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Crítica de Triple Frontera portada - El Palomitrón
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TRIPLE FRONTERA

LOS ANTECEDENTES

Cuando se anunció el proyecto Triple Frontera hace casi diez años, iba a estar protagonizado por Johnny Depp y Tom Hanks bajo la batuta de Kathryn Bigelow. La pre-producción, a cargo de Paramount, se fue dilatando y todos los participantes se bajaron del barco para abrazar contratos más rentables. Mahershala Ali, que ha recibido su segundo Óscar por Green Book, se unió a la troupe. El nombre de J.C. Chandor ya empezaba a barajarse. Channing Tatum y Tom Hardy firmaron oficialmente sus contratos, pero la productora postergó de nuevo el proyecto y Atlas Entertainment acabó como productora con distribución de Netflix. El puzzle de caras conocidas tardaría poco en completarse, no sin pasar por otras idas y venidas estelares, entre ellas la de Casey Affleck. Finalmente los escogidos fueron Oscar Isaac, Charlie Hunnam, Garrett Hedlund, Ben Affleck y Pedro Pascal.

J.C. Chandor es una rara avis en Hollywood. Aunque maneje amplios presupuestos y repartos corales con grandes estrellas, los temas que trata pertenecen al ámbito independiente. Solo hace falta echar un vistazo a su recorrido y toparse con Margin Call, crónica sobre las veinticuatro horas previas al quiebre de un banco de inversión, o Todo está perdido, ignoto periplo por el Índico sustentado en el septuagenario rostro de Robert Redford, para percatarse de que los proyectos que escoge son, como poco, peculiares.

LA PELÍCULA

Adentrarse en el superficial universo del cine de acción puede pasar factura a un buen director. Primero, por la complejidad que requiere mantener el pulso narrativo de una trama violenta y dopada de adrenalina sin despreciar la calidad visual e interpretativa. Películas del género como Los mercenarios, de la que Triple frontera se asemeja en su formato de “sangre y balas” con reparto coral, se suelen convertir en meras baraterías superficiales cuyo único interés reside en ver cómo las estrellas protagonistas, muchas ya apagadas, viven sus últimos minutos de gloria. Segundo, porque se trata de un género cada vez más desplazado por el cine de superhéroes, que ha contaminado el cine de acción al uso (el de Acorralado, Terminator o Jungla de Cristal) en pos de un enconado festín de colorines, gracietas y temáticas fantásticas que causan alipori.

Esto engarza con la peculiaridad de Chandor de escoger proyectos poco habituales. Cuando parecía difícil volver a repetir el agotado formato de Los mercenarios, aparecen cinco estrellas jóvenes en una cinta que promete mucha acción, muchas balas y mucha sangre. Antiguos miembros de las Fuerzas Especiales norteamericanas que quieren dar un golpe por su cuenta a uno de los mayores narcotraficantes de Brasil (intuimos que Pedro Pascal no está ahí por casualidad) y hacerse con un botín millonario.

Chandor dirige con habilidad unas secuencias de acción que recuerdan a lo mejor del género en los años ochenta y noventa. No muestra más de lo que debe, pues huye de la espectacularidad, ni se regodea en la violencia explícita. No pretende ser un flébil homenaje a cine pretérito con tintes de americanada que hieda a naftalina, ni tampoco trivializar una trama oscura con toques de humor absurdo y chascarrillos de amigotes, ni convertir a sus protagonistas en hombres intocables. Todo lo contrario: es cine serio, formal, como lo era la Sicario de Denis Villeneuve, solo que Chandor transforma el asfixiante paisaje mexicano por unas descabelladamente hermosas localizaciones de la selva brasileña y lo almizcla con los riffs de For Whom The Bell Tolls de Metallica. Se le puede echar en cara que su trama está llena de tópicos, pero todo funciona de manera orgánica gracias a una dirección eficaz y los conflictos internos de los cinco protagonistas.

ELLOS Y ELLAS

Entre ellos destaca Oscar Isaac, Pope, auténtico protagonista, artífice del golpe sobre el que Chandor articula la historia y su fatal desenlace. La peculiar mirada melancólica del actor le insufla al personaje un halo de hastío vital, de tragedia anunciada. Ben Affleck, su compañero fiel, es el arquetipo de hombre atormentado por el horror de la guerra, capaz de perder los nervios en cualquier momento, mientras que Charlie Hunnam, el tipo serio y perfeccionista enfrascado en sus tribulaciones, hombre sosegado y con olfato para la diplomacia, ejerce de contrapunto. Garrett Hedlund aporte el toque alocado, más superficial y divertido. El personaje de Pedro Pascal, por el contrario, es el único que creemos prescindible, pues en todo momento parece de relleno.

En los papeles femeninos tan solo destaca la puertorriqueña Adriana Arjona, que no forma parte del núcleo de la acción, sino que su personaje tiene una función instrumental. Amante y confidente de Pope, tiene pocos minutos de protagonismo. Es uno de los pocos errores en los que cae Triple Frontera: se echa de menos un personaje femenino fuerte entre el quinteto principal.

LA SORPRESA

Sorprende cómo la película pasa de ser acción al uso, con sus tópicos y personajes arquetípicos y tramas ligeras sin complicaciones argumentales, a convertirse en un oscuro retrato del egoísmo del ser humano en situaciones límite. Los protagonistas, que se presentan como héroes intocables, casi superhombres, en realidad son rapaces que actúan por necesidad y rencor hacia una nación que no ha sabido revertirles los servicios prestados. No escucharéis soflamas patrióticas. Ni veréis un ondear de la bandera norteamericana, para gloria de Donald Trump. Son soldados honorables, pero también ladrones de gatillo fácil que van como aves de rapiña a por la sisa. Chandor parece decir que no hay buenos ni malos: solo hombres atormentados que están desesperados por sobrevivir, por huir hacia adelante, aunque ello implique cometer graves errores y jugarse la vida.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Cuando todo se va a pique tras el accidente de helicóptero en los Andes. El caos y la tensión aumentan mientras la falta de profesionalidad del quinteto se hace palpable cuando se dan cuenta de que no estaban preparados para una misión tan compleja.

TE GUSTARÁ SI…

Eres un purista de los clásicos de acción de los ochenta.

LO MEJOR

  • La química que hay entre  los actores.
  • El respeto que siente Chandor por el cine de acción convencional.
  • Los paisajes y la manera de retratarlos a través de una planificación eficaz, con grandes planos generales.
  • Un montaje preciso, nada frenético, que deja ver las secuencias completas y disfrutar de las actuaciones.

LO PEOR

  • Cae en algunos convencionalismos del género, como ese final bienintencionado y simplista.
  • La falta de un personaje femenino fuerte.
  • La trama del golpe contra el narcotraficante está cogida con pinzas.

David G. Maciejewski

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Periodista. Me colé por los recovecos de la Escuela TAI en mis tiernas juventudes. Allí redescubrí lo que sabía desde crío: quería consagrar mi vida al celuloide. Desde entonces he publicado artículos y reportajes sobre cine en distintos medios de comunicación, entre ellos los diarios ABC, 20minutos y la revista QUO. También dirijo mi propio medio de comunicación, Perro Come Perro, un proyecto de investigación docente que nació en el seno de la Universidad Complutense de Madrid, y el programa radiofónico de cine Efecto Phi. Soy miembro de AICE desde 2017.