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LOS ANTECEDENTES

Ni Baloo ni Yogui ni Paddington: el oso más famoso de la historia es también el más tontorrón: Winnie the Pooh. Fue creado por Alan Alexander Milne, quien se inspiró en la amistad de su hijo, Christopher Robin, con el oso de un zoo. Así que convirtió todos los peluches que le rodeaban en entrañables personajes, y ubicó a un niño con el nombre de su hijo en una serie de libros infantiles que se harían muy famosos por todo el mundo. Una historia bonita, aunque el verdadero Christopher las pasó canutas en el cole por las burlas que recibía.

Fuera de eso, Disney se hizo con los derechos del adorable Winnie, y desde los años 60 hemos visto varias películas y series del oso y sus amigos. Aunque hasta ahora no los habíamos visto en una película de imagen real, os podemos asegurar que fuera de los dibujos mantienen el mismo espíritu. O casi.

LA PELÍCULA

Ahora que Disney está rehaciendo, reinventando o fastidiando todos sus clásicos (que cada uno lo llame como quiera), no podía faltar una versión diferente del osito más querido de la compañía. Aunque Christopher Robin se acerca más a producciones más adultas y alejadas de la empresa del castillo, como podrían ser Hook y, muy especialmente, ese Descubriendo nunca jamás que también dirigió Marc Foster. El parecido con esta última es más que evidente, y aunque la historia del autor de Peter Pan estaba dotada de mayor profundidad, ambas comparten cierto espíritu triste y apagado.

Porque estamos ante la película más visualmente oscura que haya hecho Disney en la última década. Desde el Londres del mundo real hasta el mismísimo bosque de los Cien Arces, nada en Christopher Robin se salva de una estética deprimente y apagada que podemos entender por los problemas de su protagonista, pero inevitablemente acaba lastrando al espectador. Cuando tu personaje principal está tan amargado como todo lo que le rodea, es francamente difícil hacer aflorar la ternura y las risas. Y es una lástima que la excelente fotografía de Matthias Koenigswieser acabe haciendo más mal que bien, puesto que su control sobre la niebla y la luz es muy hermoso. Pero no funciona para resaltar la dulzura de unos personajes como Pooh y su pandilla.

Por suerte, tanto el oso como sus amigos hacen crecer la película conforme le quitan el drama que el guion no deja de forzar. El humor tarda en aparecer, pero cuando lo hace consigue relajar la película y llevarla por un camino tan entretenido como entrañable. Es entonces cuando Ewan McGregor ríe por primera vez y abandona la nube de tristeza absurda, cuando la película crece ante nosotros.

Llega con mayor facilidad a la nostalgia en su tramo final, y la simpatía de los peluches acaba por hacernos sonreír pese a su (muy) forzado giro final. En general, estamos ante una película de la que cualquier persona podrá sacar algo bonito… pero también varios momentos que olvidar. Está lejos de ser la película infantil del año, incluso tenemos dudas de si a los niños les va a encantar, pero nosotros nos apuntaríamos a más aventuras con este Pooh hiperrealista. Pero eso sí, que sean un poco más coloridas.

ELLOS Y ELLAS

Ewan McGregor es uno de los mejores actores de su generación, por lo que es difícil hablar mal de él. Aunque el problema se encuentra más en la interpretación del personaje que ha hecho el guion, demasiado serio y deprimente para una película de esta categoría. Cuando el texto permite a McGregor salir de esa zona, el actor brilla como de costumbre. De la misma forma que lo hace la pequeña Bronte Carmichael durante toda la película, regalándonos el mejor tramo de la aventura. También destaca una excelente Hayley Atwell y un divertido Mark Gatiss, a quien siempre es un placer ver fuera de las historias de Sherlock.

LA SORPRESA

No deja de ser una nota discordante en la filmografía reciente de Disney. Su atrevimiento por hacer una película más reflexiva y oscura debe valorarse, por mucho que no termine de funcionar nunca.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El clímax final, la aventura pura y dura de Pooh y su panda en la ciudad.

TE GUSTARÁ SI…

Adoras que rebusquen entre el drama para regalarte un buen pedazo de nostalgia.

LO MEJOR

  • Pooh, Tigger y los demás siguen siendo entrañables.
  • La jovencísima Bronte Carmichael, a la que esperamos ver más en la gran pantalla.
  • McGregor, la segunda mitad de la película.

LO PEOR

  • McGregor, la primera mitad de la película.
  • La excesiva búsqueda de drama. Resulta deprimente.
  • El guion resulta absurdo en ciertos aspectos, como la resolución de los problemas de la empresa de Robin.

 

Ignasi Muñoz

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