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LA CASA DE PAPEL 4: UN GIRO AL INFIERNO

Este viernes 3 de abril vuelve a nuestras pantallas la banda criminal made in Spain más famosa. Con el icónico mono de trabajo rojo, una careta de Dalí, y al son del Bella Ciao, La Casa de Papel se convirtió en la serie de habla no inglesa más vista de Netflix, y un auténtico fenómeno a nivel internacional. Tras saquear la Casa de La Moneda y costearse unas merecidas vacaciones, en la temporada volvieron a meterse en la boca del lobo (o lo que es lo mismo, el Banco de España). Si el final de la tercera temporada nos mostraba una banda más fragilizada que nunca, esta nueva temporada nos promete hacernos sufrir mucho más. 

De serie de acción a thriller

La Casa de Papel empezó siendo una serie entretenida y ligera, con un toque bastante ficticio y personajes que parecían invencibles, y poco a poco se ha ido convirtiendo en un thriller en el que nadie está a salvo. En las temporadas anteriores, la policía parecía tener poco que decir frente a esta banda criminal organizada liderada por un genio. Hasta ahora el Profesor (Álvaro Morte) manejaba los hilos con suma facilidad sin prácticamente ningún obstáculo. Tanto es así, que acabó enamorado y enamorando a la inspectora Raquel Murillo (Itziar Ituño), ahora bajo el alias de Lisboa. Todo era demasiado fácil.

Esta cuarta temporada empieza como acabó la tercera: con Nairobi (Alba Flores) entre la vida y la muerte, y Lisboa detenida por la policía, dirigida por la maquiavélica inspectora Alicia Sierra (Najwa Nimri). Un gran reto para el Profesor que deberá luchar contra la emoción y la incertidumbre para que no anulen su capacidad de pensar. Está claro que ya no tiene las mismas herramientas ni la seguridad que le otorgaba tenerlo todo bajo control, pero aunque el plan del Profesor no sea infalible, siempre tiene un as bajo la manga y parece haber pensado en todos los posibles escenarios… o casi todos. Y es que un personaje tomará el control de la situación poniendo en peligro todo el plan.

Un respiro entre tanto caos

Entre tanto descontrol y la tensión que esto supone, son necesarios los habituales saltos en el tiempo que nos aclaran algunas incógnitas con respecto a la hoja de ruta y nos permiten volver a respirar por un momento. Así, vemos como nada de lo que ocurre es fruto del azar. Todos los elementos que entran en juego son piezas clave con un rol específico. También nos permite volver a conectar con personajes que pasaron a mejor vida, como Berlín (Pedro Alonso), siempre necesario aún desde su tumba.

En esta temporada todo parece pender de un hilo, como un jaque continuo que amenaza con dejar a nuestros protagonistas sin capacidad de remate. Todo está hilado de tal manera que toda la acción nos mantiene en vilo, de no ser por esos flashbacks, o los escasos pero intensos momentos emotivos, que nos permiten relajarnos y nos recuerdan que, ante todo y pase lo que pase, son una familia. Aunque casi que peor. Porque después de aprender a conocer a los personajes, y tras cuatro temporadas, cualquier muerte es dolorosa. Bien es cierto que, de renovar la serie por más temporadas, las bajas serán más que necesarias para mantener el interés y continuar esta particular partida de ajedrez, ahora más interesante que nunca.

Naomi Barki

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