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Libro Anécdotakes - El Palomitrón¿Sabíais que Stanley Kubrick era un apasionado del doblaje? ¿Conocéis la ecuación O+E+S+T? ¿Os imaginabais que para doblar a Tom Cruise en Eyes Wide Shut el gran Jordi Brau tuvo que ponerse una máscara en la escena en la que aparecen todos los personajes enmascarados? ¿O que Alba Sola en El curioso caso de Benjamin Button, en la que ponía voz a Cate Blanchett, tuvo que doblar tumbada en un sofá cuando su personaje estaba postrado en la cama del hospital? ¿Cómo prefieres ver una película? ¿En versión original subtitulada o doblada? Esta es la eterna pregunta; este es el eterno debate que rodea al mundo del cine. Hay respuestas de todo tipo, pero parece ser que la “moda” de la actualidad es decir: “Siempre en versión original, el doblaje pierde la esencia del actor original…” y un sinfín de barbaridades que no vamos a reproducir y que todos nos podemos imaginar. Por desgracia, la mayoría de todas las personas que lo dicen no saben ni en qué consiste esta profesión, la profesión de los ninjas de la voz, de los actores que son capaces de emocionar y mimetizarse con los actores de la pantalla con su herramienta más importante: la voz. Miles de incógnitas, secretos, historias y dudas son las que nos va a revelar el fantástico humorista, locutor, actor, director de doblaje y profesor de la Escuela de Doblaje de Madrid Salvador Aldeguer (Barcelona, 1960) en su libro Anécdotakes (Casi todo lo que usted siempre quiso saber sobre el doblaje y nunca se atrevió a preguntar) de la editorial Círculo Rojo.

Salvador Aldeguer - El Palomitrón
El director y actor de doblaje Salvador Aldeguer

Salvador es conocido por dar su voz a actores como Antonio Banderas en La máscara del zorro, Charlie Sheen en Asalta como puedas, John Travolta en Mira quién habla, Dwight Schultz en El equipo A, Martin Lawrence en Dos policías rebeldes, Steve Buscemi en Boardwalk Empire… o a Reginald VelJohnson como Carl Winslow en Cosas de casa, entre otros miles de actores que podríamos seguir nombrando. Porque ser actor de doblaje es eso, saber adaptarse y  sincronizarse con el otro, con el que está en la pantalla; ser camaleónico y creer que el actor de la lengua que sea (inglés, alemán, francés, portugués, noruego, árabe…) está hablando nuestra lengua, el español, como si de un nativo se tratase.Steve Buscemi - El Palomitrón

Salvador Aldeguer nos enseña en Anécdotakes su larga trayectoria: más de tres décadas (y las que le quedan) narradas a través de este libro, que dedica no solo a los profesionales implicados que aparecen nombrados, sino también a los que no aparecen y se dedican a ello. Este libro resulta interesante tanto para los amantes del doblaje y los estudiantes de esta carrera de fondo (los futuros actores de doblaje) como para los haters (aquellos que quemarían a todo y a todos los que tienen relación con la profesión), que desconocen lo artesanal, dura, rápida y bella que es esta profesión. Tal vez estos últimos puedan cambiar de idea (o no) ya que, queridos, como decía Einstein: “El ser humano nunca llegará a entender todo del todo”. Lo que se pide, ante todo, es tolerancia y libre elección entre doblaje y versión original.En el prólogo de su libro Aldeguer hace hincapié en que, a pesar de que ve casi todo en versión original subtitulada, vive, se dedica, valora y ama el doblaje, porque una cosa no quita la otra. Aldeguer realiza una doble acción en la que disfruta como profesional y como espectador, con lo que consigue tratar este tema con sentido del humor, además de observar todo mucho más con detalle.

