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ARABURU KISETSU NO OTOME-DOMO YO: UNA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD PERSONAL

La adolescencia es una etapa complicada. Podríamos resumirlo así. Tendemos a hablar de ella, de escribir sobre ella. Incluso cantar sobre ella. Porque es una etapa difícil de olvidar. Las bases de lo que seremos en el mañana y una primera prueba sobre nuestra propia valoración personal.

Lo es por cientos de motivos. Y es que la adolescencia tiene un trasfondo oscuro, como un látigo invisible, que azota y destroza a quien tome por testigo. Horimiya o Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai son grandes ejemplos de ello. Y es que esta es una cara de la adolescencia, la de las cicatrices, que estamos acostumbrados a vivir. Pero, ¿Es todo lo que ofrece? Araburu Kisetsu no Otome-domo yo tiene otra visión que mostrarnos.

El descubrimiento de la adolescencia

Vale, el concepto no es nuevo y, desde luego, lo hemos visto en cientos de obras. K-ON! es un referente personal en ese sentido, una obra capaz de mostrar una adolescencia que dista millas de mi experiencia personal. Y es que si algo hace valerosa a la ficción de su propio nombre es la capacidad de abstraernos, de permitirnos vivir historias diferentes.

Y en ese punto en particular Mari Okada es todo un referente. Así lo demuestra con esta exposición de la adolescencia, de la flor de la juventud, que resume en una obra cargada de fuerza y espíritu, capaz de mostrarnos esta visión propia de la adolescencia pero también de recargarnos las pilas con una enérgica excentricidad que pone el sello a uno de los lanzamientos más sonados del verano.

Una historia que no se aleja de simplicidades. Porque no es necesario casarse con la complejidad cuando tienes la fuerza necesaria de hacer de la normalidad todo un exponente. Y es que Araburu Kisetsu no Otome-domo yo nos lleva a la vida escolar de un grupo variopinto de chicas en pleno descubrimiento de su vida sexual a través de escenas que, más allá de la ficción, resultan un retrato de la propia realidad.

Un descubrimiento, el florecer de la conciencia humana, que se da a través de la relación de estas chicas y el sexo. Un punto de partida imprescindible que, de una u otra forma, nos ha marcado a todos y todas.

En búsqueda de una identidad propia

Algo que lleva a la obra irremediablemente a hablar de la inmediatez emocional que presenta su propio conflicto y, por supuesto, a esa búsqueda de la identidad personal que caracteriza el plano adolescente.

Y es que, aunque Kazusa se plantea como la cara protagonista de la obra, el plantel de la misma no se casa con ninguna de ellas y permite que todas, a su debido tiempo, estrechen relaciones con su propia identidad en un formato desenfadado y de aspecto cómico que roza el drama sin necesidad de permitirle ocupar todo el espacio.

Hitoha, por ejemplo, explora un mundo desconocido al intentar escribir su propia novela basándose en los conceptos que extrae de la literatura. Una visión tan frágil como irreal del amor y el sexo que la lleva a dar un paso más allá, curioseando con el anonimato online para dar con una persona que le ayuda a sintetizar dichos conceptos.

De forma académica se plantea también la incursión de Rika. La presidenta del club de literatura al que pertenecen y uno de los reflejos más claros de la realidad puberta, al verse inmersa en esa espiral conflictiva que le lleva a interesarse por el sexo desde un punto de vista académico, rechazando cualquier muestra real y siendo la promotora de esta observación casi pueril del mismo que representa la obra. Una connotación que choca directamente con la de Niina. Quien aparece como representación del ideal de la belleza efímera, del miedo intrínseco a la vejez y el cierre de las oportunidades.

Con todo, la obra no se cierra a las tantas posibilidades que evoca el género y abre puertas al amor inconsciente e irracional, introduciendo, por ejemplo, el romanticismo homosexual que nace en Momoko gracias a la cercanía con Kazusa.

