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Matthias Schoenaerts Kursk - El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

La carrera cinematográfica de Thomas Vinterberg es digna de estudio. Se hizo popular de forma local con un cortometraje de un joven que podía viajar en el tiempo caminando hacia atrás titulado Drengen der gik baglæns. Su salto a la fama internacional fue con Celebración, una obra maestra que dio a conocer el breve pero intenso movimiento cinematográfico Dogma 95. Unos años más tarde, no tuvo miedo ni remordimientos de conciencia para cruzar el Atlántico y usar la maquinaria de Hollywood como altavoz de sus ideas artísticas. Su primera película americana fue It’s All About Love, un romance apocalíptico con Joaquin Phoenix, Claire Danes y Sean Penn. Después de hacer su aportación al grupo de películas sobre pequeñas comunidades estadounidenses donde todo el mundo es despreciable que tanto gusta a los daneses (Querida Wendy) volvió a su país natal con un magnífico trío de películas (la más destacada fue La caza). La recepción crítica de esta última fue tan positiva que le dio carta blanca para escoger su siguiente proyecto. Fue Lejos del mundanal ruido, una obra maestra rotunda con una fotografía indescriptiblemente bella de Charlotte Bruus Christensen. Otra vez más volvió a Dinamarca para rodar la correcta La comuna, estableciendo así una dinámica de una por ellos, una por mí. Y entonces llega Kursk.

LA PELÍCULA

Hay muchas películas ambientadas en submarinos (debéis consultar nuestra lista sobre este subgénero). Todas ellas siguen, más o menos, los mismos patrones narrativos. Por eso, a veces parece que vista una, vistas todas. No es el caso de Kursk. Si bien es cierto que hay momentos muy previsibles (está basada en hechos reales, al fin y al cabo), contiene suficientes rasgos de estilo únicos como para justificar su visionado.

El ejemplo más obvio que se nos ocurre de esta visión artística detrás de la película es la primera escena de 15 minutos. Un banquete de boda que reúne a toda la comunidad pesquera de donde provienen los protagonistas de la historia. La información sobre la personalidad de cada protagonista no se nos da de golpe (como sucede en las escenas de exposición más convencionales), sino que se nos va dando a pedacitos a lo largo de la noche. Todo este tejido emocional que Vinterberg establece aquí es clave para que el final nos emocione (y lo hace).

Léa Seydoux Kursk - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Otra pieza clave para impactar a la audiencia es el buen funcionamiento del reparto que interpreta a los marineros. La errática progresión emocional de los personajes (que de una secuencia a otra pasan de la alegría pura a la total desesperación) es difícil de emular, pero ellos están a la altura del reto. En su rol protagonista, Matthias Schoenaerts encarna a la figura heroica, es el último en perder la esperanza. Sus últimas escenas en Kursk son muy dolorosas.

Sabiamente, el guionista Robert Rodat dedica una porción significante del relato a las familias de los marineros y su sufrimiento, ligado a la falta de información acerca del paradero de las víctimas. Con su carisma habitual, Léa Seydoux levanta esta parte de la historia con momentos muy memorables, como cuando desde la calle informa gritando a sus vecinas de que el equipo de rescate ha podido contactar con los supervivientes.

LA SORPRESA

Al no ser una producción con alma hollywoodiense se puede permitir un final desalentador y trágico donde se señala sin temor a los responsables de la catástrofe.

Colin Firth Kursk - El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Cómo el plano va cambiando de amplitud (pasa de Scope a 1.66:1) a medida que la historia va avanzando y las esperanzas se van perdiendo.

TE GUSTARÁ SI…

Aprecias el cine adulto hecho en Estados Unidos (está de temporada), no puedes asimilar el hecho de que ahí fuera haya una película con Colin Firth que no has visto (¡culpables!) o te molan las pelis de submarinos.

LO MEJOR

  • La enérgica dirección de Thomas Vinterberg.
  • El sólido reparto.
  • El tono humanista del filme.

LO PEOR

  • Una vez más: basta de películas ambientadas en países no anglosajones en las que todo el mundo habla inglés. Aún más si tienen que interaccionar con gente británica o norteamericana.
  • Puede que la parte que transcurre en los barcos de la superficie sea innecesariamente larga.

 

Pau Jané

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