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LOS ANTECEDENTES

En 1957, el investigador Louis Leakey recibió una subvención para realizar un estudio de los chimpancés en la naturaleza. El objetivo de la investigación, que duraría seis meses, era buscar similitudes de comportamiento de estos simios con nuestros antepasados humanos. Leakey pensó que esta investigación necesitaba hacerse desde un punto de vista profano, con unos ojos inocentes que fueran capaces de observar lo que otros más expertos pasarían por alto. Decidió entonces enviar a Gombe (Tanzania) a su joven secretaria, Jane Goodall, que no tenía conocimientos científicos ni titulación universitaria pero era paciente, meticulosa y una gran amante de los animales.

Aquella decisión no solo marcó el destino de la joven Goodall, sino que sirvió para extraer interesantes conclusiones aplicadas a la teoría de la evolución y brindó al mundo la oportunidad de acercarse a la vida de los chimpancés en su hábitat natural. En 2014 se recuperó un material que se creía perdido, con más de 100 horas de grabación que el marido de Goodall, Hugo Van Lawick, había grabado de los años de trabajo con ella en Gombe y en el Serengueti. Este material inédito ha servido para realizar el documental.

LA PELÍCULA

Jane Goodall se desplaza a Gombe (Tanzania) con el objetivo de encontrar un grupo de chimpancés, acercarse a ellos y observar sus hábitos y costumbres. Con 26 años, y sin ninguna experiencia previa, la joven británica pasa los primeros dos meses sola intentando localizar un grupo de la especie. Cuando lo encuentra, tarda aún un tiempo en conseguir que la acepten como parte del entorno al principio, y como parte del grupo después. Goodall pasa el día con los simios, y cuando regresa al campamento se dedica a completar las minuciosas notas de su trabajo. Una vez terminados los seis primeros meses del proyecto, regresa al Reino Unido y la presentación de sus resultados es acogida con gran entusiasmo por la comunicad científica internacional, ya que, en aquel momento, no se sabía nada sobre los chimpancés en estado salvaje. Sin embargo, ya no podrá pensar en vivir en otro lugar que no sea Gombe, así que consigue nuevos fondos para seguir con la investigación, esta vez con un grupo más amplio de investigadores y estudiantes que están interesados en realizar su tesis con trabajo de campo.

El interés que despierta Jane Goodall llega a los medios de comunicación, que empiezan a interesarse por ella. Es así como conoció a su marido y padre de su hijo Grub, Hugo Van Lawick, reportero de National Geographic. Con Lawick, Goodall viajó al parque nacional del Serengueti, donde entró en contacto con la exuberancia de la fauna y la crueldad del ciclo de la vida. Sin embargo, no puede vivir separada de los chimpancés y regresa a Gombe. Con proyectos de vida diferentes, y su hijo educándose en Inglaterra, Jane y Lawick terminaron separándose, aunque mantuvieron una excelente relación hasta 2002, cuando Lawick falleció.

El documental, que se centra en la vida de la protagonista y nos descubre su faceta de madre, esposa, investigadora y ferviente protectora de los animales, es también un canto a la defensa de la naturaleza. Ofrece al espectador la posibilidad de entrar en la vida de un grupo de chimpancés. Lejos de domesticarlos, la investigadora consiguió filmarlos en su día a día, con la dulzura que pueden mostrar pero también con su lado más cruel y sanguinario. Goodall llega a afirmar que “el instinto de guerra que tiene el ser humano está impreso en nuestro ADN desde hace millones de años”. Las imágenes que nos brinda no solo de los chimpancés, sino de la fauna en el Serengueti, son un espectáculo para la vista por su belleza, su naturalidad y, sobre todo, por el dramatismo que significa la supervivencia de los animales salvajes.

LA SORPRESA

Goodall está en el Serengueti con su hijo y su marido cuando los estudiantes que han quedado a cargo de la investigación en Gombe dan el aviso de que hay un brote de polio entre la población simia. Goodall decide regresar. Sin embargo, la enfermedad se ensañará con los animales y nada volverá a ser lo mismo. A raíz de la muerte de los más mayores, el grupo se divide en dos y entablan una “guerra” que los investigadores observan atónitos. Un comportamiento tan humano que nos acerca definitivamente a nuestro origen.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Grub, el hijo de Goodall, pasó sus primeros años de vida viviendo en Tanzania con sus padres, rodeado de adultos y animales. El pequeño, que hablaba inglés y suajili, creció en este entorno salvaje pegado siempre a su madre. Ella reconoce que a su hijo nunca le gustaron los chimpancés, que de hecho los odiaba. La investigadora nunca olvidó que vivía rodeada de animales salvajes y que los primates comen primates, pues el ser humano es un primate. Por eso, construyó una jaula muy grande que llenó de juguetes y en la que su hijo permanecía seguro. La secuencia del pequeño en la jaula mientras fuera los animales viven salvajes es una auténtica metáfora para reflexionar sobre el trato que damos a los animales cuando los sacamos de su entorno y los traemos a las ciudades.

TE GUSTARÁ SI…

Te interesa la naturaleza, la protección del medioambiente y, sobre, todo la vida salvaje, y te apetece disfrutar de imágenes inéditas, llenas de exuberancia y belleza. Las escenas de caza entre especies del Serengueti son brutales y espectaculares al mismo tiempo.

LO MEJOR

  • La combinación entre la vida personal y el trabajo realizado por Goodall que ha realizado el guionista del biopic. Permite entender mejor a la mujer y, a la vez, nos adentra en las claves de su trabajo de investigación y lo que supuso para la comunidad internacional

 LO PEOR

  • El documental abre tantos frentes y hace que el espectador se cuestione tantas cosas que no consigue dar respuesta a todo.

 

Marisa Cruzado

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