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Sword Art Online se basa en una premisa muy simple. «Morir en el juego significa la muerte orgánica». Pese a que Reki Kawahara, el autor de la obra original, se atreve a explorarlo en su obra homónima, su adaptación obvia el conflicto moral y psicológico por el romanticismo y la aventura. Ordinal Scale se propone a sí misma como su redentora.

Por mucho que Sword Art Online diese cierre a Aincrad en el primer arco de su primera temporada, tanto Fairy Dance como Phantom Bullet, Calibur y Mother’s Rosario beben de su influencia directa. Sin embargo es Ordinal Scale —un producto original, lejos de la pluma de Kawahara— la encargada de continuar con el legado que el autor dejó en el piso 75 de Aincrad. Para ello nos lleva a Tokyo, donde tanto NerveGear como Amusphere han sido sustituidos por Augma, un dispositivo que propone una inmersión completa utilizando la realidad virtual y donde, como no, ha aparecido otro MMOPRG (en este caso un ARMMORPG) conocido como Ordinal Scale que está atrayendo a todos los supervivientes de Sword Art Online.

Pese a su vuelta a las raíces, el metraje se atreve a abrir con una escena tan simple como la de Asuna y Kirito compartiendo un cielo estrellado y una promesa bajo el cielo digital de Aincrad. Es un tono más maduro, que apunta a un desarrollo movido por algo más que blancos y negros. Algo más que acción descontrolada, drama y romanticismo juvenil. ¿Lo logra?

Sí y no. Ordinal Scale se podría categorizar como una victoria pírrica. La obra presenta un desarrollo de personajes más logrado, con un villano genuino que (por primera vez) lucha por una razón éticamente cuestionable, pero con una base emocional coherente. Y lo más importante de todo, por primera vez no necesita ambientarse en un mundo obligatoriamente fantástico para narrarlo. Ordinal Scale tiene todas las piezas para ser una gran obra. Y, sin embargo, su propio origen se convierte en su propia ancla. Porque Ordinal Scale no es más que Sword Art Online. Una vez más.

El simple hecho que eliminar la premisa de la muerte orgánica trae consigo una naturalidad latente. Sus actores y actrices se mueven en un mundo orgánico, conocido y se permiten una nueva libertad que se atreve a llevar el romanticismo más allá del drama ante la muerte e incluso lo extiende a nuevos personajes. De hecho, parece ser la primera vez que los supervivientes de Sword Art Online tienen un sitio de verdad en el guión. Su historia fluye sin necesidad de caer en los tropos del anime, pero el miedo a lo original hace que el intento caiga en saco roto, dejándonos ver una muestra de lo que podría haber sido. Pero no es.

Gran parte de eso peso recae en el fanservice. Esa recursividad hacia lo vivido en Aincrad que tiene que aparecer siempre para recordarnos que esto es Sword Art Online. La aparición de antiguos jefes finales del juego original en Ordinal Scale cuenta con cierta gracia al despojar a Kirito de sus poderes y convertirlo en un simple humano —teniendo en cuenta que en una supuesta inmersión en RA cuenta con su propio cuerpo. Es el personaje de sus novelas. Una deconstrucción de lo que muestra en su anime. Una persona humana, que tropieza, que cae, que se cansa. Y además con el contrapunto lógico de que el mismo se encuentre cansado de seguir siempre la misma línea. Pero el guión lo fuerza hasta que consigue que Kirito sea Kirito una vez más.

Con todo, y por mucho que no sea todo lo que podría ser, no deja de ser todo lo que es. Aunque no entre en conflictos morales sigue jugando con la idea del miedo a la muerte, con lo que sintieron y sienten los supervivientes del mortal juego. Ordinal Scale no es solo un repaso a toda su obra, sino que consigue reflexionar sobre la misma y —aunque con unos niveles de fanservice exagerados— plantear un cierre a la misma haciendo uso de todos los recursos que ha construido por el camino.

Incluso así, Ordinal Scale sigue proponiéndose como la versión exponencial de Sword Art Online y si lo consigue en un medio es en su apartado técnico. La obra presume de un nivel de atención y detallismo que ensombrece a todo su historial de adaptaciones. Los juegos de luces y sombras, incluso los de partículas, cuentan con un nivel de realismo y dinamismo que se superpone a unas escenas repletas de acción y que consiguen moverse con la mayor sensación de kinestesia posible. Incluso los movimientos más exagerados toman forma en las pautas de A-1 Pictures‎ para ilustrarse, fotograma por fotograma, en nuestras retinas.

Desde las escenas más simples hasta los combates más espectaculares, el trabajo de su estudio es soberbio en cada uno de los más pequeños detalles que nos muestran. A ello se suma el trabajo de la veterana Yuki Kajiura (Madoka Magica.hack//Sign) que juega con las composiciones orquestales y vocales para crear una sensación de inmersión completa en cada una de las escenas a las que da forma la obra. Su trabajo excede con creces su partición en el título original con temas como “Delete” o “Longing”, que trabajan sobre los tonos épicos de la fantasía con un añadido dramático y compases variables para ofrecer la mejor experiencia musical de la saga.

En el fondo Ordinal Scale es Sword Art Online una vez más. Los seguidores del título encontrarán en ella su versión exponencial —una que incluso podría firmarse como el triunfal cierre de la misma— mientras que sus detractores posiblemente no encuentren nuevas razones para unirse a su credo. Es difícil no sentir que pierde una gran oportunidad, la de mostrarnos una versión diferente, más madura, menos previsible y con un guión por encima del nivel general de sus adaptaciones.

Pese a no lograrlo, Ordinal Scale cumple con su cometido y nos ofrece la mejor visión de su franquicia. Su apartado técnico suma puntos, presentando un imponente despliegue de medios a nivel de animación que la catapulta dentro del cine de su género. Una obra imprescindible para todas aquellas personas que quedasen atrapadas en el piso 75 de Aincrad.

LO MEJOR

  • La obra ejecuta un intento de atrevimiento con un tono más maduro.
  • Técnicamente soberbia, especialmente en el trato a los efectos visuales durante los combates.
  • La capacidad de observar más allá de la relación entre los protagonistas.
  • Supone un gran cierre para el arco de Aincrad.

LO PEOR

  • Kirito vuelve a convertirse en el protagonista indiscutible.
  • Recae en los mismos errores que su obra original.
  • Excesivo uso de fanservice argumental para enriquecer un guión que no lo necesita.
  • Desarrollo demasiado previsible.

Óscar Martínez

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