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¿Qué harías si una persona idéntica a ti apareciera de la noche a la mañana para cumplir con tus funciones en la sociedad? Es el principal interrogante de Ana de día, la ópera prima de Andrea Jaurrieta que llegó a las carteleras el pasado 9 de noviembre. Hemos tenido la ocasión de charlar con ella y con su protagonista, Ingrid García-Jonsson.

Andrea, Ingrid y Ana

“Mi primer impulso sin pensarlo fue: soy libre. Luego supongo que me costaría más, por los lazos afectivos.” responde así, Andrea Jaurrieta (directora), al interrogante planteado por su película. La protagonista, Ingrid García-Jonsson, lo tiene algo más claro: “Si viene creo que la mataría, o bueno, le diría que ella hiciera lo que quiera, estoy muy contenta con mi vida y ahora no quiero empezar de nuevo (…) Tronca te tienes que ir a otro sitio”.

La pieza central de este relato es Ana, una mujer que aparentemente tiene una vida fácil y resuelta. Ingrid nos comenta que supuso un reto para ella construir y reconstruir la identidad de la protagonista: “El personaje se fue produciendo a medida que íbamos avanzando la película, cosa que también experimenta Ana, era la manera de abordar esto. El equipo es maravilloso, mis compañeros son buenísimos actores, facilita mucho el trabajo”. También nos comparte uno de los procesos que siguió durante esta construcción: Yo estoy siempre mirando a la gente, siempre estoy chequeando cómo se comporta todo el mundo. Al final lo que hago es copiar y asumir comportamientos ajenos al mío. Empecé a buscar a Ana por la calle”.

Desde el otro lado, Andrea nos cuenta como fue construir a esta Ana de la mano de Ingrid: “Ella aportaba muchísimo al personaje, hay que confiar en los actores, fue un trabajo en equipo total (…) Mucha gente me ha preguntado ahora que la hemos puesto por festivales hasta qué punto estaban improvisados los diálogos: no, no, está todo escrito (…) Es muy importante saber cómo trabaja cada uno, hay que ir escuchando.”

Juego de dobles

Realmente el relato del film parte de esta situación de fantasía para contar una historia que no se reduce a un simple juego de dobles, sino que permite a la protagonista explorarse a sí misma y recorrer caminos inexplorados, huyendo de su vida y evidenciando presiones evidentes que la sociedad sitúa en el individuo contemporáneo: “Todos queremos ser mejores, y es una putada. Porque obviamente es lo que nos mantiene vivos y haciendo cosas, lo único que nos permite también que no caigamos en una depresión. Pero por otro lado no nos permite ser plenamente felices, siempre hay una búsqueda. El poder para de vez en cuando y valorar lo que tenemos es muy importante (…) Nos ponemos mucha presión, internet nos pone mucha presión. Hay que ser muy guapo todo el rato, muy inteligente, muy listo…”. Estas palabras de la protagonista no hacen más que alejar la propuesta de la ficción para acercarla a la realidad más mundana. Y en esta línea continua la directora, sobre la auto-exigencia en la sociedad actual y esta búsqueda: “Es como que hemos estudiado la carrera y se supone que todo iba a ir superbien. Y de repente no hay nada. Entonces tienes ahí una frustración (…) estás muy perdido. Queremos llegar a algo y no nos están permitiendo, en ese ‘querer llegar a algo’ es dónde nos perdemos porque no sabemos a dónde queremos llegar y es un poco lo que le pasa a Ana.”

Y es que nutrida por el cine europeo moderno y las nuevas olas (mencionando a Fassbinder o Buñuel entre otros), a la directora no le hace falta salir de España para hablar de sus influencias: “Tuve muy en cuenta películas del comienzo de la democracia en España, que era un momento en el que todavía estaba todo el en aire y te quedan muchas ganas de contar cosas”. Y esto se aplica perfectamente a la manera en la que la película ha podido ser producida, ocho años han pasado desde su escritura, nos confiesa Andrea. Cuando le preguntamos finalmente como ha conseguido sacar el proyecto adelante, nos contesta: “¿Sabes MacGyver? Pues eso”. La película se grabó en 2016 tras una campaña de crowdfunding que consiguió recaudar 20.000€ con la colaboración del equipo técnico. Dos años después la película ve salas de la mano de una distribuidora de ventas alemana y mientras sigue recorriendo festivales: “Estoy flipando de lo que estamos consiguiendo con la película”.

El futuro

Andrea admite que es difícil conseguir la confianza de productores pero que el hecho de ser una mujer tras la cámara lo complica aún más: “A ti te ven como frágil, no te tratan igual en cuanto a la seriedad que ponen en ti. Parece que las mujeres tengan que hacer proyectos pequeñitos o cuidados. A lo mejor te gusta el género. Creo que el momento de igualdad llegará cuando no nos planteemos si el que dirige es hombre o mujer”.

“La película es muy potente y muy independiente en cuanto a libertad”, Andrea espera poder conectar con el público y conseguir una mayor credibilidad en la industria para ser capaz de levantar un segundo largometraje en mejores condiciones.

Por su parte Ingrid termina enfatizando en esta fe y confianza que hay que tener en los proyectos para que éstos salgan adelante: “Ha sido un proceso muy largo, un camino difícil, sobre todo para los productores (Andrea e Iván), estoy muy contenta por ellos. Si alguien lee esta entrevista y está haciendo una peli o proyecto personal, que confíe en sí mismo, que luche, que lo va a pasar mal pero que probablemente al final consiga las cosas, que se junte con gente buena. Nosotros montamos un equipo muy guay, en equipo se consiguen muchas cosas.”

Tras su difícil proceso de producción, Ana de día está actualmente en cartelera española.

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Espectador curioso y soñador inquieto. Narrador licenciado en Comunicación Audiovisual. Cuando vio por primera vez "Amèlie" tenía 12 años y se pasó un interminable verano tirando piedras al río tarareando, ahora está en una etapa más "Frances Ha" con un poquito más de costumbrismo.

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