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Darling in the FRANXX ha abandonado ya al pájaro de Jian. Su primer cuarto de la obra sentó las bases de lo que nos iba a mostrar, pero una vez conseguido ha seguido con las ideas claras. No piensa estancarse, hay que seguir adelante. Y cuando cierra un punto solo puede ir a por el siguiente.

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Si bien, parece que la obra ahora quiere explorar al resto de personajes. No es algo ajeno, lleva haciéndolo desde el primer capítulo. Pero esta nueva forma de inspeccionar a sus pilotos conlleva una visión más cercana de los mismos y, por lo tanto, una forma de ahondar más en su historia.

Con todo, su guión no se conforma con nada y aunque hemos tenido oportunidad de ver el escudo inqubrantable que forman Goro e Ichigo o la relación dinámica que se conforma entre Zorome y Miku, no nos ha privado nunca de conocer más detalles sobre su mundo, algo que se echa de menos en este episodio.

Irrumpiendo en las relaciones

Este estilo tan propio de Durarara!!! nos lleva esta vez a conocer mejor a Mitsuru, un personaje que la propia obra ya se había encargado de definir para poder romper el molde y golpearnos con todo su peso emocional. Algo que, aunque resulta esperado, consigue su propósito.

Como si se tratase de una serie de piezas de dominó, el capítulo hace uso del peso de las relaciones para ahondar, de mayor o menor manera, en todos los parásitos. No se salvan de ello Zero Two y Hiro, entre los que parece haberse abierto una nueva brecha. El estudio vuelve a hacer hincapié en ello con los juegos de sombras. Como si se encontrasen en dos planos completamente diferentes.

Por otro lado, se demuestra que el Escuadrón 13 está avanzando de formas inesperadas, posiblemente por su entrada en la pubertad — algo que remarca el punto de la crítica de su octavo episodio, donde se rechaza el fanservice con una estructura centrada en su propia crítica y en la evolución humana.

Todo esto lleva a conformar nuevas parejas de pilotos para la próxima misión. Algo que obra en contra de todo lo establecido en la serie pero que sirve para forjar lazos entre Mitsuru y Kokoro, algo en lo que se ha insistido desde el séptimo episodio. Es una muestra de como Trigger y A-1 Pictures gustan de unir a los extremos (como ya hicieron con la pareja de Strelizia) para lograr los mejores resultados.

Unidos por un sentimiento

Como suele ser costumbre ya en la obra, la aparición de un klaxosaurio de clase Gutennberg se convierte en la prueba de fuego para probar las nuevas relaciones que se están formando, así como para comprobar el desarrollo de las ya existentes.

Trigger aprovecha el momento para hacer uso de la acción desbocada propia del estilo, con una Strelitzia enbravecida por el ansia de Zero Two —acompañada de un invisible flashbacks que recuerda la sed de sangre mostrada por la chica recientemente—, seguida de Delphinium y Argentea, que demuestran el poderío técnico del estudio, utilizando escenas a cámara lenta para luego lanzarlas a toda velocidad.

Incluso en medio de la acción Darling in the FRANXX no olvida nunca que es y se atreve con la introspección en un precioso momento protagonizado por Kokoro y Mitsuru. Una forma de tender puentes entre diferentes personajes que olvida, por una vez, las estrictas relaciones entre pistilos y estambres para expandir sus horizontes. Un detalle, además, que viene protagonizado por una versión acústica de Torikago que da paso a su original orquestal para cerrar la batalla.

Las referencias a Evangelion vuelven esta vez de mano de Kokoro, que de la misma forma que Zero Two en el homónimo Darling in the Franxx intenta entrar en modo estampida (lo equivalente al modo Berserker en la obra de Anno), dándonos a entender que los FRANXX —como mínimo los protagonistas— son algo más que simples armas, a la vez que deshumaniza a sus personajes. Sin embargo, tanto este detalle como el origen de sus enemigos siguen aún en sombras.

Y es que la obra demuestra una tras otra vez que la acción es algo complementario a su guión. Es algo fácil de entender durante el corto metraje en el que se expone esta batalla, aderezada por momentos reflexivos y una banda sonora capaz de representar los sentimientos de sus pilotos en cada una de sus notas. Un juego que no resulta ajeno para sus estudios, algo que demuestran en cada compás de la serie.

Darling in the FRANXX 11 termina con la fuerza de un equipo más unido que nunca, pero con un sabor agridulce frente a las entregas anteriores de la obra. Si bien, se atreve a cerrar con unos momentos de autoreflexión precedidos por una nueva escena protagonizada por los Hiro y Zero Two. Una romántica e inesperada que se ve acompañada por una melodía que evoca cierta incomodidad. ¿Qué oculta Zero Two? Con este último capítulo cerramos la fase de exploración de los pilotos. Es hora de comenzar un nuevo arco.

Darlinginthefranxx-crítica

Óscar Martínez

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