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Crítica de Quiero comerme tu páncreas imagen destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

QUIERO COMERME TU PÁNCREAS

«El funeral de mi compañera de clase, Sakura Yamauchi, tuvo lugar un día lluvioso. Algo poco apropiado para la clase de persona que había sido en vida. Como testimonio del valor de su vida no fueron pocos los que derramaron lágrimas durante el velatorio y el funeral; a ninguno de los cuales yo asistí. Permanecí en casa todo el tiempo. El último mensaje que le mandé era muy corto, de una sola línea. Desconozco si lo llegó a leer.»

El mensaje decía lo siguiente: “Quiero comerme tu páncreas”. Casualmente esa última frase que nuestro protagonista y, de una forma u otra, narrador particular de la historia; coincide exactamente con el título del largometraje que tenemos ante nosotros. Cuatro palabras que según con qué pinzas se cojan podrán significar una cosa u otra. Yo he preferido investigar e ir algo más allá, dejar los “ghoulismos” de lado e intentar buscar a qué se refieren cuando hablan de comerse un páncreas. Lejos de todos los significados relacionados con el canibalismo que puedas encontrar en tu cabeza o en internet, el verdadero mensaje de estas cuatro palabras reside en una curación. Sakura Yamauchi, la coprotagonista de la película, padece una enfermedad terminal relacionada con su páncreas. Su órgano ha dejado de funcionar, y según una de tantas leyendas, dicen que si alguien enfermo se come el órgano de otra persona sana, éste se cura de manera “mágica”. Una metáfora que alude al título escogido para la obra y que, en más de una ocasión, aparece ante nosotros en la cinta. Un primer paralelismo que nos deja claro ante qué tipo de producción estamos y que, a pesar de tratar un tema tan doliente como la muerte, nos expone una firme oda a la vida. Un canto por aquello que tenemos todavía por delante y que dependiendo de las circunstancias, dejamos pasar sin más.

Crítica de Quiero comerme tu páncreas Sakura y Haruki comiendo - El Palomitrón

Quiero comerme tu páncreas no nace directamente en la pantalla, fue Yoru Sumino en 2015 quién lanzó la obra por primera vez al público, aunque lo hizo a través de una novela. Un producto que en sus dos primeros años de vida cautivó al público de tal forma que consiguió convertirse en un best seller con más de 2,6 millones de ejemplares vendidos. Algo que hizo que en los próximos años su obra pasase por pantalla a través de un live-action y se adaptase también en formato manga que actualmente encontramos en nuestro país gracias a ECC Ediciones. Pero fue en 2018 cuando Shinichiro Ushijima (One Punch Man) decidió dirigir y guionizar la obra de Yoru Sumino para trasladar su historia a la gran pantalla, aunque en esta ocasión lo haría a través de una versión animada; consiguiendo así una de las mejores adaptaciones de la historia original encogiendo más de un corazón y siendo consciente de todas las lágrimas que dejaría caer.

Nos encontramos ante las memorias de Sakura Yamauchi. Una adolescente que padece una enfermedad terminal relacionada con su páncreas; una enfermedad que tan sólo conoce su familia y, por circunstancias de la vida, un compañero de clase. Un compañero que, con el paso del tiempo, se convertirá en su sustento vital. En esa persona con la que compartir todas tus alegrías, pero también todas tus penas. Ese chico del que hablamos, y del que preferimos no desvelar su nombre, descubre la enfermedad de Sakura a través de su diario, un libro que titula “Vivir con la muerte”. En él relata que le han diagnosticado una enfermedad pancreática terminal y que ha decidido no contárselo a nadie para así exprimir al máximo el tiempo que le queda de vida. Una experiencia que cada día escribirá sobre sus páginas y que algún día, serán o no, leídas por alguien especial. A pesar de su desdén inicial, la actitud dinámica y tenaz de Sakura hace que el corazón de nuestro protagonista se vaya ablandando poco a poco, dejando su timidez de lado y haciendo que la vida de su amiga cada día le importe más y más; y a su vez, se fragüe entre ellos una especie de relación que todavía está por definir entre una adolescente enferma y un joven solitario y retraído. Una relación sin nombre que definirá, entre risas y llantos, la verdadera historia de Quiero comerme tu páncreas.

Crítica de Quiero comerme tu páncreas Sakura - El Palomitrón

Uno de los elementos con los que juega la cinta, tanto en su metraje como en su cartel promocional, son las flores de cerezo; en concreto, el florecer de éstos. Un acto que se produce en primavera cuando celebran el hanami en Japón. Por unos días las ciudades se empapan de las flores de sakura; parece que la lluvia se tiña de rosa y se deje caer en los pétalos de las flores. Pero este suceso dura muy poco, tanto que se podría tachar como efímero ya que, tras una semana del apogeo, los pétalos caen por el viento o la lluvia. Las ciudades dejan de ser rosas y todo vuelve a la normalidad. Una analogía que, de una forma u otra, representa cómo elige vivir Sakura sus últimos atisbos de vida. Es cierto que su vida no se puede comparar con el hanami, pero sí lo efímero que es todo al final. Quiero comerme tu páncreas es un canto a la vida, un grito por la lucha de querer seguir adelante teniendo incluso, frente a frente, una enfermedad terminal. Sakura es un personaje que no sólo se muestra como una idea digna de alabar, sino como un objetivo que alcanzar. Una meta que, tras el paso de los días y los meses, parece que llega incluso al corazón impenetrable de nuestro protagonista y le hace comprender qué es vivir. Qué significa realmente la vida. Y justamente este mensaje es el que, a través de la sakura, los bailes más absurdos o los fuegos artificiales más intensos; te trasmite la obra. Desde el minuto uno hasta el final. Incrementando esa sensación, haciéndote palpitar y creando en el espectador esa necesidad de reflexionar. De pensar qué es exactamente la vida y qué significa realmente vivir.

