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Crítica de Psycho-Pass 3 destacada - El Palomitrón
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PSYCHO-PASS 3: DE LA DESDICHA DE ÍCARO AL RESURGIR DEL FÉNIX

Cuesta pensar en Psycho-Pass sin hacerlo también en Gen Urobuchi. El que fuera guionista en la primera y superlativa primera temporada de la serie, en Psycho-Pass: La película, y después supervisor en Psycho-Pass 2, permanecerá eternamente ligado a la franquicia cyberpunk de Production I.G. Porque aunque actualmente no esté en ella, muchos aún esperan un triunfal regreso. Si Psycho-Pass dejó una incuestionable huella en el medio durante la serialización de su primera temporada fue, en gran parte, culpa del escritor japonés. Porque todo en Psycho-Pass funcionaba como un reloj suizo, y la conjunción de todos sus puntos fuertes demostraba que en términos de escritura había —y hay— pocos contendientes con las habilidades suficientes como para aguantar su pulso. Por eso Psycho-Pass 2 partiría con cierta desventaja, con un público que no tardaría en crucificarla con un furor quizá desmedido. Porque incluso a pesar de sus evidentes errores, era una experiencia superior a la media de producciones. Con Psycho-Pass se había conseguido tocar el cielo, pero había que volver a poner los pies sobre tierra firme

Su secuela fue la primera en hacerlo, en desacostumbrar al público de la excelencia proyectada anteriormente. Un golpe duro, desde luego, pero certero si se consigue hacer cambiar la óptica, la visión del futuro de la franquicia más allá de estériles e interminables comparaciones. Tras el estreno de la película en 2015, que volvía a contar con Urobuchi y jugaba con un buen fanservice como reclamo, un halo de silencio acompañó la franquicia durante varios años, concretamente hasta el anuncio en 2018 de Psycho-Pass: Sinners of the System, una trilogía de largometrajes que allanaba el camino para una nueva iteración. El futuro de la franquicia debía ser moderadamente disruptivo, había que sacudirse de gran parte de los vestigios del pasado para lograr avanzar. Para no caer en la abusiva reiteración. Y eso es precisamente Psycho-Pass 3, una entrega que no teme por dejar cosas atrás, pero que tampoco olvida de dónde viene. Una entrega que es, sobre todo, consciente de sí misma. 

Crítica de Psycho-Pass 3 Akane - El Palomitrón

Psycho-Pass 3 comienza jugando con la herramienta del desconcierto. Un monólogo de Akane Tsunemori repasa rápidamente los cimientos de Psycho-Pass, qué es el Sistema Sibyl y cómo Japón terminó aislándose del resto del mundo fraguando la engañosa y embelesada utopía con alma distópica que ya conocemos. Entre sus líneas se habla de los costes, de aquello que hemos perdido y olvidado en el proceso; todo mientras el plano alterna sutilmente entre el nuevo tándem protagonista. Uno en completa soledad, el otro acompañado por una mujer. Ambos parecen mirar algo con cierto halo de melancolía. «Las respuestas se encuentran en la oscuridad», recita una Akane que cierra el soliloquio apuntando que estas mismas se encuentran junto a los auténticos crímenes que asolan la sociedad. La oscuridad como escenario, como manto que cubre y otorga silencio. La misma oscuridad que rodea el ambiente donde se encuentra la ahora ex-inspectora. Una celda, una instalación de máxima seguridad, un crimen y un juicio a vista. ¿Acaso la brújula de la moralidad ha perdido el norte?

Tras ese fugaz desconcierto inicial, un trayecto en coche que se sirve de lo onírico para crear más confusión y alentar la búsqueda de la verdad. La distorsión de la realidad y los rostros con máscara de depredador se esfuman para volver al escenario real. Los dos pasajeros se acercan a la que será su primera escena. El accidente de uno de los drones de transporte más grandes del mundo supone el punto de origen de esta tercera temporada. Un desafortunado accidente en apariencia que esconde algo más, pues entre bambalinas se cuece toda una declaración de guerra contra el sistema. Bajo la oscuridad y el frío que aporta una grisácea noche de lluvia, Psycho-Pass 3 despliega su versión más reminiscente a entregas anteriores. Arata Shindo y Kei Mikhail Ignatov se presentan como los nuevos inspectores de una muy renovada División 1 tras las ausencias de Akane, encarcelada, y Mika Shimotsuki, quien ahora ostenta un cargo directivo dentro del Ministerio de Bienestar. En poco espacio de tiempo irrumpe en escena el furgón que transporta a los ejecutores, a los «perros de caza». Y, de nuevo, rostros nuevos casi en su totalidad. Este punto de partida demuestra que Psycho-Pass 3 es honradamente deudora con sus antecesoras, pero también avisa de algo: debemos pasar página.

