Compartir

Mar Targarona y Mario Casas

Francesc Boix fue testigo y víctima del terror del Holocausto. El fotógrafo catalán, preso en el campo de concentración de Mauthausen, consiguió evitar la destrucción de los negativos que probaban las atrocidades cometidas por los nazis sacándolos de aquel infierno. Su historia, lamentablemente desconocida en España, ha sido rescatada por la cineasta Mar Targarona en su nueva película, El fotógrafo de Mauthausen. Charlamos con la directora y con el protagonista del filme, Mario Casas, quien se enfrenta a uno de los papeles más potentes de su carrera.

¿Cuál fue la semilla de la película?

 

Mar Targarona: Fue gracias a los guionistas, Alfred Pérez Fargas y Roger Danès. Ellos me hablaron sobre Francesc Boix y los españoles presos en Mauthausen. Decidimos ir a por ello inmediatamente. Afortunadamente, aún queda gente que se preocupa por nuestra historia.

Mario Casas: A mí la historia me fascinó desde que leí el guion, aunque era casi desconocida. No sabía absolutamente nada. Busqué información, leí y enseguida le dije que sí. Al final, yo lo digo muchas veces, es una peli de superhéroes. A mí me sorprende. Para componer, muchas veces intentaba ponerme en su lugar, y saber dónde hubiese llegado mi supervivencia, mi instinto. Y sigo preguntándome cómo fueron capaces de hacer lo que hicieron. Me imagino que porque ya lo habían perdido todo. Por eso, la película también habla de la condición humana y de lo que es capaz para sobrevivir y para luchar.

 ¿Cómo ha sido la labor de documentación a la hora de recrear y reflejar la historia?

M. T.: Ha sido lo peor; para mí ha sido lo más duro. Lo que pasa es que era interesante, pero era horrorizante también. Nosotros solo contamos unas cuantas atrocidades para poder enmarcar la historia de Francesc Boix, pero aun así es horroroso. Además, nos hemos centrado en el tema de los españoles porque creemos que es un tema que no se ha contado, que se desconoce bastante en general en España.

 ¿Y la ambientación del propio campo de concentración?

M. T.: Ha sido bastante difícil por tema de presupuestos. Además, en Mauthausen no se puede rodar, así que empezamos a hacer combinaciones posibles y fuimos a parar a Budapest. Allí hay un campo de cuando John Huston rodó Evasión o victoria en los años 80 y aún se conserva un poquito. Nos daba lo suficiente como para poder decorarlo. Ha sido complicado; ha sido un trabajo minucioso, muy cuidadoso por parte de todos. El historiador Benito Bermejo, autor del libro El fotógrafo del horror, fue nuestro guía y el asesor histórico que hemos tenido. Y a partir de ahí, cada departamento ha sido muy cuidadoso.

El fotografo de Mauthausen rodaje - El Palomitron

¿Qué tiene de especial el personaje de Francesc Boix?

M. C.: En toda la labor de documentación que hemos hecho sobre él, se habla siempre de su sonrisa. Se ganaba a la gente con esa sonrisa fresca, pícara, dulce. La historia ya de por sí es dura (todos podemos entender, más o menos, cómo puede ser la vida en un campo de concentración). Lo que queríamos era que, en la línea argumental, el protagonista te llevase de una manera dulce por ese camino. Boix me recordaba a un bufón de la Edad Media, que entretenía a los demás mientras les estaba robando la cartera. Tenía un don especial para entretener y ganarse a la gente. Se decía que él tenía relación con SS dentro del campo. Era un tipo muy inteligente. Hablaba alemán, francés, español, catalán y chapurreaba inglés. Joven, además. Creo que con esa sonrisa se ganó a mucha gente dentro del campo.

M. T.: Fue un superviviente a favor de la vida.

¿Cómo se prepara un actor para afrontar un desafío así?

M. C.: Yo intentaba pasar por encima; no quería darme cuenta, como el propio personaje, de lo que estaba pasando. Hay un momento al final de la película, en el laboratorio, en el que exploto. Lo que pasa ahí es algo que yo estaba conteniendo de una dieta que había empezado dos meses antes, de mi mala leche, de mi estrés, mi hambruna… Y después lo emocional. Aguantar ahí dentro, pensar lo que hacían, el trato, el cómo vejaron a todos los presos… Ahí salté de verdad, lo que pasa en ese momento sí me estaba pasando a mí como Francesc Boix. Conseguí convertirme en él, y creo que también logré trasladarme a ese campo de concentración.

También ha sido un reto a nivel físico…

 

M. C.: Sí, he adelgazado veinte kilos. Pero también ha sido el más complejo de preparar. Yo quería pasarlo mal, porque ante la cámara tenía que reflejar hambruna, que te produce ansiedad, miedo y mal genio. La alimentación te cambia para bien o para mal. Necesitaba pasar hambre para acercarme a esos personajes que un día estuvieron en un campo de concentración, y la manera más fácil de llegar a eso era pasar hambre.

Mario Casas El fotógrafo de Mauthausen - El Palomitron

¿Cuánto os ha aportado El fotógrafo de Mauthausen a nivel personal?

 

M. C.: Mucho. Para empezar, soy menos ignorante. Es una historia de nuestros antepasados, que suena lejísimos pero no lo es. Son nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… Es decir, nosotros estuvimos hace nada en un campo de concentración, y enseguida lo olvidamos.

¿Qué falla para que haya tanto desconocimiento sobre nuestro pasado?

 

M. T.: No sé. Desde luego, yo he invitado a todos los partidos políticos al estreno. A ver quién viene. Todos somos responsables de nuestro pasado. Y, sobre todo, de nuestro futuro. Es lo que más nos importa. Que estas atrocidades no se vuelvan a repetir. Justamente ahora se están empezando a escuchar cosas muy feas en Europa, las que hasta nada nos parecían burradas cuando las decía Trump. Da miedo pensar que se puedan cometer errores que han sido tan nefastos.

 

El fotógrafo de Mauthausen llega hoy a las carteleras de toda España.

María Robert 

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.