Cuando nace el amor

Y es que Mari Okada no frena ante ninguno de los conceptos que presenta y se embarca en una aventura que se atreve a explorar todos ellos y más. Algo que incluye, por supuesto, el nacimiento del amor. Un sentimiento inevitablemente ligado al sexo y el descubrimiento personal que ilustra la obra en todo momento y que se introduce, también, de forma casual e irracional.

Una espiral emocional que va de la máxima felicidad al punto anímico más bajo posible. La escenificación de cientos de agujas invisibles que bailan sobre la piel de las chicas en su ruta a la madurez sin que ellas mismas sean conscientes de las implicaciones que representan este tipo de actuaciones emocionales.

En su plantel narrativo, la autora consigue dividir la escena de cada una de las chicas, tendiendo puentes entre ellas pero sin invadir el espacio ajeno, logrando una relación de escenarios que presentan una perfecta pintura de la distopía mental que nos persigue a lo largo de esta etapa de nuestra vida.

Lo que parece una obra de comedia sexual pronto se descubre cómo un plano multidimensional donde cada chica tiene sus propios espacios y momentos. Y viven en él. La idea de empezar a grabar y tirar millas, sin miedo al resultado. Porque el resultado no es más que la propia naturalidad en sí misma.

Y así es Araburu Kisetsu no Otome-domo yo. Una obra que ve a través de nosotros. A través de nostalgia, amor o la propia confusión que arrastramos en nuestra adolescencia. Una obra sin miedo, que no teme a hablar de amores compartidos. De amores prohibidos. Del naciente de un sentimiento que trae tanta felicidad como dolor con él.

Un relato personal

En esencia no es más que un relato personal. Una entrega que surge, insisto, de la más pura naturalidad. Que bebe de aquí y de allí, pero que pone su propio sello de originalidad en sus dramas interpersonales. En su desarrollo de personajes y en un crecimiento único que reafirma a cada una de sus actrices.

Porque el enamoramiento efervescente de Momoko surge de una disconformidad que exploramos con ella. El miedo al rechazo y al amor de Rika se explora desde un punto personal. Y el explosivo deseo de Kazusa no solo la incluye a ella, sino que también parte de Izumi y su propio despertar emocional y sexual.

Pero más allá de eso, la obra cuenta con el trabajo de Lay-duce. Un estudio prácticamente novel —pero que hace notar el hecho de estar formado por ex-trabajadores de BONES— que suma a su listado de trabajos una adaptación capaz de arrastrar muchas de las particularidades del trabajo original de Nao Emoto, gracias a la impecable dirección de Masahiro Ando y una dirección artística que apuesta por un tono tenue que hace de la obra un material incomparable. Si bien, es cierto que no es capaz de captar todas las notas emocionales del material original, Araburu Kisetsu no Otome-domo yo consigue suponerse como una de las grandes adaptaciones de la temporada.

Una obra de luces y sombras sobre una etapa de la vida que muestra sin medias tintas. Lejos de romantizar su escena, la muestra con toda la fuerza de su naturaleza, jugando con sentimientos tanto propios como ajenos, que consiguen inmiscuirnos en la vida de las chicas y lograr una inmersión personal y emocional digna de la autora que la representa.

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Óscar Martínez

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2 COMENTARIOS

  1. buen artículo yo estoy viendo la serie; y si alguien no creía que algo igualará o superé a “un lugar más lejano que el espacio”(la del viaje a la Antártida) con una historia más típica de la vida real está se ganó ese lugar… aún ambas series se tratan de la madurez y salir de tu zona de confort.

  2. Me enamoré de tu forma de escribir, hace que cada palabra tome un valor único y especial hacia estos personajes y su autora, son valorizados como lo merecen y aun mas.
    Disfrute mucho esta historia cuando estaba en emisión, fue una tortura esperar pero muy pocos logran hacerte sentir parte e la historia, hacerte recordar tu adolescencia y no algo malo de ella, sino algo de lo que experimentaste por primera vez y nunca podrías olvidarle, como el primer amor o todo lo que conlleva el conocimiento de la palabra sexo.
    Gracias y me encanto este blog

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.