Psycho-Pass 3 define rápidamente su nuevo status quo y deja ver que se ha aprendido de los errores cometidos en el pasado. Si en la segunda temporada de la franquicia el tándem protagonista nunca estuvo en sintonía y la interacción entre el elenco era menor y menos profunda que en Psycho Pass, en esta entrega hay claros síntomas de cambio. Empezando por el nuevo dúo protagonista, Arata y Kei, dos jóvenes dispares que se complementan a la perfección. Son la «mente» y el «cuerpo», uno más versado en psicología criminal, empático y con unas habilidades mentales especiales que le permiten emular el pensamiento de cualquier criminal; el otro, de gran tenacidad y experto en habilidades militares. Ambos, unidos desde que eran críos, se verán envueltos en una serie de enrevesados casos donde el último fin es el de perseguir la verdad. Pero, ¿qué verdad? ¿La verdad de la que habla Akane Tsunemori? ¿La verdad tras el Sistema Sibyl? ¿O quizá la que atañe a sus vínculos familiares? Porque ambos perdieron a gente que amaban; Arata a su padre —un miembro importante del Ministerio de Bienestar— y Kei a su hermano. Un fatídico caso en común que sirve como leitmotiv para los dos jóvenes inspectores. 

La nueva iteración de Psycho-Pass abre continuamente nuevos frentes narrativos que descuelgan de una trama mayor que promete mantener parte de su hermetismo hasta la recta final de la producción. Mientras, Naoyoshi Shiotani —un fijo en la dirección de toda la franquicia— aprovecha el nuevo clima que respira la producción para impregnar la narrativa de la obra. Psycho-Pass 3 es ahora mucho más directa a nivel de trama, se olvida prácticamente de su vertiente más filosófica y busca elevar el tono de una propuesta que es más thriller policial que nunca. Hay decoro, por supuesto —ahí están las referencias a los mitos griegos—, y el atractivo de su contexto sci-fi sigue explotándose, pero sus intenciones ahora son otras. También influye el hecho de que no exista una figura antagónica al uso como había ocurrido hasta ahora; Shogo Makishima y Kirito Kamui eran individuos asintomáticos cuya existencia marcaba los puntos débiles de un Sistema Sibyl que se presuponía perfecto. Carismáticos individuos que buscaban quebrar el sistema. Si Psycho-Pass y su secuela exploraban la fragilidad de aquello que lo gobierna todo a través de asesinos de matriz imperturbable e individuos que buscaban el reconocimiento como colectivo, esta temporada se aleja de figuras unipersonales y abraza la inmoralidad grupal. Una que se cobija bajo el sello de Bitfrost, organización criminal clandestina cuyo propósito no es otro que el cambio de los paradigmas sociales y ostentar el máximo poder a través de la corrupción.

Ocultos, indetectables, sus miembros se vanaglorian de los logros conseguidos a través de peculiares métodos. Porque para ellos el mundo real no es más que un enorme salón de juego donde los peones marcan el transcurso de las apuestas. Son los titiriteros entre bambalinas, los que moldean la sociedad a su gusto haciendo acopio de una retorcida gamificación. Su papel, su presencia, tiene un gran componente de realidad; Bitfrost es solo un nombre cualquiera, detrás están las manos que mueven los hilos: manipulación de mercados, influencias sobre actos democráticos como las elecciones políticas, etc. Su alcance no conoce de límites, y su perspicacia es lo suficientemente aguda como para no dejar un rastro que pueda olfatear Sibyl. Claro que sus manos están manchadas de una sangre cuyo escarlata nunca desaparecerá, pero su actuación nunca es directa, nunca asesta el golpe final. ¿Cómo detectar a alguien que asesina indirectamente y, por ende, lo hace sin enturbiar su matriz? Psycho-Pass 3 sigue explotando las vulnerabilidades de su gran creación, pero esta vez lo hace desde una perspectiva mucho más real y cercana. Porque sus villanos también son los nuestros.     

Y como si de una representación teatral se tratase, la primera división encarnaría la piel del perro Lélape, mientras que Bitfrost la de la zorra teumesia. Cazador y presa condenados a vagar eternamente en un ciclo sin fin, creadores de una paradoja. Pero si existe un elemento de la ecuación dispuesto a marcar la diferencia ese es Arata Shindo. La faceta procedimental de la serie gana enteros al nutrir la narrativa de la producción de un ambiente propenso al onirismo. Porque Arata tiene mucho en común con el agente Will Graham de la excelentísima serie Hannibal (Bryan Fuller), no en cuanto a personalidad, pero sí en lo relativo a interpretar crímenes y vestir los hábitos de criminal y víctima. Es un «mentalista», alguien con la increíble capacidad de cruzar fronteras que nunca antes se habían cruzado, no al menos sin salir maltrecho. Porque cuando todo se cubre de oscuridad y el sonido de la lluvia se intensifica, es fácil perderse y abandonar la claridad propia de una mente sana. Así, la serie aprovecha la condición de su protagonista para sembrar incógnitas: ¿Puede una matriz con sus características resistir los embates de la inmoralidad? ¿Es Arata otro caso de individuo asintomático?   

