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Crítica de Somali and the Forest Spirit destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

SOMALI AND THE FOREST SPIRIT: CONSTRUCCIÓN DE LAZOS ENTRE DISTINTAS ESPECIES

Te levantas. Desayunas. Te vistes. Emprendes la rutina de cada día. Trabajas. Estudias. Da igual. La cuestión es hacer cosas, no parar. Formar parte de un sistema que parece haber sido creado por máquinas y no por humanos. Un sistema que no tiene tiempo, y tampoco ganas, en dejarnos respirar. En la remota posibilidad de dejarnos, aunque sea, vivir y exhalar un poco de ese aire que supuestamente nos dota de la condición de humanos. Un aire que en esta ocasión viene como un soplido tras el cuello de la mano de una las obras más cálidas de la presente temporada y que, te guste más o te guste menos, te ofrece ese mágico tiempo para frenar —aunque sea por 20 minutos— de esa rutina que colapsa tu mente y ofrecerte, a pequeñas dosis, una de las historias más conmovedoras y cautivadoras del invierno. Una historia sobre un padre y su hija, un cuento sobre cómo se pueden tender puentes y construir lazos entre diferentes especies. Por distintas u opuestas que sean. Por lejanas o cercanas que se encuentren. La cuestión es conectar, enlazar.

Y así, de forma pausada y cálida, llega hasta nosotros el relato de Somali and the Forest Spirit. Una obra que nace del papel y de la mente de Yako Gureishi, quien comenzó con la serialización del manga en Web Comic Zenon de Tokuma Shoten. Desde que empezara su publicación en abril de 2015, la obra de Gureishi lleva publicados seis volúmenes en Japón; una historia que hasta el momento no había llegado a nuestro territorio pero que gracias a los esfuerzos de Crunchyroll y Satelight podemos conocer —aunque en esta ocasión dicha versión se aleja de la original para tomar el formato de serie de televisión— semana a semana las venturas y desventuras de Somali y Golem. Un relato de lo más conservador pero que, a su vez, consigue introducirnos en un mundo totalmente nuevo copado de magia en el que serán las voces de los corazones y el anhelo por encontrar lo perdido lo que conducirán en su travesía a ambos personajes

Un padre y una hija de viaje

Cuenta la leyenda que el golem es el guardián del bosque. Existe para protegerlo y permitir su supervivencia. Al patrullar, observa plantas, animales y toda la vida que habita en él. No interfiere en la cadena trófica. Solo supervisa el flujo de la naturaleza. El bosque es un sitio donde nace y crece toda la vida. Para, con el tiempo, regresar a la tierra. El bosque tiene sus leyes. Pasará mil años en el bosque cumpliendo esas leyes y, cuando sea la hora, volverá al bosque. 

Crítica de Somali and the Forest Spirit Golem y Somali encuentro - El Palomitrón

«Nunca dudé de que ese fuera el propósito de mi existencia… hasta ese día.»

Bajo estas entrañables líneas, nace la historia de Somali and the Forest Spirit. Una fábula que nos situará entre Golem, un personaje aparentemente sin sentimientos y con un único propósito vital, y Somali, una joven que se encuentra perdida en el bosque atada a una especie de cadenas. Somali and the Forest Spirit es una obra que aúna fantasía, aventura y drama; componentes que consigue aderezar con píldoras de slice of life para dotarlo de cierta sensación de calidez e intimismo. Gureishi construye un mundo gobernado por espíritus y monstruos que durante un largo periodo de tiempo han perseguido al ser humano hasta llevarle al borde de la extinción. Un día, en un bosque cualquiera, una clase de golem que ejerce de guardián de dicho emplazamiento conoce a una joven niña humana, Somali. El primer paso de un viaje conjunto donde la forja de lazos entre distintas especies parece ser una constante. Donde la relación entre dos seres de distintos mundos madura y donde los roles de «padre» e «hija» guardan cierta reminiscencia a títulos como La pequeña forastera e incluso a algunos un tanto más alejados, pero cercanos en construcción, como Made in Abyss. Un título que, además de explorar los lugares más recónditos de su propio mundo, lo hará también bajo las profundidades de los corazones más latentes y rocosos

