68 SSIFF: LA ÚLTIMA PRIMAVERA
LOS ANTECEDENTES
En el año 2015 se presentaba en el Festival de San Sebastián el cortometraje Volando voy, que serviría de germen para La última primavera, el largo que hemos podido ver cinco años después. Ambos están dirigidos por Isabel Lamberti, una directora alemana de madre holandesa y padre español que ha convertido a la Cañada Real en un impecable telón de fondo para contar historias.
Si Volando voy ya logró hacerse con un premio al Mejor cortometraje en su edición, en esta ocasión la película de Lamberti ha resultado ganadora en la categoría de Nuevos directores. Y no es de extrañar en absoluto: Acercarse a una historia como la que cuenta La última primavera con sensibilidad y respeto entraña dificultad, pero la directora lo consigue.
LA PELÍCULA
Igual que ocurría con el cortometraje, La última primavera vuelve a adentrarnos en la vida de la familia Gabarre – Mendoza en una suerte de mezcla entre documental y ficción: en este caso el motivo que nos reúne con ellos es el cumpleaños del nieto y la posterior visita de la policía para comunicarles que pronto van a echar abajo su vivienda y van a tener que ser realojados. Los personajes son reales y las historias están también basadas en hechos reales, pero se han recreado tomándose libertades propias de la ficción.
Sin embargo, aunque las escenas se saben ensayadas (como es lógico), los diálogos resultan naturales y realistas, así como todas las situaciones que acontecen, por lo que podemos intuir fácilmente que todo lo que dicen los actores y las actrices es fruto de su experiencia, de su vida. Una vida, y una forma de vivirla que puede que no todo el mundo comprenda al instante, pero que para ellos da un vuelco total al saber que a partir del momento que reciben la visita de la policía va a cambiar. Que ya no van a poder vivir en esas casas que ellos mismos habían construido (sin licencias, como ocurre en prácticamente todo el barrio de la Cañada) y que quizá no solo cambie su lugar para vivir, sino también su modo de vivir.

ELLOS Y ELLAS
Al tratarse de una película cuyas interpretaciones rozan lo claramente espontáneo podría decirse que todo el reparto brilla por igual: a fin de cuentas, nadie mejor que ellos mismos para contar su historia y para transmitirnos lo que están sintiendo. Sin embargo, son David Gabarre (padre) y María Duro, la nuera, quienes logran llegarnos más adentro con sus interpretaciones, quizá también por ser papeles tan diferentes: David, el padre de familia que lucha por mantener la vida tal y como la conocía hasta ahora; y María, madre joven cuya familia no entiende por qué prefiere vivir en una chabola con su marido y la familia de su marido pudiendo intentar labrarse una vida mejor. David y María, presente y futuro de la familia Gabarre Mendoza.
LA SORPRESA
Aunque ya sabíamos del talento de Lamberti tras su cortometraje no deja de resultar una (grata) sorpresa que alguien a quien aparentemente este tema puede quedársele lejos sepa retratar de una forma tan fiel y tremendamente humana lo que ocurre en un lugar tan particular como es la Cañada Real.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO
La última fiesta de la familia al conjunto, con las luces y la música de fondo, las miradas cómplices de toda la familia… Pero sobre todas las cosas, la ternura y el amor que se perciben entre David y Agustina.
TE GUSTARÁ SI…
Si te gustan las películas realistas, a caballo entre la ficción y lo documental, que cuentan historias muy nuestras y nos llevan a lugares comunes como la también premiada Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta.
LO MEJOR
- La dirección de Isabel Lamberti resulta natural, humana y sin artificios. Junto a su ágil montaje, nos sumerge de lleno en la historia.
- La historia nos ayuda a entender un modo de vida que no es el nuestro y a derribar ciertos prejuicios que pueden surgirnos.
LO PEOR
- Llegar con ciertos prejuicios a la hora de enfrentarse a una historia que nos resulta ajena y no estar dispuesto a tratar de comprender e ir más allá.
- Quizá su distribución no resulte sencilla y muchos y muchas os perderéis acercaros a su historia.
Silvia Martínez