Crítica de Psycho-Pass 3 ejecutores - El Palomitrón

Pero el juego que aportan las peculiaridades de Arata no es síntoma de un posible abandono del factor coral de la obra. Como decía líneas atrás, Psycho-Pass 3 es consciente de los errores del pasado, y por ello no vacila a la hora de desarrollar personajes —aunque sigue habiendo margen de mejora— y explota tanto las dinámicas de grupo como algunos problemas de su sociedad a través de ellos. Porque Kei Mikhail Ignatov —originario de Rusia y con nacionalidad japonesa— es el conducto perfecto para explorar el auge de una discriminación que fija su diana en el inmigrante y lanza un dardo de agudo odio hacia él. Los foráneos son vistos como el mal dispuesto a enturbiar su equilibrio perfecto, su estatus de privilegio y salud mental. De nuevo, cercanía y realidad. Pero la migración no es el único foco conflictivo que trata la obra, también habla de otras problemáticas a través del dúo de ejecutores compuesto por Tenma Todoroki y Kazumichi Irie. El primero, un veterano inspector proveniente de una influyente y poderosa familia obsesionada con la pureza de los genes; eugenesia aplicada en términos de salud mental y donde la oscilación de la misma es motivo de eterno repudio y vergüenza. El segundo, un ex-criminal malhablado de buen corazón procedente de uno de los barrios marginales no monitorizados por Sibyl —por voluntad del mismo—, nidos de criminales latentes cuya idiosincrasia cumple un papel en la sociedad, que decide abandonar su libertad en pos de ayudar a los más desfavorecidos desde dentro del sistema.  

Así, esta tercera temporada ofrece una interesante miscelánea de personajes cuyas personalidades y peso en la trama crecen conforme esta última prosigue mientras sus ramificaciones se entrelazan apuntando hacia un único lugar. Porque todo parece concurrir en torno el misterio de Akane Tsunemori. Baza argumental que se apoya en un secretismo que apenas esclarece y que parece querer explotar de cara al clímax de la temporada. Entretanto, Psycho-Pass 3 brinda una experiencia más refrescante como procedimental y más sólida por la estructura empleada: ocho episodios de alrededor de 45 minutos donde cada caso o pequeño arco argumental vendría a ocupar una cuarta parte del metraje total. Su ritmo en ocasiones pausado tiene menor impacto al contar con esta disposición, aunque, por el contrario, también se busca elevar el compás a través de la grandilocuencia de sus escenas de acción: uno de los aspectos más llamativos de la temporada. La franquicia cyberpunk de Production I.G nunca se ha caracterizado por grandes proezas en este apartado —tampoco ha sido nunca su objetivo—, pero Psycho-Pass 3 aprovecha el aparente mayor presupuesto y tiempo de producción para brillar en un campo que la hace ser más efectista. Coreografías hipnóticas y atención hasta el más mínimo detalle; el regreso de la utopía sci-fi de la década viene acompasado por un envoltorio increíblemente bien cuidado que la hace destacar hasta en las facetas más secundarias.  

Crítica de Psycho-Pass 3 Arata Shindo 2 - El Palomitrón

Psycho-Pass 3 es toda una declaración de intenciones para con el futuro de la franquicia.  La fórmula sigue funcionando, pero la regeneración era necesaria, un ligero cambio de aires que deriva del atrevimiento de Shiotani y su equipo por incurrir en los cambios pertinentes. Había que mirar hacia el futuro dejando poco a poco el pasado atrás. Un cambio generacional que nunca olvidará y que rendirá tributo a quienes construyeron los sólidos cimientos. Así lo demuestra la producción con un fanservice bien medido y empleado que seguro satisface a la inmensa mayoría de seguidores. Esta tercera temporada tiene menor espacio para el debate filosófico y la sutilidad, virando hacia una propuesta más directa y efectista; pero, aun con todo, la producción supera su ecuador dejando un gran sabor de boca y sacando a la palestra temas tan realistas como la inmigración, la discriminación, la política o la religión imperantes en un universo todavía con potencial. La narrativa de Psycho-Pass 3 tiene especial interés en establecer analogías con ciertos mitos griegos, pero si llevamos este recurso a la propia franquicia el resultado sería un combinado de vida y muerte, pero también de resurrección. Porque Psycho-Pass 3 no es más que el ave fénix resultante de las cenizas de un joven Ícaro que surcó el azul del cielo hasta tocar el sol y caer en desdicha

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Edu Allepuz

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2 COMENTARIOS

  1. Un tremendo placer haber leído esta crítica. Realmente se nota la crítica “profesional” a mi modo de ver. Edu Allepuz, demuestras que el trabajo que haces, es realmente con amor al arte. Hacía tiempo que no leía una crítica tan constructiva, mis enhorabuenas y sigue así. Saludos

    • Muchas gracias por tus palabras Iván, siempre anima leer a alguien que le gusta el trabajo que haces :). Desde aquí seguiremos trabajando como hasta ahora para intentar ofrecer siempre lo máximo de nosotros.

      ¡Un placer leerte y que te pases por aquí!

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.