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Nos encontramos con Alba Sotorra en la emblemática librería madrileña Ocho y medio, un conocido espacio cultural que nos sirve de marco para encontrarnos con la directora, justo después de visionar el documental Comandante Arian. La realizadora catalana ha coproducido y dirigido esta cinta que nos traslada a la reciente guerra de Siria (ya abordada por Hernán Zin en su Nacido en Siria) para mostrarnos una imagen diferente de la contienda. La que vive la Fuerza Femenina de Liberación (YPJ), una organización militar que lucha de forma coordinada junto a los hombres para liberar pueblos y aldeas de la dominación del Daesh.

El rodaje de Comandante Arian se produce en el escenario de la guerra de Siria. ¿Qué te atrajo de la historia para arriesgarte a rodar en medio de una contienda bélica?

A.S.: Como mujer y documentalista era casi una obligación retratar el hecho de que un grupo de mujeres en mitad de oriente medio, con lo que significa ser mujer allí, decida unirse, armarse y quedarse para defenderse, en lugar de convertirse en víctimas o huir. Sobre todo porque esa lucha para ellas no acababa con la expulsión del Daesh. Querían cambiar la realidad patriarcal en la que vivían, transformarla social y políticamente para conseguir un espacio donde las mujeres pudieran vivir en igualdad a los hombres. Y lo han conseguido.

Pero Siria ha quedado devastada y sigue bajo la presidencia de Bachar el Asad…

A.S.:El territorio de Rojava, al norte de Siria, en cuya liberación participó el YPJ es hoy una región autónoma de Oriente Medio constituida por tres cantones con un amplio autogobierno. Cuentan con un  sistema político paritario como no hay en ninguna otra parte del mundo. Todos los cargos políticos están duplicados y hay un hombre y una mujer para cada uno. Y se han hecho un montón de proyectos como cooperativas agrícolas para mujeres. Sin embargo a España llega poca información sobre todo esto. Y en Alemania, Francia o Escandinavia sí se habla de ello.

Hablemos del rodaje ¿Cuánto tiempo llevó la filmación?

A.S.: Ha sido muy largo. Realizamos cinco viajes de unos dos meses cada uno, a lo largo de tres años. En total 8 meses de rodaje.

¿Cómo es para una mujer rodar una película de guerra, en medio de una guerra?

A.S.: Al estar rodeada de mujeres creo que ha sido más fácil que si hubiera sido un hombre. Ser mujer me permitió poder tener acceso a la intimidad de estas soldados. Para filmar me integré en un batallón de las YPJ, me dieron un uniforme y pasé a ser una más. Dormíamos juntas, en el suelo con mantas, comíamos juntas, tomábamos té juntas, nos duchábamos juntas cuando había posibilidad.

Aunque es un documental rodado en una guerra, nos muestras la otra cara de la contienda. Lo que sucede entre batalla y batalla. ¿Por qué has preferido darnos esa visión?

A.S.: La parte de convivencia de las mujeres en el frente de la guerra me parecía muy interesante. Hay un par de escenas en que las vemos luchando y disparar pero el resto del tiempo están haciendo cosas que son muy femeninas. Hablan de sus emociones, se preguntan por qué están allí o discuten sobre qué significa ser mujer y qué tipo de mujeres quieren ser. Que este tipo de conversaciones se produzcan en el frente, es raro. Uno no se imagina que en un ejército de hombres se puedan tener este tipo de conversaciones.

Esto se debe a que en general pensamos que en el ejército hay una cadena de mando y en una guerra nadie se cuestiona por qué está luchando. Los hombres hacen lo que se les ordena y ya está. Este documental ofrece otra visión de las fuerzas militares. Desde tu experiencia, ¿crees que si las mujeres estuviéramos más integradas en los ejércitos, la guerra sería diferente?

A.S.:  Seguramente sí lo sería. En este caso, además, este es un ejército distinto ya desde la base. La sección masculina también es diferente a un ejército regular porque están luchando como voluntarios. Primero, porque defienden su territorio de una amenaza exterior como es el Daesh, y después, porque defienden unos ideales compartidos que pretenden transformar la sociedad para generar una nueva en la que la mujer tenga los mismos derechos que los hombres. Ellos también luchan con ese objetivo.

¿Cómo afecta el tema de la religión a la lucha de estas mujeres?

