle. En sus manos estará el poder salvarle. El comienzo, que empieza flojeando, no remonta en ningún momento, quedando como una versión muy descafeinada de películas policíacas como Infiltrados, de Martin Scorsese, salvando, y mucho, las distancias. Aquí nos encontramos ante el típico juego por saber quién es quién, si bien las sorpresas argumentales restan escondidas tras decisiones del todo arbitrarias.

Jamie Foxx - Noche de venganza - El Palomitrón

Como comentábamos, uno de los problemas principales de la película es su guion, lo cual nos hace plantearnos por qué se decidió adaptar la película original si no era en pos de una innovación, una nueva mirada. El guion interconecta momentos argumentales mediante situaciones de azar o inverosimilitud, lo cual nos distancia cada vez más de sus personajes y de la película en sí. También carecen de sensibilidad artística la fotografía y el montaje, con planos cortos (y rotos) que interconectan escenas de dudosa calidad estética. A su vez, los tumbos que vive el argumento también los siente la retina, pues la historia viaja de un momento a otro sin poder responder a muchas preguntas. Las situaciones de acción hacen muy evidentes el esqueleto de guion que se situó detrás, y parecerá que en ocasiones los Post-it® de preproducción siguen adheridos a la pantalla, pudiendo leerse claramente “Down lucha con este personaje”, “ahora corre y cuando va a conseguir llegar a su objetivo, se encuentra con un nuevo enemigo”, “el enemigo de antes vuelve a la carga”, “cuando parezca que van a vencerle, aparece este personaje”, etc. Es decir, conseguir alcanzar el pacto de ficcionalidad se asemeja aquí a pactar con el diablo, no por peligroso, sino por extenuante.

Falta hablar del reparto, pues aquí podría haberse arreglado (o al menos apañado) el resultado final. Baran bo Odar (Who Am I: Ningún sistema es seguro) dirige a un elenco de actores nada despreciable. A Jamie Foxx se le suman otros como Michelle Monaghan (True Detective), Dermot Mulroney (La boda de mi mejor amigo) o David Harbour (Stranger Things), pero, ciertamente, podrían ser ellos u otros cualesquiera, porque ni sus personajes ni sus actuaciones tienen opción de destacar. El caso de Foxx es el más claro, pues se dedica a copar la pantalla prácticamente durante la totalidad de la película, pero su personaje, impasible, es del todo plano, incapaz de poner otra cara que la de tipo duro que se sacrifica para seguir siendo un héroe.

Tampoco la machacona banda sonora o la incansable (pero repetitiva) acción ayudan a que el ritmo de la película sea, eso, ritmo. Es en realidad un incesante retumbar de imágenes y lugares comunes que no solo no aportan nada al género, sino que lo embrutecen. Una película que no está dirigida, tampoco, para los amantes (ni simpatizantes) de la acción. Volviendo la vista atrás nos queda una película que quizá alguien disfrute una tarde en televisión, y puede que los anuncios consigan marcar aquellas pausas argumentales que no tiene la película por sí sola. Quizá, y solo quizá, el filme pueda despertar así intriga en el espectador. Desde luego, no lo hará en cines.

LO MEJOR:

  • Que pueda entretener si algún día la pasan por televisión.
  • Una película menos con la que dudar cuando elijamos qué ver de la cartelera.

LO PEOR:

  • La falta de originalidad.
  • El mareo, físico y mental.
  • Los aspectos técnicos.
  • El guion. Si falla la estructura, se derrumba la casa.

 

Eloy Rojano

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