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Entrevista Selfie en El PalomitrónYa estaba tardando nuestro cine en practicar el sendero de la comedia con un poquito de valentía, alejándose de las fórmulas tradicionales. Porque aunque la comedia patria habitual suele suponer una apuesta segura, siempre tan bien respaldada en la mayoría de los casos por la promoción de los canales y las distribuidoras, lo cierto es que da la sensación de que cuesta ir más allá y experimentar nuevos conceptos o temáticas mucho más arriesgadas. Selfie, en nuestras carteleras desde el pasado viernes 23 de junio, es un ejemplo de este cine que necesitamos con urgencia, porque lo nuevo de Víctor García León es un ejercicio que retrata las miserias de nuestra sociedad actual. Y lo hace en menos de hora y media, con una cámara en mano, y con una formidable limitación de presupuesto y recursos.

Bosco es su protagonista absoluto. Un joven pijo que vive en un universo paralelo, y que nunca ha tenido un problema en su vida. Un joven que recita de memoria valores inculcados sobre los que nunca reflexiona, que goza de una posición tan elevada y distante del problema que resulta imposible encontrar en sus palabras un tono de preocupación o de implicación. Bosco pertenece a una élite que vive ajena a la realidad del resto del país, en un mundo paralelo en el que los carísimos y elitistas MBA de escuelas de negocio con acrónimos demasiado similares conviven con los exclusivos chalets, las piscinas que el resto solo vemos en revistas o en la televisión, los coches que adelantan a nuestros utilitarios por las autopistas y toda suerte de localizaciones y locales que parecen construidos para recordarnos que sí, que hay una vida mejor, pero mucho más cara. Y que no, que esa vida no es la nuestra.

La detención de sus padres por corrupción, los dos parte del aparato político del PP (en la película), obligará a Bosco, despojado de recursos y abandonado por los suyos, a buscar su tabla de salvación en la otra España, la de los “podemistas” y los jóvenes comprometidos, que ni de lejos se salva de la mordacidad que empapa la cinta, y de la caricatura continua que supone Selfie.

La cinta nos ha cautivado tanto que hemos querido reunir a su director (Víctor García León) y a su protagonista (Santiago Alverú) para hablar sobre las claves de una comedia que no podemos dejar de recomendaros. Y fiel al espíritu de la película, el encuentro con ambos se desarrolla en un autobús de dos plantas maqueado para la ocasión, vehículo de promoción excepcional y un guiño a episodios recientes que han conquistado los medios y los patios del debate, y que refuerza la declaración de intenciones de esta película. Con ellos charlamos sobre las claves que convierten a Selfie en una película diferente, de los puntos cardinales para no perdernos en el visionado de la cinta.

El norte: Santiago Alverú. La estrella de la función

Para el polifacético Santiago Alverú no hay descanso. Su personaje es el auténtico epicentro de Selfie, y sobre él reposa todo el armazón del filme. Su propia experiencia y su desparpajo adquirido han ayudado a construir el personaje de Bosco con tanta naturalidad que resulta complicado en muchos casos recordar que estamos viendo una película. “Yo sabía que encontrar a un actor para interpretar a Bosco iba a ser muy complicado. No veía claro que un actor de clase media interpretase a este personaje porque entonces lo que iba a pasar es que el actor seleccionado iba a hacer una composición del personaje. Se dejaría flequillo, practicaría el acento o la manera de hablar de Bosco… Se construiría un personaje que quizá al cabo de seis meses se podría acercar lejanamente a lo que ha hecho Santi. Teniendo claro este punto buscamos a Bosco fuera de los circuitos de casting habituales, y cuando dimos con Santiago. Necesité una sola caña para saber que él era la película. De hecho, una de las cosas claras que teníamos era que si no encontrábamos al actor ideal, no habría película, apunta Víctor García León, que reconoce el papel decisivo del actor como asesor para dar vida a Bosco: “Santi ha sido nuestro primer consejero sobre el mundo de la pijería. Cómo ponerse la camisa, qué dialogo sobra, en qué momento se puede afilar más el guion porque hay un chiste que no funciona… Todo esto lo ha hecho Santi de manera impecable”.