Anécdotakes es un apasionante recorrido de 41 capítulos (escritos en su totalidad en versión original y sin subtitular”) por los atriles de los diferentes estudios de doblaje (algunos continúan y otros desaparecieron: T. R. E. C. E, EXA, TVE, Eurosonic, Telson, Aural Sonido, Sincronía, SDI, Tecnison…). También es un recorrido por sus micrófonos, donde podemos reconocer a esas voces, la mayoría con rostros desconocidos para el espectador a pesar de estar metidas en su cabeza y en sus casas hasta la saciedad. Con este libro el lector será capaz de poner nombre a esa voz que tanto odia o que tanto ama. Este trabajo hará que a muchos de los lectores les pique el gusanillo y quieran conocer más y fijarse mucho más en cada voz, en cada boca, en cada una de todas las series y películas que vea tras leerlo, porque esto es una especie de adicción (de las buenas) y todos aquellos que se dediquen al doblaje entenderán a la perfección a lo que nos referimos.Aldeguer comienza narrando los orígenes del doblaje, desmantelando los eternos mitos y justificaciones a las que todos los que odian la profesión se aferran: “El doblaje comenzó con la etapa franquista en España” o “no permite aprender idiomas” son solo un ejemplo de las grandes barbaridades y falsas afirmaciones con la que se justifican las personas antidoblaje. Y, sentimos decirlo así, pero estáis muy equivocados. Aldeguer narra cómo la creación de la profesión se remonta a una época en la que había contadores ambulantes de historias, aunque también se dice que provenían de las Cuevas de Altamira… Y no, no es ninguna barbaridad: Es posible que nuestros antepasados de la Edad de Piedra se reuniesen comiendo palomitas de brontosaurio en torno a la inquietante luz de una hoguera, mientras el experto en onomatopeyas iba describiendo las distintas escenas pintadas en las paredes”. Pero más allá de conjeturas, Aldeguer demuestra que está más que documentado que cuando comienza el cine mudo, a comienzos del siglo XX, en las salas de cine ya existía una figura, la del explicador, que “aportaba a las proyecciones algo más que la intensidad emocional de la partitura de la banda sonora que interpretaban en las salas importantes… Los propios actores del cine mudo exigían que unos músicos interpretasen la música durante el rodaje de las escenas para que su interpretación, en ocasiones sobreactuada, coincidiese durante la proyección con los compases de la partitura interpretada en la sala de exhibición… A esa música ahora se unían las explicaciones de las imágenes, las situaciones y un básico resumen de los diálogos que, a pesar de aparecer escritos en los intertítulos, debido a un estremecedor índice de analfabetismo pasaban inadvertidos para la mayoría de los espectadores…” Más tarde, con la llegada del cine sonoro, Hollywood empezó a experimentar los rodajes en doble versión (se rodaban escenas en inglés y las mismas con otros actores de habla hispana) y luego actores como Stan Laurel y Oliver Hardy (El Gordo y el Flaco) se doblaban ellos mismos en varios idiomas. Esto se hacía para que el público pudiera entender a los personajes que hablaban. Aldeguer narra cómo se instauraron en España los primeros estudios de doblaje (en 1932 en Barcelona, el estudio T. R. E. C. E, y en 1933 en Madrid, el estudio Fono España). Si nos ceñimos a estas fechas podríamos confirmar que el doblaje en España nació en pleno gobierno de La República, y no con Franco. Una vez más se demuestra que no, que el doblaje no se lo sacó de la manga Franco, aunque eso no quiere decir que no se aprovechase de ello (pero eso es otro cantar que también se cuenta en el libro), puesto que el doblaje simplemente era una herramienta para ejercer censura, y a los culpables hay que buscarlos en los libros de historia”. Una vez más, las conjeturas de haters no se sostienen. En cuanto al tema de los idiomas, estos se aprende estudiándolos y no viendo películas en versión original (que sí que complementa, pero no es una justificación válida, como bien comenta el autor en este libro).Con Anécdotakes uno puede conocer muy a fondo cómo es este sector: el horario de trabajo (puedes tener una escena de sexo a las ocho de la mañana o ser una foca a las siete de la tarde, pero ante todo es muy importante la puntualidad; véase en la anécdota de los negritos del banco), los diferentes departamentos de un estudio, de una sala, la elaboración, el marcaje de los takes (“un take suele durar entre 30 y 60 segundos y abarca unas 9 líneas de guion, si intervienen varios personajes, o 5 si en él solo habla un mismo personaje (… ). Como promedio, una película de 90 minutos puede contener entre 200 y 300 takes; un espisodio de 45 minutos, alrededor de 100 takes), los ritmos, los ensayos, los retakes, los nervios del actor frente al atril, la labor de producción, de los técnicos de sonidos, de la dirección artística, la traducción y el ajuste del guion…

Muchos y muy diferentes aspectos son los que el lector descubrirá a medida que lea el libro sobre este trabajo en equipo, donde todos y cada uno de los que lo componen son imprescindibles y muy importantes para crear un doblaje mágico y de calidad. Si nos centramos en la figura del actor, son miles de cosas las que tiene que tener en cuenta para ser un actor de doblaje: hay que tener mil ojos para coger esa esencia, para captar todo lo posible del actor original (la llamada “sincronía”) y pegarse a su cara, a su boca, pero, sobre todo, a lo más importante: sincronizar la mirada del actor de la pantalla con tu voz.