Latencias anómalas frente a un destino desconocido

Es cierto que a lo largo de los episodios podremos conocer a multitud de personajes secundarios que formarán, de una forma u otra, parte de la historia. Personajes como onis curanderos o camareros peludos con un negocio que atesorar y un hijo que cuidar. Componentes que no harán más que enriquecer el camino pero también ayudarán a definir y conocer mejor a la dupla protagonista: Golem y Somali.

Por un lado tenemos a la vistosa, alegre y jovial Somali. Una humana que fue abandonada en el bosque sin motivo aparente que consigue un hogar y una familia gracias a Golem. Un personaje que nos recordará sin duda a Shiva, ese personaje femenino creado por Nagabe para trasladarnos a una fábula perfectamente narrada en la que el silencio y las relaciones entre diferentes razas serán los sellos de dicha obra. En esta ocasión cambiamos el silencio por la frescura propia de la niñez para recoger a un personaje que, además de ir creciendo a lo largo de la historia, descubrirá su propia forma de ser «esa hija» que una vez tuvo que ser. Un sentimiento del cual le despojaron sus verdaderos padres abandonándola y que gracias al empeño de Golem podrá sentir. Emociones que se verán alternadas entre felicidad y tristeza, enmascaradas tras una capucha con cuernos y dudosas ante muchos de sus compañeros de viaje.

Y aunque creamos que Somali soporta el mayor peso de esta tenue, pero vívida, historia; será Golem quien soporte la mayor carga. Una que, además de soportar el peso del cuidado del bosque por 1000 años, tendrá que compaginar siendo ese «padre» que debió tener Somali al nacer. Un padre que, en primera instancia osa afirmar no tener sentimientos y un objetivo vital prefijado, avanza hasta conseguir sentir algo en ese lugar del pecho custodiado por el corazón y depositar todas sus energías en Somali. Es cierto que mientras dure su periplo este deberá cuidar del bosque, pero ahora tiene una preocupación mucho mayor: devolver a Somali a sus verdaderos padres. Un objetivo que se marca Golem para trazar la ruta de su travesía pero el cual desconoce la joven en su totalidad. Un destino que, además, cuenta con un tiempo límite porque tal y como hemos dicho en las primeras líneas del texto, los golems duran 1000 años y a este le queda poco más de uno de vida. Un tiempo que situará a la obra en una carrera contrarreloj que, a pesar de tener los granos de arena contados, prefiere pararse y reposar cada uno de sus segundos. Un aspecto que puede no encajar con todo el público pero que sin duda nos dotará de la calidez necesaria para empatizar con Somali, pero también con Golem. 

Ya lo dijo Machado en 1973: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar»

Y así, de una forma que aúna toques humanos pero también rocosos, nace la relación entre Somali y Golem. La creación de un lazo que se irá intensificando poco a poco y de manera natural. Ambos deberán construir ese sentimiento en su interior; uno desde su dilatada vida que expira síntomas de humanidad en sus últimos latidos, y otra desde la dulzura de una niñez todavía por descubrir. Al igual que Nagabe nos cuenta en su obra cómo trazar líneas y sentimientos entre diferentes especies y leyendas, en esta ocasión Gureishi imita el patrón para contarnos una historia tan sobrecogedora como delicada. Porque a pesar de que nos pueda envolver con su magia o sus momentos de lo más encantadores, también es capaz de clavarse en nuestro pecho susurrando que esta travesía, en algún momento, cesará. Y lo hará con un golem sin piezas, un espíritu del bosque que a pesar de haber encontrado su propio leitmotiv, su condición no hará más que interponerse en su camino.

