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Digimon Adventure Last Evolution Kizuna adiós
ANIME / MANGA OPINIÓN REDACTORES

DIGIMON ADVENTURE LAST EVOLUTION KIZUNA, UN ADIÓS NO ES UN PARA SIEMPRE

A veces mirar atrás es doloroso. El cambio es un concepto que se encuentra unido de forma intrínseca a nuestra existencia. ¿Qué seríamos sin cambios? Pero el cambio también asusta. Seguir adelante no siempre es fácil. Nos paramos a descansar. Nos frenamos e incluso nos herimos en una constante que invita a volver atrás. Al pasado. Porque la nostalgia es una ilusión demasiado dulce como para ignorarla.

Creo que a veces romantizamos en exceso el pasado. No es tanto el encontrar seguridad en lo vivido, sino el miedo a enfrentarse a lo desconocido. El abandonar una etapa para encontrarse con otra. Nos asusta crecer.

Hay un momento al inicio de Digimon Adventure Last Evolution Kizuna en la que todo mi cuerpo responde a ese estímulo. El momento en que Bolero —un tema que me ha acompañado durante años y años— suena como apertura en la película. Una sola canción que, como si de ADN se tratase, guarda tantos y tantos recuerdos que identifico con mi infancia. Pero cuando la composición de Ayumi Miyazaki alcanza el clímax me arroja a la realidad. Ya no soy esa misma persona. He cambiado.

El tiempo pasa para todes

El piano de Twilight representa ese sentimiento. Es un tono acompasado, lento. Una suerte de réquiem que pinta con cierta belleza un recuerdo borroso, que muere en sus notas. Incluso el estallido de Brave Heart con la aparición de Tai en el inicio de Kizuna parece adoptar un tono roto. Elles tampoco son les mismes personas.

Ya han pasado días desde el estreno de Digimon Adventure Last Evolution Kizuna y ahora, con los deberes hechos y después de conocer las impresiones de otras personas, me doy cuenta de la tridimensionalidad del mensaje que aporta la obra. No tanto por como habla de abandonar la niñez y abrazar la vida adulta sino del cómo nos habla, cara a cara, de que el cambio no tiene porque ser fruta de la agonía, sino de la evolución.

Y es que la evolución, más allá de la temática que ya refleja su título, es una constante en la película. Hay un momento en que Matt observa a un chico utilizando la armónica, mientras su reflejo en el cristal sirve las veces de simbología de la dicotomía a la que se enfrentan su yo adulto y su yo anterior. A su vez, Tai aparece siempre a lo lejos cuando lo vemos trabajando, como si la cámara guardase distancia con su nuevo aspecto.

Poco después de esos momentos, como si sirviesen de simple introducción, ambos se juntan para comer. Y entonces escuchamos, de fondo, casi silenciado, el verdadero estallido narrativo que da contexto a la obra. «Pase lo que pase no quiero convertirme en adulta».

La última evolución

El principal concepto de Kizuna dista mucho de ser el trauma que se supone. Sí, Matt y Tai se deben separar de sus compañeros y es posible que la última evolución se acerque de forma inminente. Pero su guion no habla tanto de la idea de dar un paso adelante y separarse del pasado sino de cómo el cambio es un concepto ineludible al que debemos hacernos a la idea.

Su desarrollo se encuentra repleto de pequeños guiños a la serie original. El retorno de los actores y actrices de doblaje, Tai usando las gafas de Adventure, el constante mantra de que niñes elegides y digimon seguirán juntes pase lo que pase… Incluso el lenguaje visual se adapta a ello a la perfección y nos encontramos con decenas de planos oscuros, en los que la lluvia a través de los cristales silencia la película y las sombras y siluetas se convierten en todo cuanto necesitamos para entender qué es el plano emocional quien gobierna su desarrollo.

Una cuenta atrás salpicada de mensajes que parecen atravesar la pantalla para dirigirse a su público de forma directa. Un intento constante de demostrar que no es tanto el final, sino el inicio de una nueva historia.

«Hay que seguir adelante, hacia el futuro».

Porque si Kizuna es capaz de sintetizar todas las emociones que generaban las obras originales no es solo para rendir un tributo a las mismas, sino para despertar esos mismos sentimientos veinte años después. Todes somos, hemos sido o seremos Matt, Tai o Sora —les principales protagonistes del drama de la obra. Y por ese mismo motivo la película no habla de la separación, sino de la evolución.

Ya sé. Mañana podemos…

Hay una escena que no me he quitado de la cabeza desde mi primer visionado de Kizuna. El momento de la despedida. El momento en el que Matt y Tai, junto a Gabumon y Agumon esperan, mirando el horizonte, sabiendo que son sus últimos momentos. Y cuando llega la despedida su única interacción es una simple pregunta. ¿Qué te apetece hacer mañana?

Me enfrenté a la película con un miedo irracional. El mismo miedo que nos afecta a todes cuando pensamos en pasar página. Miedo a que mi propia infancia me gritase a la cara que debo abandonar todo lo que me define y definió para seguir avanzando. ¿Y lo hace? Por supuesto que no.

El mensaje de Kizuna al final es, de nuevo, el de evolucionar. Pocos segundos antes de que los chicos se despidan de sus digimon podemos ver a Matt tocando la armónica, volviendo a aquello que dejó atrás. Y es que la película en ningún momento nos pide que dejemos atrás el pasado, sino que abramos las puertas del futuro sin olvidar quiénes somos ni quien queremos ser.

No es un para siempre, sino un simple adiós. Que Tai y Matt aparezcan buscando nuevas metas es un camino que nos lleva irremediablemente al final de Digimon 02 y el reencuentro definitivo. Su idea no es la separación, sino la necesidad de encontrar nuestro propio camino. Ese es el motivo por el que únicamente vemos a sus protagonistas principales y a Sora —quien se enfrenta a la realidad de dedicarse al negocio familiar que más tarde abandonará— perder a sus compañeros. Al final, decir adiós siempre ha sido una parte esencial de Digimon.

Yo mismo me he visto dando bandazos de identidad múltiples veces. El instituto marcó un punto de inflexión en el que videojuegos y manga desaparecieron por completo de mi vida. Pero ahora me dedico a ellos. Y Kizuna, una vez más, es un reflejo de esa idea. Pase lo que pase, que nada ni nadie os robe la ilusión.

«Así es como nos convertimos en adultes y nuestras historias evolucionan hacia nuevos horizontes».

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.