Hace cinco años exactamente, John Green nos dejaba con una historia paralela a la que estamos viviendo ahora mismo. Hablamos de Bajo la misma estrella. Un relato que también nos enseñaba, a través de un adolescente compungido y una joven enferma, qué valor tiene la vida. Una historia comparable a ésta en cuanto a términos de sensaciones, de enseñanzas. Porque tanto una obra como otra tienen ese valor añadido. Ese valor que, por irracional o frívolo que nos parezca, baila con la muerte para demostrarnos qué es vivir. Parece que el ser humano tan sólo se da cuenta del valor de algo una vez ha perdido ese “algo”, y en ambos casos esa pérdida se representa a través de una persona; a través de una vida. Resulta incluso demencial pensar en el valor de la vida una vez ésta ha sido arrebatada, ya sea por un accidente o por una enfermedad, pero es esa idea la que intentan moldear ambas obras. La idea de saber valorar tu día a día, por aburrido o monótono que sea. La idea de saber reírse incluso de los aspectos más complicados. La idea de no mostrarte triste ante el mundo. La idea de, aunque sea solo a ratos, ser como Sakura o como Hazel.

Es cierto que la obra se plantea como un drama adolescente a primera vista, pero a lo largo de sus 110 minutos de metraje el mensaje se diluye y surgen multitud de temas con un fin en sí mismo. No es una película dirigida a los niños por la profundidad de su mensaje; no la tacharía como prohibida, pero sí con un revisionado obligatorio años posteriores para comprender realmente su significado. A modo personal creo que estamos ante una obra de corte adulto que se debe valorar tal y como es. No veo necesario tener que mentir en su mensaje o dejar tan sólo las palabras bien sonantes; Quiero comerme tu páncreas es una postulación ante la vida, un grito desgarrador que nos enseña qué es vivir. John Green se atrevió a lanzar su mensaje en 2012, y en esta ocasión Shinichiro Ushijima recrea la obra de Yoru Sumino, para, a través de Sakura, contarnos cómo deberíamos vivir. La película en sí misma no nos va a dotar de las claves necesarias para seguir adelante como si nada pasase, pero sí que nos mostrará el mensaje necesario para reflexionar sobre aquello que más nos concierne a los humanos.

Crítica de Quiero comerme tu páncreas Sakura en la playa - El Palomitrón

Realizando una de las mezcolanzas mejor logradas de los últimos meses, Quiero comerme tu páncreas recrea las memorias de Sakura a través de una realidad desgarradora que también cuenta en su haber con momentos de humor; uno que en ocasiones puede resultar adorable, pero en otras, algo extenuante. No estamos ante una historia de amor convencional sino que nos encontramos ante dos personas que deciden pasar un tiempo de su vida juntos; retroalimentandose, aprendiendo el uno del otro y compartiendo, entre abrazos y sonrisas, ese tiempo que se resume como vida. Gracias al excelente trabajo de Studio VOLN (Ushio and Tora, Karakuri Circus) y la banda sonora de Hiroko Sebu (Marmalade Boy) contamos con uno de los telones de fondo más bonitos de los últimos años, ya que la cinta no solo luce realmente bien sino que suena acorde a cada momento y cada situación; dejando las notas más suaves para encoger el corazón y las más altas para robarte el alma completamente. Es cierto que en determinados momentos la animación puede no ser perfecta, pero gracias al trabajo de fondos y el colorido de la propia cinta, Quiero comerme tu páncreas resulta realmente exquisita en términos de calidad. En muchas ocasiones los autores deciden exponer temas tales como la vida y su valor, pero pocos se atreven a hacerlo como Shinichiro Ushijima. No estamos ante una premisa especialmente novedosa, pero la fuerza de la relación entre los personajes y la satisfactoria forma en que concluye hacen que Quiero comerme tu páncreas se convierta en una historia memorable con un mensaje eterno. Y para ti, ¿qué significa vivir?

LO MEJOR

  • Cómo Shinichiro Ushijima da vida a la obra de Yoru Sumino.
  • El mensaje final que plantea la obra a lo largo de todo su metraje.
  • Una hermosa animación bañada por los tintes rosáceos de Studio VOLN.
  • La presencia sonora de Hiroko Sebu.

LO PEOR

  • Mostrar una realidad tan desgarradora que llega a doler
  • El juego 2D/3D que se produce en determinadas secuencias.
  • El doblaje en castellano; no casa perfectamente y te puede desviar del argumento principal.

Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.