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CRÍTICA: GORA AUTOMATIKOA

ANTECEDENTES

Es bastante probable que los productores de La gallina Turuleca fuesen los asistentes que más disfrutaron la gala de los Goya del año pasado, o al menos los que la vivieron con más tranquilidad; pues su cinta era la única que concurría al Goya a Mejor cinta de animación, y por tanto la ganadora automática del preciado cabezón. Y no es que el COVID tuviese algo que ver porque como otros años sin pandemia se presentaron otros cuatro títulos de animación a la candidatura, pero ninguno de ellos cumplía las normas para pasar el corte y en todos los caso se dio el mismo problema: se trataba de coproducciones que no llegaban al 20% de financiación nacional mínimo que exige la Academia para validar finalmente las candidaturas. Era la quinta vez que sucedía en la historia de la animación en los Goya, pero también suponía el germen para que David Galán Galindo, Esaú Dharma y Pablo Vara empezasen a desarrollar uno de los títulos más sorprendentes del año: Gora Automatikoa.

 

LA PELÍCULA

Como bien apunta Gora automatikoa en su inicio, somos parte de una sociedad que premia a los mejores, que defenestra a los mediocres y que nos empuja desde nuestras edades más tempranas a buscar un sitio entre los líderes. Una dictadura intensiva que funciona como una implacable puerta giratoria para generar frustración entre todos aquellos individuos que cada día ven como los demás sí son los mejores y ellos no. Un régimen que además de empujarnos a destacar también nos condena a consumir y contratar lo mejor: el mejor chuletón, el mejor cochinillo, el mejor coche, el mejor reloj, el mejor asesor, el mejor abogado penalista… todo está pensado para que nunca perdamos de vista que la excelencia es sinónimo de triunfo y reconocimiento social, y lo mediocre solo tiene justificación cuando es una elección deliberada del individuo que tiene al alcance de la mano algo mejor (como elegir esa Big Mac como capricho o placer culpable). Y los premios de la industria cinematográfica no son más que otro instrumento para normalizar este modelo de vida, y son la base de este cuaderno de irreverencias que es Gora Automatikoa, que de manera muy inteligente suple sus carencias técnicas con un discurso incisivo y corrosivo que lanza una crítica medida y meditada a las pulsiones individuales con la industria española cinematográfica y sus engranajes como telón de fondo.

Con notable habilidad, este largometraje de apenas 71 minutos logra construir un relato subversivo que usa las herramientas del sistema para posicionarse ante él y plantarle batalla. Un relato que además es inteligente al no perder de vista la propia autocrítica, encarnada en el deseo confeso de sus propios autores de levantar un Goya y sentirse el foco de atención en la alfombra de los premios, aunque solo sea por un día; y de manera más interesante en el mensaje que subyace durante todo el metraje de creerse ellos mismos más listos que el stablishment cinematográfico patrio, universalizando de manera definitiva la reflexión que despierta en el espectador al mostrarse ellos mismos como otros tres mortales que se creen más listos y más espabilados que el resto al jugar con las reglas para desmontarlas y ponerlas de su lado.

Por el camino, decenas de guiños y puyitas. Tanto al cine de Hollywood con el que nos hemos criado (Indiana Jones, Matrix, La historia interminable, Cristal oscuro…) como al nuestro (Camino, Mar adentro, Campeones…). Tanto a iconos del arte moderno como Warhol como a grandes figuras de nuestro panorama cultural (Tarazona, Los Javis, Enrique Lavigne, Dani Pérez Prada, la familia Trueba, Antonio Banderas o incluso Alejandro Sanz). Algunas de ellas más complicadas de encajar para el espectador medio y otras que en otros lares sociales no podrían ni concebirse sin el consiguiente ataque de los policías de la moralidad a la vuelta de la esquina.  Y todo bañado de una informalidad que apabulla en los tiempos que corren, todo certeramente calculado y plasmado gracias a un guion fresco y funcional que no persigue nada más allá que hacernos pasar un buen rato mientras retrata nuestras miserias colectivas.

El resultado es una de las películas más interesantes del recién clausurado 2021 y unos de los títulos que darán que hablar por derecho propio en la próxima gala de los Goya. Ya veremos si finalmente Gora automatikoa levanta  el cabezón, aunque ciertamente sería el momento que pondría la guindilla a la película y redondearía la jugada para elevarla a maestra.

 

 

ELLAS Y ELLOS

Los tres directores de la película son su protagonistas, y los tres bien parece que no interpretan papel alguno. Son como son, y sus momentos son de una complicidad total, tanto en el plano animado como en el de imagen real.

LA SORPRESA

La valentía disfrazada en forma de gag que encierra el trabajo, sin olvidarnos de su astucia para conectar con los protagonistas de nuestra industria.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Hay varios momentos impagables, pero ver a los tres protagonistas llorando en le patio de butacas tras atacar las estrategias sensibleras de algunas producciones para ganarse al espectador resulta tan verídico como la vida misma y subraya su afán de parodia de la que no se salvan ni sus propios creadores.

 

 

TE GUSTARÁ SI…

Estas harto de que las películas se produzcan en cadena y del buenismo que impera (y a veces asola) nuestra sociedad.

LO MEJOR

  • Su brillante guión
  • El punto de equilibrio en su sentido del humor, para no quedarse corto ni tampoco pasarse tres pueblos

LO PEOR

  • Quizá algunos espectadores no terminen de coger el punto a algunos recursos narrativos, especialmente si han pagado religiosamente su entrada…

 

Alfonso Caro

 

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.