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Darling in the FRANXX ha dado tantas vueltas que es difícil escribir estas líneas. El mero hecho de abrir una crítica de forma tan personal resulta algo extraño, fuera de lugar, pero es casi la única forma de hablar del nuevo trabajo de Trigger. Porque mientras su esencia nos dice que sigue allí, su giros parecen decirnos que está perdida.

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De hecho “Jian”, su capítulo 15, fue prácticamente el último gran pilar de la serie. Desde entonces mente y corazón, guión y dirección, han combatido por quedarse con lo mejor que puede ofrecernos Darling in the FRANXX. Pero incluso así, su vigésimo segundo episodio lleva un punto más allá esa confrontación. Hasta un punto donde cada línea es borrada hasta tres veces antes de llegar a un punto final. Porque este último capítulo es un arma de doble filo.

El nuevo Jian

Zero Two está viva. Coged aire y repetid: Zero Two está viva. Si bien, eso es lo que me gustaría decir porque, por mucho que un servidor haya criticado la evolución de la obra en los últimos episodios —haciendo hincapié en como ha perdido la oportunidad para insistir en la evolución de sus personajes— es innegable que la chica se ha ganado cierta posición.

Su evolución es de lejos la más importante y ha pasado por varias fases. Ella ha protagonizado, casi por completo, su juego de metáforas. Ha trascendido su forma para lograr ser humana, superando cualquier obstáculo que se cruzase en su camino por alcanzar, no la condición de persona, sino la de la figura del amor. De su amor — su “cariño”.

Y es por esto que ver a la chica en ese estado es doloroso. Porque pese a que la obra la convierte en sacrificio, en la heroína final, no podemos evitar verla postrada. Observando las estrellas. No solo incapaz de vivir, sino también incapaz de luchar. Y es que si nos fijamos en la escenas de Strelitzia Apath combatiendo en el espacio podremos ver que no hace más que servir de escudo. No responde, no se mueve, no ataca — no puede hacerlo sin un piloto. Zero Two es solo un sacrificio. El resultado de una promesa de amor.

Y ahí lo tenemos, todo lo que se anticipó en la anterior crítica. Las páginas en blanco, el futuro incierto —abierto, esperado a ser escrito, reescrito— y la chica atrapada de nuevo. Esta vez de una cárcel de la que no es posible escapar sin una llave. Un Klaxo Sapiens.

Porque Zero Two y Hiro son un ente en si mismo, son el pájaro de Jian. La criatura que solo puede volar cuando partes de la pareja se unen. Así, si ella evoluciona, el lo hace también. Por eso la escena en la que Hiro muestra sus cuernos, sus ojos, resulta tan poderosa. Porque sí, no deja de ser un crío egoísta e incapaz de pensar en el resto de sus compañeros. Pero, por una vez, tienen la oportunidad de decidir.

Construyendo un nuevo futuro

Pero no adelantemos acontecimientos. Porque Darling in the FRANXX 22 bebe mucho de sus primeros episodios. Hay una serie de paralelismos, un deje emocional, nostálgico, que se remite a los orígenes de la serie. Encierra una gran cantidad de pequeños detalles que ahora entendemos, de los que somos al fin conscientes. Como si ahora recordarse que tiene un plantel de actores y actrices, todos con sus preocupaciones, sus temores. Sus personalidades.

Y es en algo en lo que brilla de nuevo. Porque el Escuadrón 13 sobrevive a la batalla alienigena y consigue establecerse de nuevo. Ahora, y como se ha esperado siempre, ellos son la semilla del cambio, de la esperanza. Donde Klaxo Sapiens y humanos cayeron, ellos toman el testigo y se preparan para levantar el nuevo bastión de la humanidad.

Y por eso es tan celebrado el regreso de Nana. Porque seguramente no haya personaje más humano en toda la obra que la chica. Es insegura. Se ve envuelta en una misión que le supera en creces pero aún así —de nuevo— lucha por seguir adelante. La escena en la que se levanta de la silla para abrazar a la chica (remarcando el momento al utilizar una actriz desconocida) es seguramente uno de los más importantes de toda la trayectoria de la serie porque nos dice que realmente pueden sentir. El viaje llega a su fin, la guerra casi ha terminado. El mundo está desolado, pero en mano de gente como Nana… hay esperanza.

Humanos de nuevo

Y hay que insistir en ello, porque hace sentir que Darling in the FRANXX ha vuelto. Porque el Escuadrón 13 lucha, por su propia cuenta, sin órdenes de ningún tipo. Porque se sobreponen a los Nine —enfermos y agónicos, sin la ayuda de a quien creían como soberano.

Pero lo más importante es como los personajes vuelven a cobrar vida y, por si no hubiese sido suficiente, su guión los aplasta sin compasión. Porque “Pioneros”, en la mayor parte de su extensión, es un lienzo de desesperación. La escena en la que Hiro persigue a Zero Two, pensando que había vuelto, la escena en la que Ichigo cae desmayada… pero también lo vemos en recursos más simples como esos planos en los que vemos como trabajan en el campo o en el pequeño descanso entre Goro e Ichigo.

