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¿Alguna vez os habéis situado entre dos espejos? Si la respuesta es un sí, enseguida tendréis esa imagen repetida hasta el infinito de vosotros mismos como respuesta a esta pregunta. Esto es Espacio para soñar de Reservoir Books: una realidad que se refleja en otra prácticamente idéntica, pero que se pierde en el infinito, allí donde están los matices. ¿Intenso? No tanto como divertido, como ese David Lynch pícaro que conocemos gracias a este libro, aunque nunca se ha escondido, siempre nos ha enseñado como es, incluso nos ha mostrado la parte más oscura de su mente (y esa parte oscura la tenemos almacenada en DVD y Blu-Ray).

 

 

Parece complicado, a estas alturas, decir algo de David Lynch que nadie haya dicho ya: conocemos su filmografía, también los hitos más importantes de su vida personal. En esta web hemos hablado de diversos libros que han cubierto sus páginas con la vida de este cineasta (El hombre de otro lugar, El onirismo de la modernidad) y no deja de resultar curioso como un hombre tan imaginativo, un cineasta tan excepcional, único y excéntrico, sea tan fácil de dejar encerrado entre las tapas de un libro. Pero la realidad no es tan fácil como la pintan.

McKenna vs. Lynch

Kristine McKenna es periodista y amiga de Lynch, lo que la convierte en la persona idónea para escribir la biografía del cineasta. Pero este libro no quiere ser otro compendio de datos cronológicos, pues 700 páginas son demasiadas para algo así; Espacio para soñar es un lugar físico en el que todos nos encontramos con Lynch al calor de una taza de café como noche sin luna. Toda la vida de Lynch por duplicado, esto es este libro: McKenna divide su vida en capítulos, los salpica y adereza con los comentario de familiares y amigos que acompañaron a David desde la infancia.

 

 

Inmediatamente después al relato de McKenna, el director de Cabeza Borradora cuenta el mismo relato: lugares, fechas y personas se repiten, pero esta vez desde la perspectiva del cineasta. A veces se convierte en un discurso atropellado que salta de un lado a otro, aunque es fácil de seguir porque la historia acaban de contárnosla unas páginas atrás; otras, es un lienzo que vomita verdades hilarantes y que nos permiten entender un mínimo como funciona esa cabeza privilegiada suya.

McKenna presenta los datos, después Lynch nos presta su lente y todo lo vemos de un color azul aterciopelado. Reservoir Books nos permite disfrutar de un diario personal que, además, es un álbum de fotos familiar, pero también un laboratorio de imágenes. Y aunque en ningún momento se convierte este libro en la respuesta a sus trabajos, sí constituye un mapa detallado de cómo, dónde y con quién llegó Lynch a crear todos esos mundos que nos perturban del mismo modo que nos fascinan. Quizás ese sea el mantra que él nos regala, quizás el propio David Lynch sea nuestro espacio para soñar, el fuego que camina con nosotros.

 

Lorena Rodríguez

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Una tarde, con siete añitos, entré en el salón cuando mi madre veía El Padrino. La escena en cuestión era la del caballo y mi madre me gritó que no mirase, pero miré. Desde aquel entonces no pude dejar de mirar, de observar y soñar. Lo más cerquita que pude quedarme del cine fue haciéndome historiadora del arte. El cine es mi Tardis, un Delorean que me hace la vida real más fácil. Mi primera serie fue Urgencias, siempre fiel, a pesar de lo mal que la trató la tele. No sé decirle que no a una serie.

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