Crítica de Somali and the Forest Spirit Golem y Somali bosque - El Palomitrón

Tras una historia con tintes slice of life, sonrisas y alguna que otra lágrima, también se esconde un universo maravillosamente rico. Un espacio que se crea desde la imaginación más ferviente que nos demuestra que no hace falta contar con un portento técnico si es arte lo que emana del mismo. Este es el caso de Somali and the Forest Spirit. Una historia que, además de embaucarte con el viaje de sus personajes, también lo hará con los lugares que recorren. Da igual que sean bosques o ciudades, todo está perfectamente aderezado para crear ese rincón al cual querer huir cada semana para, como decía antes, parar y respirar. La magia impera en cada uno de sus escenarios, pero también su flora y su fauna. Una mezcolanza que hará las delicias de los más exigentes pero también de los más curiosos. Somali and the Forest Spirit es una obra compuesta por multitud de factores, y una vez observas todos desde una perspectiva exterior, compruebas que todos encajan y fluyen por sí solos. 

La obra de Yako Gureishi recoge pedazos de otras como Made in Abyss o La pequeña forastera; pedazos que, aunque no de manera explícita, se pueden apreciar y admirar. Da igual qué título mires o qué personajes pongas ante tus ojos, todos comparten ese deseo por averiguar qué hay más allá, ese afán por observar lo desconocido con una nueva mirada. Un rol que todos los autores saben desempeñar a la perfección a través de sus personajes, casi siempre atrapados en una dupla en perfecta sintonía, y un universo que desprende un aura misteriosa capaz de embelesar a cualquiera. Así, ya estés caminando por el abismo, huyendo de la oscuridad o viajando entre bosques o ciudades, tu mirada se suma a la obra y te convierten, sin esfuerzo alguno, en un viajero más. En una pieza más de esos intrínsecos puzles capaces de envolverte con la magia más poderosa de todas: la conexión entre corazones. Porque da igual qué piel tengamos o cómo sea nuestro cuerpo, todos somos seres con corazón, y será ese órgano el que consiga enlazarnos. 

A todos estos elementos debemos sumarle unos últimos apuntes. Somali and the Forest Spirit no funcionaría tan bien si no fuera por el tiempo que emplea para narrar su historia, uno que no teme a las pausas ni tampoco al silencio. Un esquema que repite en cada uno de sus episodios y que fragua lo ya creado en la obra original. Un título con un arte completamente único y abrumador que, de nuevo, se ha conseguido trasladar a la pantalla a través de una paleta de colores de lo más exquisita y gustosa dejando claros y oscuros marcados por el brillo y la magia de sus elementos más característicos. Una tarea que corre a cargo de Satelight (Hakata Tonkotsu Ramens, Caligula) pero también de la impronta de Vincent Nghiem —director de arte— y Chiho Nakamura —diseño de color—. Es cierto que la animación propiamente dicha de la adaptación animada es algo escasa y no excelsa en detalles, pero es su esfuerzo por crear belleza y la delicadeza en sus movimientos lo que la convierte en una producción muy a tener en cuenta. Un proyecto que además se ve amenizado por las notas de Takatoshi Hamano en cada uno de sus episodios.

A lo largo del año se estrenan infinidad de producciones —demasiadas me atrevería a decir— pero pocas de ellas consiguen hacerse un hueco en nosotros, templar nuestros corazones y contarnos una fábula de cómo unir lazos entre especies. Una tarea que ha logrado a la perfección Somali and the Forest Spirit y que, sin duda, deberemos pasar a examen cada jueves para conocer cuál es el siguiente destino que transitar hasta que Somali regrese a su verdadero hogar o Golem se desprenda de todas y cada una de sus piezas. Un destino que, costará asumir y que, para sorpresa de todos, podría llegar a cambiar si las tornas del sino abrazan las emociones de los corazones latentes de la obra.

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Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.