Podría dedicar un análisis exhaustivo al episodio, pero empiezo este texto empieza a irse demasiado por las ramas. Y es que incluso me atrevería a decir que el episodio toma tintes de Ghibli, de La Princesa Mononoke —la maldición que destruye al mundo—, El Castillo Ambulante —los efectos de la guerra en sus personajes— o El Castillo en el Cielo —como convertir algo hermoso en simples máquinas de guerra—.

Incluso descubrimos que el Dr. FRANXX ha mantenido con vida a todos los niños no aptos. Como si la obra volviese a incidir en la redención del hombre. Casi como si se despidiese. Un último acto de fe de todos aquellos que han obrado en sus líneas y saben que pronto encontrarán su destino final.

Batalla final [Por ti, mi amor]

Pero el episodio, y por tanto su crítica, se encuentra lejos de terminar. Porque toca volver al inicio, al fin, al Jian. Porque incluso con Zero Two fuera de escena Trigger consigue pintar el drama, precisamente, con la ausencia del color. Con esas dos páginas aún en blanco, con ese destino incierto aún por ser escrito. Con el sacrificio final de la chica.

Y entonces Darling in the FRANXX juega su última carta del episodio. Porque mientras Goro descubre que Mistilteinn podría ser su salvación, Hiro descubre el paradero de Zero Two.

«Decidid si queréis pelear o aceptar vuestra ruina»

Las palabras de la última Klaxo Sapiens resuenan y la racionalidad se pierde en estos compases finales. No solo porque Zero Two se encuentre en el espacio, sino porque podría ser su última esperanza para salvar a la humanidad. Pero incluso así Hiro vuelve a actuar solo, se despide sin pensar en el resto, sin pensar en que no se encuentra solo en su baile. Incluso sin Zero Two, el resto del escuadrón sigue ahí, junto a él.

Y por eso, incluso aunque sepamos, minutos antes, que el viaje no lo realizará solo, el puñetazo de Goro tiene mucha más fuerza de lo que podría suponer. Por eso, aunque el doble filo reluzca de nuevo y sea algo tan inverosímil como un viaje a Marte, el puñetazo de Goro sigue prevaleciendo.

Y así lo hacen también las escenas que sirven de epílogo al episodio. El paralelismo con “Moratoria de estrellas fugaces” de nuevo —remarcando el intercambio de posiciones— y la ya mencionada escena de Nana.

Porque mientras Hiro desfila hacia lo que será la batalla final corazón y mente vuelven a luchar por finalizar el texto. Palabras escritas, palabras borradas. Pero al final pesa más Darling in the FRANXX que sus decisiones. Porque no importa si la batalla final se libra en la Tierra o en Marte mientras que lo verdaderamente importante lo siga siendo. Porque Darling in the FRANXX es mucho más que sus giros y, especialmente, porque es lo que ellos han elegido.

«Te llevaremos con Zero Two […] Este es el camino que hemos elegido para vivir»

Darlinginthefranxx-crítica

Óscar Martínez

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1 Comentario

  1. ¿No les pasa que después de algo (sea el tiempo o las vivencias), hay un nudo en la garganta que baja directo al pecho e intenta ahogarlos? Eso siento con esta serie. Si bien los personajes ya en este punto se someten a aristas poco ahondadas (como a la de verse sin un lider que les de un visto bueno o no acerca de las decisiones que tomen o acciones que ejecuten), también se someten al riesgo de tomar valor a la hora de enfrentarse a la duda, de allí que se vean tan indefensos, pero esto ya se vio y se analizó por parte del autor de este magno análisis.

    Una vez más se plantea el posible final de la historia, su énfasis en el futuro me deja sin aliento, porque por más que quisiera ver a los personajes viviendo una vida alejada de la guerra, siento que el autor y el estudio nos romperán el corazón (ojalá me equivoque de forma garrafal), ya lo comenté en el pasado, sería muy romántico de mi parte verlos a todos felices pero debo comenzar a reconocer su posible final… en realidad, llevo los últimos 22 episodios intentando conseguirlo y sí, dirán que soy muy cansón con esto, pero sea cual sea su desenlace, hay que aprender a manejar la historia inclusive su punto final, aunque esto último me deje con dolor de cabeza y agonía emocional.

    Por lo demás, tengo que aceptar, que la prisa del guión se notó de una forma menos descarada y más… cómo decirlo, ¿personal?

    Entre tanto… ¿será que la historia y su posible final, nos quiere premiar de alguna forma? ¿Y si es así, podría robarnos una sonrisa cada vez que la volvamos a ver o pensemos en ella? Si me lo preguntan, ya lo consiguió.

    Saludos.

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