El director y actor de doblaje Eduardo Gutiérrez

Este libro, además, va más allá del mero hecho de dar nombres y datos históricos de la profesión. Aldeguer agiliza l narración con un montón de anécdotas, como bien anticipa el título del libro página tras página. Fotograma a fotograma, take a take, cuenta la apasionante aventura nueva que estos actores viven cada día, porque esta profesión es una hazaña constante, un reto diario que nos muestran Salvador y demás profesionales del sector: Eduardo Bosch (Kit Harington), José Guardiola (Humphrey Bogart), Julio Núñez (Peter O’Toole), Paco Arenzana (Errol Flynn), Ricardo Solans (Al Pacino), Ramiro de Maeztu (El ascensor), Rafael de Penagos (Van Johnson), Eduardo Gutiérrez (Seth MacFarlane), Celia Honrubia (Katharine Hepburn), José Luis Cerezo (Bernard Alane), Vicente Gil (Robert Englund), Eduardo del Hoyo (Michael Dawson en Perdidos), Pablo del Hoyo (Ben Stiller), Héctor Cantolla (Arnold Schwarzenegger), Chusa Nieto (Lisa Edelstein), Jesús Nieto (Peter Falk), Jordi Brau (Tom Cruise), Alba Sola (Cate Blanchett) José Luis Angulo (David Hasselhoff)… y muchos más actores y actrices con los cuales Salvador ha tenido anécdotas de todo tipo: apuradas (como la del rollo de papel de Cantolla), cómicas (como la de Rodín con del Hoyo o en plena mili, haciendo “takes” con Angulo), surrealistas (en pleno Pasaje del Terror del Parque de Atracciones con Maeztu o comiendo mientras se jadea en un doblaje de una película porno), de maestría y humildad (con el arte de la credibilidad de Celia Honrubia), emocionantes (como la de Núñez doblando un telefilme o Solans delante del micro), nerviosas (como la de Cerezo y sus pronunciaciones de Walker), aterradoras (como con Angulo en el redoblaje de El exorcista y la sombra misteriosa en la sala o, en plena dirección de La señal, con la sangre mimética de la nariz entre Naomi Watts y Marta Sáinz) e incluso malentendidos como con el sándwich de Morgan o la defunción momentánea. Cientos de anécdotas vividas por el mismo Salvador o que le han contado sus propios protagonistas. Leyendo este libro, el lector podrá teletransportarse al caso de los hechos reales.

El actor de doblaje Jordi Brau

Anécdotakes es un magnífico, divertidísimo y emocionante homenaje al doblaje en 224 páginas. Es una reverencia a una de las profesiones más vapuleadas de forma injusta por desconocimiento o porque se les toma por el pito del sereno, ya que los actores de doblaje no son un pleno entretenimiento, a pesar de que todo aquel que les conoce les pregunta lo típico de: “¿Qué voces sabes poner?” Aldeguer en este libro lo cuenta, lo justifica y lo documenta. Al fin y al cabo, en esta profesión hay luces, pero también sombras.

Desde aquí damos las gracias a Aldeguer por dar a conocer con tanto amor lo desconocido. El autor cumple a la perfección lo que se propuso a la hora de escribir este libro: que se conozca y se respete el sector del doblaje. Porque no todo el mundo es capaz de enfrentarse en medio de una sala oscura, delante de un micrófono a un atril, en el más absoluto silencio y delante de un director y un técnico, con un único objetivo: el de emocionar al espectador, que este empatice con él (llore, ría, le comprenda, le odie…) sin ser el protagonista, sino el que está en la pantalla. Porque hay que recordar una cosa: en esta profesión, cuanto más desapercibido pases y menos se comente entre el público el doblaje de la película, mejor trabajo se habrá hecho (de ahí viene lo llamarlos los “ninjas” de la voz).

¿Preparados para descubrir más sobre esta profesión de la voz, de la emoción, de la interpretación, de la magia, de la vida? Adelante, pasen a la sala oscura y guarden mucho silencio. Están más que invitados. “LUZ ROJA. ESTAMOS GRABANDO”.

María Páez

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