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CINE

CRÓNICA DE UN AMERICANO EN PARÍS CON ORQUESTA EN MADRID

Un pase del musical Un americano en París con orquesta en pleno barrio de Salamanca de Madrid no es algo a lo que podamos asistir todos los días. Con el aforo prácticamente completo (y son más de 1.000 plazas), el Teatro Nuevo Alcalá y su personal estuvieron a la altura de la situación. En menos de 10 minutos desde la apertura de puertas, ya estábamos sentados en la zona de platea ojeando el programa de la función.

Durante el ritual de afinación por parte del primer violín, pudimos analizar la adaptación del escenario para acomodar a la orquesta y pantalla. Si lo comparamos con la última función de la OCM en Madrid (Vértigo con orquesta en el Cine Capitol en 2018), nuestra conclusión es que todo ha mejorado sustancialmente. La decisión de colocar la pantalla un poco más alta de lo habitual resultó muy efectiva para evitar sombras de los músicos o perder contraste con su luz de lectura. Con respecto al sonido, podemos confirmar que la acústica del teatro es ideal para la música orquestal, superando con mucho a cualquier sala de cine.

UN RETO MUSICAL SUPERADO

La película Un americano en París fue proyectada en versión original con subtítulos en castellano, según lo programado. Aunque la restauración de la cinta era evidente (se estrenó en 1951), lo cierto es que no estamos muy acostumbrados a una calidad de imagen tan modesta en una sala de cine (o teatro). Reconocemos que no estábamos muy cómodos con esto al principio, pero poco a poco, el glorioso Technicolor y el sonido en directo nos hicieron olvidar la alta definición.

Siguiendo la senda positiva, tenemos que destacar la interpretación de la orquesta OCM de Tarragona, que fue perfectamente capaz de reproducir la estupenda banda sonora (y efectos de sonido) del compositor George Gershwin. Bajo la experta batuta del director Anthony Gabriele, disfrutamos de una primera parte discreta, más centrada en temas cortos y vocales que no supusieron reto alguno para los músicos. La diferencia la marcaron los últimos minutos de la película, un verdadero espectáculo audiovisual (ya homenajeado por La ciudad de las estrellas – La la land). La OCM tuvo que subir el nivel para darle a Gene Kelly 18 minutos ininterrumpidos de pura adrenalina musical en la que el actor aplicó su genio de coreógrafo y bailarín.

UN FORMATO MEJORADO

Entre aplausos, un agotado pero radiante director y su equipo se despedían de Madrid con Un americano en París para continuar su gira. A ninguno de los que allí estábamos nos quedó ninguna duda de que la orquesta se esforzó por hacernos pasar una velada inolvidable. Ahora sí creemos que este es un espectáculo de primer nivel, muy mejorado con respecto a versiones anteriores y con una magia especial que nos ha dejado con ganas de más. Esperamos la visita de la OCM en la próxima temporada.

Pedro Figueiras

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