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Desafio BuñuelA falta de conocer los datos oficiales de la Organización, lo que nos queda claro tras estos días en Teruel es que esta primera edición de Desafío Buñuel ha supuesto un éxito colectivo que debería asegurar sin mucha dificultad una segunda edición.

Organización, equipos participantes, talents, instituciones, público… Todos han vivido este reto cinematográfico con mucha ilusión, y los resultados han sido realmente positivos. Porque no solo hablamos del retorno de la inversión para los patrocinadores o de la visibilidad que Teruel ha tenido estos días en los medios; también hablamos de la experiencia que quedará grabada a fuego en la memoria de todos los implicados. Y esto último, quizá, sea la mejor de todas las señales.

Y así, la noche del sábado supuso un colofón a todos los niveles y una catarsis colectiva de celebración, en la que los protagonistas, como no podía ser de otra manera, fueron los jóvenes cachorros de las Escuelas de Cine que en unos años formarán parte del tejido de la industria, y los miembros de la organización, que recibieron, como es de recibo, el aplauso y el calor de todos los vecinos de Teruel.

Los trabajos Ámome (Alba Capilla y María Pulido se han llevado el premio a Mejor cortometraje y José Moo a Mejor montaje) y Nuestros padres (Mejor dirección para Ester Llorens y Mejor fotografía para Daniel Andrade) han sido los grandes ganadores, acaparando la mayoría de los premios. En el plano interpretativo, los premios se los han repartido Javier Bódalo (que confirma su talento cada vez que le ponen una cámara delante) y Raquel Vicente, una joven actriz turolense con un futuro bastante prometedor, por sus respectivos trabajos en los cortometrajes La penúltima (Guillermo Chapa) y Bronce (Jessica Abraham).

Seis premios concedidos por un jurado ecléctico que para esta edición estaba formado por Aurora Cruzado, Alfonso Caro, Diego Collados, David Orús, José Antonio Aguilar, Ángel Gonzalo y Nacho Navarro. Un jurado muy sorprendido por el alto nivel de los trabajos presentados, excelentes embajadores todos ellos de este festival, que a este nivel solo le queda una dirección: la del crecimiento.

El jurado de esta primera Edición de Desafío Buñuel
El jurado de esta primera edición de Desafío Buñuel

Nosotros, a modo de recapitulación, os vamos a dar 5 razones de peso para que nadie se pierda su segunda edición, porque estamos convencidos de que así será, y porque es de recibo transmitiros cómo hemos vivido este evento en primera persona. 5 razones para que en 2018 apuntéis en vuestras agendas culturales una cita imprescindible:

 

1. Su organización

Cerca de 100 personas implicadas en su desarrollo han garantizado una atención casi personalizada a todos los participantes, medios y público del festival. Además, cada equipo ha contado con ayudantes de producción del propio festival, un acierto para conseguir la comunicación constante y eficaz de todas las incidencias y movimientos de los equipos a competición. Tal ha sido la implicación que los propios ayudantes de dirección del festival han terminado riendo, llorando y celebrando emocionados los logros de sus equipos, convirtiéndose en un miembro más de estos.

Al frente de todo el tinglado, Pimpi López Juderías (director del festival) y Antonio García (director de producción) firmando una gestión que pocas veces hemos visto en primeras ediciones.

2. Sus medios

El premio de 5000 euros para el equipo ganador solo es la punta del iceberg, porque pocas citas pueden presumir del despliegue de facilidades que la organización ha puesto a disposición de los equipos. Equipos de grabación Canon de última generación cortesía de WeLab, un vehículo Mercedes Benz para los traslados de material a cada equipo, estancia y comidas pagadas ¡y hasta un actor profesional para prestar su talento y su experiencia a cada equipo!

Un esfuerzo remarcable que ha sido reconocido por todos los participantes, y que solo perseguía un objetivo: que los jóvenes competidores solo se preocupasen de dar forma a sus proyectos.

Un abanico mareante de facilidades que, con seguridad, será aún más completo en próximas ediciones.

Desafío Buñuel El Palomitrón
Raquel Vicente, Helena Miquel, Maite Uzal, Ruth Gabriel, Fernando Tielve y Aida Folch, talento y humanidad a disposición de los equipos participantes

3. La experiencia

Al final, el cheque que ha ido a parar a manos del equipo ganador se ha convertido, sorprendentemente, en un complemento, y no en un objetivo. Si hay algo que hemos percibido estos días es que los equipos se han tomado el Desafío Buñuel como un reto personal de autosuperación, y buena prueba de ello es el ambiente que se ha vivido en el albergue que acogía a todos los equipos, una especie de centro operativo que en las últimas horas ha sido testigo de carreras y nervios, pero también de un clima de compañerismo espontáneo en el que muchos participantes de diferentes equipos se han ayudado unos a otros.

Y no sería ninguna tontería destacar que todos los que estas últimas horas han partido de Teruel hacia sus destinos origen lo han hecho siendo un poquito mejores que el día que llegaron, a nivel formativo, profesional, y también humano.

Desafío Buñuel el Palomitrón
El equipo de Nuestros hijos, uno de los cortos protagonistas de esta edición

 

4. El nivel

Tras el visionado de los trabajos presentados, no es descabellado augurar un posicionamiento destacado de Desafío Buñuel dentro del circuito de festivales de cortos de nuestro país. Los cortometrajes entregados por los alumnos de ECAM, ESCAC, UPV ValenciaCPA Salduie y Escuela de Cine NUCINE son el mejor legado que este festival podía atesorar para esta primera edición, y sin duda supondrán también una nota de corte para los aspirantes de futuras ediciones.

Los hermanamientos en los que la organización ya está trabajando con otros festivales también supondrán un factor multiplicador de la visibilidad de los trabajos presentados a competición, así que su condición de ventana para el talento de jóvenes cineastas sin duda acabará siendo un factor clave (y tremendamente atractivo) para sus futuras ediciones.

5. Teruel

Porque no hay que olvidar que Teruel es el plató natural de este evento, y que participar en este Rally cinematográfico también supone para sus participantes el descubrimiento de una ciudad mágica, que se muestra como una ciudad sorprendente desde su silenciosa modestia, atrapando al visitante y reclamando su espacio en su memoria viajera.

La propia naturaleza del evento empuja también a todos sus participantes a descubrir sus calles, explorar sus rincones, jugar con su luz e interactuar con sus vecinos. Porque hablamos de una experiencia inmersiva, de una experiencia irrepetible.

 

Y es que Teruel nos ha ganado la partida. Y no será complicado que cuando oigamos la famosa expresión “Teruel no existe” sonriamos puertas adentro, porque Teruel sí existe. Y vive con fuerza en la memoria y los corazones de todos los que hemos tenido la suerte de participar en Desafío Buñuel. Porque volver a Teruel ya es un deseo.

Una experiencia vital a la que estáis todos invitados, y que compartimos con vosotros gracias al titánico currazo que se han marcado estos días los compañeros encargados de grabar el making of, que han captado momentos que son para toda una vida para muchos de nosotros.

 

Alfonso Caro

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