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Critica final de Bungou Stray Dogs S3
ANIME / MANGA CRÍTICAS OPINIÓN

BUNGOU STRAY DOGS S3: LOS ECOS DEL PASADO

Bungou Stray Dogs siempre ha sido una obra especialmente particular. Una obra a la que no siempre es fácil encontrarle un sentido. El ingenio de Kafka Asagiri se convierte en un filo de doble hoja para una historia que, como su propio nombre indica, parece deambular siempre bajo la figura de un perro callejero. En busca de un hogar, caminando sin parar.

Al menos así es como he visto siempre una obra que toma la épica de la mano para hacerla bailar junto al misterio detectivesco, la introspección más humana y el tono propio que Asagiri introduce en la mezcla con la etiqueta de “ingrediente secreto”, logrando así un cóctel tan extraño como imponente. Una narrativa que muchos tachan de incoherente y que, sin querer quitarles la razón del todo, acaba brillando por su propia disparidad.

De dónde venimos y hacia dónde vamos

Prueba de ello es el resultado de una tercera temporada que se encuentra dividida en todos los bloques posibles para el corto espacio que representa. A diferencia del resto de entregas, Bungou Stray Dogs 3 separa todos sus frentes en una serie de arcos que ponen a prueba el aspecto moral de todos sus personajes en una sucesión de pequeños espacios argumentales capaces de dar vida a los conflictos emocionales del plantel protagonista.

En este sentido siento que es “Dazai, Chuuya, 15 años” —la introducción, como revelan las primeras impresiones de la temporada, de una de las novelas de la serie de Asagiri— el máximo exponente de un contexto emocional que no solo busca interponer el pasado de sus actores y actrices para dar un nuevo valor a su futuro, sino que además se propone como el principal atractivo, insisto, de la temporada.

Su acto sirve una vez más como origen y circulación de un conflicto sin fin. Dos perros callejeros. Dos grandes promesas que ven sus destinos entrelazados para acabar bajo la supervisión de la Port Mafia en busca de un lugar al que llamar hogar. No importa desde qué punto se observe. La obra lucha por el hecho de humanizar a sus personajes una y otra vez. La traición frente a la fidelidad de Chuuya o la intención de vivir en Dazai —quien porta el clásico “Indigno de ser humano” del escritor japonés homónimo, con todo su significado impreso en su carácter— son algunos de los ejemplos que se superponen sobre la rueda del destino de “Osamu Dazai y la edad oscura”, haciendo una constante referencia al juego narrativo que se crea entre el propio Dazai, Ango y Oda.

Más allá del porqué Dazai y Chuuya acabaron formando parte de la Port Mafia, su historia nos dice quien es Dazai. Quien es Chuuya. Incluso quien es Mori, bajo el trasfondo de uno de los personajes más misteriosos de la obra. Una jugada maestra, que toma los entresijos de la serie para confeccionar una red sobre la que se apoya todo el peso de su argumento.

Quiénes somos y quiénes seremos

Pero eso no es todo, porque aunque Dazai y Chuuya sean dos de los personajes más carismáticos de la obra, su tercera temporada no trata a sus actores y actrices con aires de favoritismo. El conflicto entre la Agencia de Detectives y la Port Mafia toma un nuevo cariz, haciendo las veces de espina dorsal de su narrativa para dar vida a aquello que la obra tramaba en los conceptos finales de su segunda temporada y la obtusa Dead Apple.

Sin embargo, lo hace con especial calma. Recuerda, una vez más, que sus personajes son humanos y atiende a ello con todas sus fuerzas. Kunikida tiene su propio espacio introspectivo al verse incapaz de salvar a una niña de una horrible muerte —un juego narrativo que conecta directamente con su OVA—, sirviendo por un lado para distinguir una vez más su convicción por la justicia y, por otro, la capacidad de Fyodor para superponerse a los planes de la Agencia y desmantelar su poder con asombrosa habilidad.

