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Bertrand Tavernier - El Palomitrón

A los 76 años y con más de 40 de carrera a sus espaldas, al director Bertrand Tavernier le ha debido parecer que es un momento excelente para deleitarnos con un exhaustivo repaso por la trayectoria de los cineastas franceses que cambiaron su modo de percibir el arte y que tuvieron un fuerte impacto en su filmografía. Las películas de mi vida es una suerte de clase magistral en la que el director lionés narra la evolución artística del cine galo a través de un mosaico formado por las obras de sus maestros, entre los que se incluyen Jean-Luc Godard, François Truffaut o Jean Renoir.

Siempre interesante y didáctica, la película, no obstante, sufre principalmente por tres motivos: El primero es que nunca llega a decidirse entre el diario íntimo y la enseñanza impersonal. Partiendo de la base de que Tavernier habla desde su propia experiencia, es indudable que el conjunto está filtrado por su punto de vista único e inequívoco, y sin embargo, exceptuando algunas anécdotas, el contenido no difiere demasiado del que podríamos encontrar en un libro especializado. El segundo problema reside en la estructura, que parece carente de narrativa o hilo conductor más allá del gusto cinematográfico del director. En los tiempos en los que los documentales ganan peso y son cada vez más reconocidos ya no basta con elegir un tema interesante; también hay que saber contarlo con diligencia, idear una estructura que posea en sí misma los elementos que habitualmente acompañan a la ficción, con sus conflictos, sus nudos y su desenlace. Y el tercer problema, el más evidente pero no por ello menos grave: hay que ser un gran aficionado de Tavernier en particular y el cine francés en general para soportar estas tres horas de análisis fílmico.

Las películas de mi vida - Tavernier en El Palomitrón

Aquel que tenga la valentía de acercarse a Las películas de mi vida comprobará que el viaje fílmico que se le ofrece se parece mucho a una clase universitaria en la que el profesor demuestra unos conocimientos culturales extensos pero es incapaz de contagiar al alumnado su entusiasmo por la materia. Claro que Tavernier habla con pasión de quienes considera sus particulares dioses del celuloide, pero no llega a explicar el origen de tal pasión. El espectador sospecha que tras sus palabras se esconde una genuina emoción, pero lo que el propio director verbaliza y deja plasmado en el documental es más un estudio analítico que una confesión sincera.

Dicho esto, el lector podría llevarse la errónea impresión de que Tavernier, en el último suspiro de su carrera, se ha dedicado a colocarse la boina en la cabeza, el mondadientes en la boca y activar el modo abuelo Cebolleta, soltando el rollo a cualquiera que quiera escucharle sin importarle las consecuencias. No solo sería erróneo, sino también injusto para un director cuya filmografía nunca ha dejado de cosechar reconocimiento internacional. Sin ir más lejos, su anterior película, Crónicas diplomáticas, se llevó el premio al Mejor guion y el FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián allá por 2013.

Tavernier en El Palomitrón

Hay mucho que agradecer a Bertrand Tavernier, y aunque Las películas de mi vida es una obra prácticamente innecesaria, un capricho del autor en homenaje a sus héroes del séptimo arte, no podemos negar la voluntad de compartir su conocimiento con el espectador y, con suerte, embaucar a más de uno para sumergirlo en la maravillosa historia del cine en Francia.

LO MEJOR:

  • El aficionado al cine francés (o el que tenga cierto interés en la materia) se encontrará con una lección exhaustiva de la mano de un profesor de lujo.
  • El placer de volver a ver en pantalla grande siquiera unos fragmentos de algunas de las películas de Godard o Truffaut que cambiaron el cine para siempre.

LO PEOR:

  • Tavernier parece demasiado centrado en el aspecto analítico, lo que provoca cierta frialdad en su exposición.
  • Pocas películas deberían durar tres horas, y esta no es una de ellas.

Alex Merino

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