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Crítica de Megalo Box 2 Nomad destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

MEGALO BOX 2 NOMAD: EL BELLO CANTO EN LA TRAVESÍA DEL DESIERTO

En 2018, Japón celebró el medio siglo de historia de una de las obras más emblemáticas de la industria del manga: Ashita no Joe. Autoría de Ikki Kajiwara y Tetsuya Chiba, la obra de marras ya había sido adaptada con éxito previamente en forma de serie animada, pero un aniversario tan especial como ese no podría festejarse sin un evento a la altura. El evento, el acontecimiento, no fue otro que el estreno de Megalo Box, una especie de reimaginación de la obra original que buscaba el guiño, ejercer como tributo a una leyenda, pero también tratar de encontrar su propia identidad. La serie, dirigida Yoh Moriyama —más conocido por sus labores en las parcelas de animación y diseño de personajes— y a cargo de TMS Entertainment, culminó sobresalientemente un viaje de superación que basculaba entre la acción propia del género deportivo y el drama más humano. Tal y como hiciera Ashita no Joe, Megalo Box buscaba brillar también fuera de los focos del ring, de los flashes del mar de cámaras que fijaban sus objetivos en las grandes estrellas del deporte. El factor humano de la obra era el pulmón de la serie, lo que le permitía coger el suficiente aire como para golpear con certeza justo después. 

Megalo Box era una producción cuya narrativa se acogía a los tropos del género, a los giros y recursos que cualquiera que haya visionado un par de filmes mainstream de boxeo podía olerse a leguas. Pero, incluso así, sus personajes eran lo suficientemente interesantes como para dejarse llevar y contagiarse del mensaje principal de la obra: el de la esperanza para los desesperanzados. Su protagonista, Joe, era una propia alegoría del mismo, un perro callejero mordiendo más de lo que sus fauces pueden acaparar; ocupando un lugar inaccesible para los de su clase. La producción de TMS Entertainment introducía un interesante componente social y de lucha de clases en un contexto futurista que, lamentablemente, mucho tenía que ver con el nuestro.

Crítica de Megalo Box 2 Nomad Joe - El Palomitrón

Dejando atrás el tributo

La historia de Joe y su ascenso dentro del Megalobox llegó a su conclusión, y aquello que originalmente fue concebido como un tributo, como una celebración, se quedó a las puertas de sellar su propia identidad. Por eso, cuando se anunció la producción de una secuela, gran parte del público probablemente se preguntaría el por qué de aquella decisión. Megalo Box 2: Nomad parecía ser la secuela que nadie pidió, pero es, muy probablemente, la secuela que todos necesitábamos y ni siquiera sabíamos. Megalo Box tenía los mimbres para atreverse a ir más allá, pero quizá no lo vimos con claridad. Su secuela, Nomad, es el luchador por el que nadie apostó y que, contra todo pronóstico, termina alzándose con el cinto de campeón

Y lo es porque podría haberse quedado en la cima, en el clima de euforia tras el ascenso. Pero toma la decisión de derrumbarlo todo, de tomar un giro de 180 grados y abrazar un tono mucho más sórdido y áspero; un descenso a los infiernos de la vida humana donde poco espacio queda para la esperanza y demasiado para el odio, la autoflagelación emocional y la muerte. Megalo Box 2: Nomad sigue los pasos de Joe, pero éste ya no es aquel «Gearless Joe» que pasó de oruga a mariposa y voló victoriosa alrededor del mismo fuego solar. Ahora se hace apodar «Nomad», y no es más que un paria sin un hogar al que volver; una mera sombra de lo que antaño fue. Ha pasado un lustro desde su gran hazaña, y ahora Joe deambula entre moteles de mala muerte y peleas clandestinas a la sombra de la civilización. Un lustro de decadencia donde la única compañía parece ser la botella de alcohol, y los únicos confidentes, los analgésicos que calman su dolor: tanto físico como emocional. En lo deportivo, aún es alguien, aún atesora victorias; en lo vital, está condenado a perecer, dispuesto a ser engullido en la espiral autodestructiva en la que se encuentra con tal de olvidar.

Megalo Box 2: Nomad es, en esencia, la contrapartida de la primera iteración. Si en la producción de 2018 se narra un relato de superación deportiva y crecimiento personal con varias pinceladas de drama, esta secuela rompe con el tono y se abona completamente al drama para ilustrar la decadencia de un hombre roto al que no le queda nada por lo que luchar. No está Nanbu, tampoco Sachio, y un enorme sentimiento de culpabilidad es la sombra que le persigue donde quiera que vaya. Nomad comienza in media res, en uno de tantos combates que preceden a una de tantas noches bañadas en alcohol. El guion se detiene de manera notable en las miserias de su protagonista: en las fuertes jaquecas, temblores y desmayos; en los intentos de renunciar a la droga y caer rendido de nuevo ante su dulce y falso bienestar; en lo fútil e intrascendente del deporte, ahora una mera herramienta capitalista despojada de cualquier cariz simbólico. El guion de Nomad no se corta a la hora de mostrar el nuevo statu quo, y tampoco tiene demasiado interés en mostrarse críptico. Los motivos que empujaron al vacío a Joe no tardan demasiado en comenzar a vislumbrarse, pero en sus primeros compases Nomad no se detiene apenas en ellos. Más bien emplea las consecuencias directas de éstos para construir un leitmotiv narrativo que apunta al resurgir del propio Joe.

