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RICKY GERVAIS-EL PALOMITRÓN

El pasado 25 de junio Ricky Gervais cumplió 57 años, 40 de vida corriente y 17 de fama (a su pesar, ya hablaremos de ello). En las tres últimas décadas ha sido cantante de pop sin demasiado éxito, monologuista, presentador de un programa de entrevistas, creador de series de televisión, guionista, actor, productor, escritor de libros humorísticos, director de cine, podcaster, presentador de galas de premios, etc. Obviamente no ha sobresalido en cada uno de estos variados campos, pero sí que ha ido dejando rastros de su personalidad en todos, de manera que es imposible analizar su obra sin tenerlos todos en cuenta. Esta es la ardua tarea que nos proponemos con este especial doble con el objetivo final de intentar poder responder a preguntas como: ¿Cuál es la importancia de su obra? ¿Llegó nunca a hacer algo mejor que The Office? ¿El cobijo que recibió en Hollywood fue merecido? ¿Ha hecho algo interesante sin Stephen Merchant? ¿Aún es una figura relevante en 2018? Empecemos.

David Brent y su herencia

David Brent es uno de los personajes televisivos claves del siglo XXI. A veces parece que para crear un protagonista memorable este debe ser muy extravagante y caricaturesco, pero a alguien como Brent te lo podrías encontrar en una posición con un poco de poder dentro de cualquier empresa. Evidentemente, algunas de sus acciones son exageradas para hacerlo más entretenido de ver, pero, en nuestra opinión, Gervais nunca cruza la línea de la verosimilitud. Aparte de esto, el éxito como concepción de personaje recae en dos aspectos: su precisa caracterización y su bello arco de “redención” (arruinado un poquito con la mercantilización que sufrió posteriormente). Brent es una persona mediocre, ya que cree que debe aparentar algo que no es. Quiere ser una persona ocurrente, graciosa, casual, sabia… pero tan solo hace bromas cansinas, dice ranciedades y sentencia cosas obvias. Su obsesión por ser el centro de la atención (y por evitar que otros lo sean) es enfermiza y daña sus relaciones con la gente de su alrededor. Toda esta farsa se derrumba hacia el final de la serie en el momento en el que es despedido y, especialmente, cuando hace callar a su detestable “amigo” durante el especial de Navidad que cerró la serie.

Al retratar a unos personajes tan universales y a un estado de ánimo que cualquiera puede identificar (la apatía), no tardaron en aparecer versiones de la serie hechas en otros países como Alemania, Francia, Suecia, Finlandia y, evidentemente, la más exitosa de todas, la norteamericana. Mucho se ha debatido sobre si es mejor o peor que la original. En nuestra opinión, no son comparables, puesto que el mensaje y los objetivos detrás de ellas son distintos. Una representa el pesimismo desesperanzador habitual de las producciones artísticas británicas y la otra el optimismo buenista asociado a los valores norteamericanos. Michael Scott es una versión más agradable de Brent a partir de la segunda temporada. Es más iluso y menos hiriente. Brent parecía real; Scott, no. Más allá de los remakes también hay herencia de Brent en la Leslie Knope de la primera temporada de Parks and Recreation, Mary en Fried y Proctor de la muy estimable Borderline, que es The Office en un aeropuerto.

Todos estos homenajes y réplicas son en mayor o menor medida meritorios, pero ninguno llega a tener la presencia que le da Gervais. Sus gestos son inconfundibles e inimitables, como los de Mr. Bean o Basil Fawlty. Pero a diferencia de los dos anteriores, Brent sabe que hay cámaras, y todo lo que hace es generar espectáculo. Es un mal actor que cree poseer distintas facetas (rebelde, gracioso, amigable), pero su actitud siempre es superficial y sus gestos vacíos. Quiere ser adorado, pero su insistencia para serlo lo convierte en ridículo a los ojos de las demás personas y de la audiencia. Brent es el producto de una sociedad obsesionada con el culto a la personalidad (del cual, pensándolo bien, este artículo es cómplice). Su relevancia es aún mayor hoy en día con la existencia de las redes sociales y con gente como Trump (al que Gervais comparó con Brent) gobernando el mundo.

Antifama

Como hemos comentado, el tema de la adicción a la fama emergió por primera vez en The Office, pero con su ascenso en popularidad la idea persistió y hasta incrementó en importancia dentro del cerebro de Ricky Gervais. Su objetivo no es cualquier persona famosa, sino un tipo de individuo muy concreto. Se trata de una persona que ha alcanzado un nivel de fama menor, no es una estrella, y sobrevive en la mediocridad de la periferia de la industria del entretenimiento rebajándose y vendiéndose para mantener un estatus social que nunca tuvo ni tendrá, porque no existe. Ellos no lo saben (o lo disimulan), pero el resto del mundo sí, y de ahí surge el conflicto dramático. En el capítulo final de The Office, Brent se pasea con aires de grandeza por bares y eventos cutres donde la gente no lo conoce o se ríe de él. Andy Millman, protagonista de Extras, víctima durante la primera temporada de los abusos que inflige la industria del entretenimiento a la gente debajo de todo, se convierte en un déspota y produce material que considera mediocre para conservar su reciente conseguida posición de privilegio. Termina la trilogía Warwick Davis (el personaje de Life’s Too Short, no el actor en la vida real [esperemos]), que viendo que la industria lo explotó cuando le interesó y después lo abandonó con despecho, ahora inflige este desprecio a las demás personas que se encuentran en su posición para sentirse relevante y poderoso. Aunque no es de Gervais, también añadiríamos a esta lista de crónicas del lado perverso del show business la infravaloradísima The Comeback, contemporánea y similar temáticamente a Extras, que protagoniza Lisa Kudrow.