A.S.: La religión dentro del ejército no se practica porque es muy mixto, en términos religiosos. Hay mujeres que vienen de familias musulmanas pero no son practicantes. Otras vienen de familias yazidis, turkomanas… el Islam no es algo que defina a este ejército. Provienen de diferentes etnias y por eso hablan entre ellas kurdo y árabe.

Desde el punto de vista técnico, ¿Cómo fue el rodaje?

A.S.: Tenía una cámara de video profesional media que llevaba un micrófono direccional muy bueno. Tenía micrófonos inalámbricos para microfonar a la protagonista y una grabadora externa de sonido, para el sonido ambiente. Y un montón de baterías, porque en ningún lugar había electricidad así que se cargaba cuando se encendía el generador.

La pregunta en este caso es obligada ¿Cuál fue el peor momento del rodaje?

A.S.: Hubo varios. Una vez estuve a punto de tirar la toalla y marcharme. Pasé auténtico miedo porque mientras las YPJ estaban concentradas en la lucha contra el Daesh, Turquía estaba atacando por la espalda desde el aire. Durante varios días se produjeron bombarderos, algunos afectaron incluso a algunas base militares y murió mucha gente. Daba más miedo esto que el estado islámico porque los ataques del Daesh eran por tierra y por tanto, eran dos facciones que luchaban de igual a igual. Pero Turquía atacaba con aviones desde el aire, y de eso no puedes escapar. Sin embargo, lo más duro de todo ha sido perder a compañeras, a amigas. El documental está dedicado a Anna Campbell, una de mis mejores amigas allí.

Entonces dinos también que sí ha habido buenos momentos…

A.S.: Sin duda, los momentos de intimidad en los que nos reíamos y charlábamos. Recuerdo una anécdota que no he contado a nadie. Cuando avanzábamos, ocupábamos casas de civiles que se habían quedado vacías y muchas veces parecía que se acababan de ir por cómo se quedaban las cosas en su interior. Un día entramos en un poblado y dos soldados encontraron unos vestidos de gala. Salieron con ellos puestos, eran de colores y el contraste de esa ropa tan lujosa, con el aspecto físico de las soldado y el entorno en ruinas, hizo que nos pusiéramos todas a reír. Fue una niñería pero muchas chicas eran muy jóvenes y había mucha tensión.

¿Con Comandante Arián has querido hacer una película de guerra?

A.S.: Creo que no. Es una película sobre la valentía, la resistencia y sobre la fortaleza de una mujer que no se rinde a pesar de que muchas cosas se le ponen en contra; y de cómo esa fortaleza y esa capacidad de no rendirse hace que salga victoriosa. Creo que es una película sobre la capacidad de las mujeres para poder con todo.

Hacéis una propuesta original de flash back para un documental. ¿Cómo surge la idea de este guión?

A.S.: En un principio no sabíamos cómo iba a quedar la historia. El guión lo firma también el montador porque el definitivo finalmente se decidió durante el montaje. Cuando empezamos a rodar, queríamos contar la historia de una soldado que se iba a una misión, pero no esperábamos que la hirieran. La estructura en flash back es rara para un documental y genera una tensión muy cinematográfica de suspense, de sorpresa y eso fue el trabajo de Jesper Osmund, montador danés con muchos años de experiencia.

Visto el resultado, ¿Qué crees que aporta este tipo de montaje a la película?

A.S.: Hace que miremos desde la perspectiva de una mujer herida en combate, lo que consigue una visión realista de la guerra, alejada de la concepción romántica que se nos ha ofrecido otras veces. La guerra es dura, tiene consecuencias y vemos sus efectos devastadores en el cuerpo de la protagonista.

¿Cómo te ha influido a ti la historia de la Comandante Arian?

A.S.: Antes tenía estrés y estaba agobiada. Estar en una guerra y ver por lo que están pasando personas como tú, que tienen una vida precaria, comen mal, sufren y mueren por conseguir su objetivo, te libera. Con ellas me sentía protegida y arropada. Tenía la sensación de formar parte de algo más importante que nosotras mismas. Ahora ya no me agobio con tanta facilidad.

Después de rodar en medio de una guerra, cualquier otra cosa te va a parecer sencilla. ¿Cuál es tu próximo proyecto?

A.S.: Estoy rodando una historia de amor, que titularé Francesca y el amor. Es un documental, se rueda en Barcelona y es la historia de una mujer de 65 años que está buscando un compañero de vida.

Comandante Arian llega hoy viernes a las carteleras de cine.

Por Marisa Cruzado

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