Los fantasmas tararean un réquiem

Y para construir la propia redención de su protagonista, Megalo Box 2: Nomad recurre con increíble tino a temas tales como el racismo y la inmigración. La producción de TMS Entertainment abraza dicha temática social para explorar otras facetas de su mundo mientras desarrolla a Joe. La inclusión de Chief, un boxeador que termina batiéndose en duelo con el antaño campeón, es el punto de viraje que toma la serie para introducir a una pequeña comunidad migrante que trata de sobrevivir como puede a merced de la intransigencia, el odio y los intereses económicos de las clases privilegiadas. Sorprende la dirección de la producción, audaz en cuanto a comentario social se refiere, increíblemente certera a la hora de ilustrar comportamientos y realidades que, lamentablemente, tienen gran vigencia en nuestra realidad. 

Crítica de Megalo Box 2 Nomad Chief - El Palomitrón

Joe encuentra en Chief un apoyo, un amigo en el que confiar; su relación es un nuevo punto de partida, la línea de salida del ascenso tras la caída. Poco a poco, Joe deja de ser un nómada sin hogar ni anhelos, y encuentra en la pequeña comunidad de Chief un lugar por el que vale la pena luchar. Su lucha ahora es distinta, más íntima y desde el exterior del cuadrilátero, pero más vital si cabe. Se trata de salvaguardar la dignidad, de que no se pisoteen los derechos humanos. La victoria de Joe en Megalonia fue un símbolo de esperanza e inspiración para muchos inmigrantes —como el propio Chief—, queriendo creer que el mundo podría tener también un lugar para ellos. Sin embargo, el gran campeón pareció no darse cuenta de todas las lecturas de su triunfo, y es ahora, en pleno periodo de deconstrucción, cuando cobra conciencia de su papel en todo esto. Megalo Box 2: Nomad aborda lo social para redescubrir a su propio protagonista, para brindarle nuevos propósitos apelando al prisma más humano y solidario. Un necesario recordatorio de los orígenes de Joe.     

Hasta ver la luz…

Es este apartado narrativo el que claramente hace despuntar a esta secuela, que bien podría haber optado por un relato más manido, estático y sencillo. Máxime teniendo en cuenta que se trata de un producto de animación japonés, y precisamente la representación de minorías, la integración o la inclusión de comunidades migrantes son temáticas sociales que muy rara vez se exploran, menos todavía con tan buen tacto. Empero, en Megalo Box 2: Nomad forman parte de su núcleo, permean en la narrativa general de la obra, en su mensaje y en sus simbolismos. El propio ending de la temporada, «El Canto del Colibrí», es una clara muestra de ello; a parte de funcionar dentro de la propia diégesis, sus breves letras condensan a la perfección el mensaje de esta nueva iteración, deteniéndose, además, en la figura del colibrí y su simbolismo: lucha y hogar. Nomad presenta importantes cambios en cuanto tono y argumento, pero la banda sonora también experimenta una predilección por las composiciones latinas —la comunidad de inmigrantes parece ser de origen mexicano— en detrimento de las pistas de hiphop que poblaban la primera temporada. Este otro cambio de registro también está muy bien realizado, siendo el compositor mabanua quien vuelve a dejar su impronta como ya hiciera en el pasado.  

Crítica de Megalo Box 2 Nomad Chief 2 - El Palomitrón

Pero si hay una faceta de la producción que poco o nada ha cambiado de una parte a otra es la visual. Yoh Moriyama se mantiene firme en la decisión que tomara hace años de confeccionar una animación sólida, robusta, con un estilo visual adoptado deliberadamente para sentirse añejo, de la old school. A su clásica paleta de colores apagada y su dibujo de línea gruesa, da la sensación de que en Megalo Box 2: Nomad se intensifica, todavía más, el uso de filtros y técnicas para agrisar los elementos en pantalla, potenciando aún más la disonancia entre ambos tonos narrativos. Y a pesar de que, al menos por el momento, el peso de los combates es menor que en la primera parte, la producción sigue mostrando una notable ejecución, anteponiendo siempre la solidez por delante de la vistosidad. 

TMS Entertainment confecciona una secuela que, contra todo pronóstico, toma rutas alternativas y lleva su propuesta a cotas que pocos esperaban. Bajo una dirección excelente y un conjunto técnico absorbente, Megalo Box 2: Nomad destruye a su protagonista para hacerle volver a nacer; le hace perderse a sí mismo para reencontrarse. Es una historia de redención que encuentra en lo social el impulso narrativo para abordar una serie de aspectos de gran calado. Un relato más maduro y comprometido que socava el individualismo e ilustra metafórica y bellamente cómo el canto de un colibrí puede cambiar el sino de un perro callejero repleto de cicatrices.

«En el desierto un viajero de amor desesperado quería morir,

muy agotado ya iba a parar, pero un colibrí le cantó…»

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1 COMENTARIO

  1. Excelente reseña. Muy respetuosa y con un claro amor por esta segunda temporada que nadie creía necesitar. El colibrí nos levanta a todos, puede ser una causa social, una mascota, un amigo, un sueño. Lo importante es reconocer cuando uno fue o es el colibrí de otro/s.
    Saludos.

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.