Ricky Gervais disfruta desmontando esta idea de la gente famosa como seres superiores, moralmente elevados y almas caritativas. Lo ha hecho en series de televisión y también lo hizo en ese epicentro de la cultura del famoseo que son los Globos de Oro. Gervais no se limitó a presentar unos insignificantes premios, sino que creó un personaje que después paseó por distintas galas de premios (como los Emmy) que se le ha quedado un poco pegado (razón por la que a mucha gente le genera rechazo) y que no deja de ser una reencarnación de David Brent: el infiltrado de “el pueblo” que dice verdades como puños y señala la hipocresía y la superficialidad de la gente que tiene delante. Irónicamente, esta postura “antifama” aún le hizo más alabado como el personaje de Waldo en Black Mirror, que empieza satirizando la política institucional pero acaba formando parte del juego.

Esta actitud irreverente hacia la gente con poder y dinero (prácticamente inexistente en los círculos mainstream del humor estadounidense) proviene de la conciencia de clase que desarrolló al crecer en un pueblo obrero británico. No es exclusiva de sus apariciones en ceremonias; también la podemos encontrar en la película Cruce de destinos y en la excelente serie Derek. En la primera, inspirada por una canción de Bruce Springsteen, un joven obrero quiere integrarse en la burguesía de su pueblo hasta darse cuenta de la prepotencia que se gastan. En la segunda, la gente que trabaja y vive en una sencilla residencia geriátrica sufre las actitudes arrogantes y perdonavidas de personal del ayuntamiento y familiares con intereses lucrativos.

Hablando de Derek y la fama de Ricky Gervais, la serie supuso un soplo de aire fresco dentro de su carrera y demostró que el artista de Reading (sin el también brillante Stephen Merchant) aún podía crear una obra emotiva y de gran calidad. Hay guionistas que, una vez han ascendido de clase social, pierden sus raíces, mas él pudo crear otra vez algo honesto, muy lejos de la figura pública que parecía que lo había canibalizado. Parece ser que tiene más control sobre su voz verdadera de lo que pensábamos.

Gracias a The Office, Extras, los Globos de Oro y Me ha caído el muerto (su único protagonista que no ha escrito él), le empezaron a llegar multitud de ofertas para ser secundario en películas con vocación popular, pero rechazó la mayoría (por vagancia, confiesa él). Podríamos haberlo visto en: Piratas del Caribe, Misión Imposible 3, El código Da Vinci, Ocean’s 13… Tampoco es que deteste todo lo comercial, pero ha confesado que el dinero nunca será su único aliciente para actuar en una película.

RICKY GERVAIS-EL PALOMITRÓN

Su faceta actoral

Como decíamos, Gervais ha cumplido su cuota de proyectos de grandes presupuestos con apariciones acertadas en la saga Noche en el museo (probablemente como retorno de favores a Ben Stiller por aparecen en el primer capítulo de Extras de forma memorable), Stardust (con su ídolo Robert de Niro, quien también tuvo cameo en Extras), El tour de los Muppets y Spy Kids 4. Pese a la popularidad de su marca, nunca consiguió consolidarse como un intérprete destacado en el mundo del cine. Alguna gente podría comentar con malicia que esto se debe a su escaso talento delante de las cámaras, pero esto es absurdo. Es verdad que su rango es limitado, pero nadie que es capaz de ejecutar de forma tan descarnada y honesta tres escenas como las siguientes puede ser considerado un mal actor.

No es un mal actor, pero solo sus guiones consiguen sacar a la luz su verdadero talento interpretativo como protagonista. Probablemente sea porque él conoce sus puntos fuertes y sabe construir una historia alrededor de ellos. Antes de acabar, no olvidemos mencionar algunas de sus mejores apariciones televisivas donde él solo es actor: Spaced, Alias, Barrio Sésamo, Louie, Larry David, Galavant y Bojack Horseman.

Hasta aquí la primera parte de este especial centrado en Ricky Gervais. La próxima vez desgranaremos sus virtudes y defectos como guionista y director, describiremos los hitos de su carrera musical y radiofónica, alabaremos a Karl Pilkington y Warwick Davis, le cuestionaremos su capacitismo, debatiremos sobre los límites del humor y la ofensa y acabaremos con su adorable amor por los animales.

Pau Jané

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