Atsushi, pese a ser breve, cuenta quizás con el más poderoso de sus arcos. El de la muerte del único padre que ha conocido. La pérdida, un factor que resulta prácticamente ajeno al perro callejero, a quien deambula sin conocer su propio origen ni una mano que le cuide. Pese a su agónica infancia, es todo lo que el chico había vivido. Todo cuanto tuvo perdido en un reencuentro que podría haber supuesto el fin de las pesadillas que atormentan su mente.

Sin embargo, insisto, da la sensación de que su arco acaba antes de empezar. Un espacio mínimo para una redención que podría dar la vuelta a la obra y que se repite en diversas ocasiones. Lucy tiene tan poco espacio que apenas se la recuerda, siendo una de las actrices más carismáticas que la obra ha dado a conocer y contando con un importante arco evolutivo que pasa casi tan desapercibido como los del resto de miembros de Guild, contando con las apariciones estelares de Francis y Louisa en la restauración de su sociedad.

Al final, y tras varios volteos en su guion tenemos un decisivo y paralelo arco al de “Dazai, Chuuya, 15 años” protagonizado por Yukichi y Mori bajo la idea del “Canibalismo” que acaba desviando su atención —pese a mostrarnos, insisto, esa visión del pasado de ambos integrantes y cómo toman las riendas de ambas organizaciones— al conflicto entre la Port Mafia y la Agencia de Detectives, mostrando en prosa metafórica la idea de que unos y otros, quizás, no sean tan diferentes como creen. Un punto que si bien da entrada al clímax de la temporada, se ve más potenciado por el conflicto entre ambos bandos que no por la dualidad de sus líderes.

El principio del fin de un ciclo

Con todo, Bungou Stray Dogs vuelve a cumplir con sus convicciones en su última entrega. Es un fórmula cíclica y que ya hemos visto antes, pero ese es el motivo por el que funciona tan bien. Porque representa, una vez más, el continuo giro de sus motivaciones argumentales y, a su vez, el principio de un fin al que ha estado citando durante toda su extensión.

Porque su final es mucho más que Akutagawa y Atsushi haciendo gala de sus poderes. También es mucho más que los protegidos de Dazai luchando codo con codo. Es un sentido metafórico. El deseo más profundo de Dazai en la idea, en la convicción, de que el ciclo de violencia pueda terminar algún día. No solo es la recurrente “Dazai, Chuuya, 15 años” con otros actores, sino que supone una evolución del mismo fragmento narrativo para mostrarnos el camino que la obra ha estado buscando hasta ahora.

Fyodor sirve para ofrecer el buen gusto de Asagiri por la narrativa. La tensión del drama que se da cita siempre en sus líneas, jugando los sentidos del espectador y mutando su argumento para dar forma a los giros de guion que tan bien acompasa Bones con un remarcado estilo que da vida a todas las propuestas de Asagiri y Harukawa. Pero incluso así, es su sentido más emocional el que da forma a una obra que no se ata a los estereotipos del género que representa.

«¿Un miembro de la mafia que no mata, eh? Justo como nosotros»

La victoria de Bungou Stray Dogs 3 es una victoria amarga. Y no puedo evitar sentir que esta nueva temporada ha contado con escasa cohesión entre sus tantas partes. Sin embargo cuesta olvidar las palabras de Dazai en su final. Un brindis por los perros callejeros. Por el fin del conflicto. Por ver todo lo que la obra nos depara en el futuro.

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Óscar Martínez

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1 COMENTARIO

  1. Sin duda alguna fue una temporada muy buena. Me mantuvo atento en todo momento e incluso diría que llegué a sentirme ansioso por ver cómo terminaba y el final, cuando atrapan a Fiódor, que si bien no parece ser definitivo, estuvo de lujo junto al resurgimiento de Guild. Excelente serie, excelente temporada. Comparto tu opinión también a la falta de cohesión en algunos momentos o de mayor clarificación en ciertos aspectos.

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.