Santiago Alverú, por su parte, no vacila: “Creo que lo que más he podido aportar, aparte de que yo ya de entrada soy muy pijo, es la soltura que he adquirido en los últimos años, en los que he estado metido en todo tipo de berenjenales. Ahí está el equilibrio. Víctor lanzaba una premisa que luego yo intentaba completar, porque Bosco no se define por lo que le pasa, sino por cómo reacciona ante estas situaciones”.

Santiago Alverú, protagonista de Selfie

El sur: Bosco. Un personaje que vive ajeno a su realidad

Y es que el protagonista de Selfie no termina de entender la gravedad de su nueva situación. Y es este detalle el motor de la cinta, porque Bosco encaja, una tras otra, bofetadas de realidad sin despertar ni renunciar al convencimiento de que todo lo que le está pasando es algo anecdótico, un mal sueño del que pronto despertará. “Yo creo que Bosco no es nunca del todo consciente de la situación. Sí es verdad que hay puntos de la película (su primera noche en casa, durmiendo en las escaleras, o su expulsión del máster) en los que Bosco empieza a darse cuenta de la gravedad de las cosas, pero creo que hasta el final de la película sigue pensando en el fondo que se trata de algo pasajero, de algo que pronto se solucionará“, apunta Santiago Alverú, punto que comparte su director, Víctor García León: “Nos hemos pasado la película quitándole la máscara poco a poco a Bosco, hasta que finalmente en la escena de la verbena esta cae y nos damos cuenta de que es un cabrón de los buenos, un tío muy egoísta“.

Bosco es un personaje que reacciona instrumentalizando a todas las personas que tiene a su alrededor, y en cierto modo lo que más miedo puede darnos como espectadores es descubrir que realmente todos tenemos, como personas humanas, algo de Bosco escondido en nuestro interior. “No, no, no, este tío no puede existir. Bosco solo es posible si lo creamos. Es aburrido, sus ideas no son propias, son prestadas… ¡Este tío es terrible! Todos podemos ser políticamente incorrectos, más o menos caraduras, egoístas o inconscientes, pero Bosco… ¡Bosco es el pack completo! Habrá muchos que compartan con Bosco alguna faceta de su personalidad, pero no, Bosco solo hay uno, y gracias a Dios vive en la ficción”. Si Santiago Alverú reniega de que todos llevemos un Bosco dentro, Víctor García León no lo tiene tan claro: “Yo creo, fíjate, que no somos como Bosco porque vivimos en una sociedad que nos atiende. Yo sí creo que el ser humano es un bicho de los buenos, y que en situaciones límite podemos llegar a comportarnos como él“.

 

El este: Una película que no deja títere con cabeza

Selfie en El Palomitrón
Fotograma de la película

Una de las grandes virtudes de Selfie es que no se casa con nadie. Si bien arranca con 10 minutos que desarman a la clase alta de nuestro país, las clases más populares (o populistas) y sus movimientos terminan también en el centro de su diana, con momentos realmente antológicos. “La película la hemos poblado de imbéciles. Ramón (interpretado en la película por Javier Caramiñana), que es un chico muy de izquierdas y muy revolucionario, lo es hasta que le tocan el bolsillo. Cuando decidimos usar la política como decorado a mí me daba mucho vértigo parecer partidistas o panfletistas, porque no es lo que buscábamos. Queríamos ser salvajes con todos, y sobre todo ser honestos. Sin esta honestidad la película no tendría este pase. Lo que no quiere decir que todo el PP sea como Bosco o todo Podemos sea como Ramón, ni mucho menos. La película es un selfie que retrata a un idiota rodeado de idiotas“. Para su protagonista, la película juega muy bien con los antagonismos de clase, y se aprovecha de ellos para ridiculizarlos. “Hay momentos de la película en los que con Ramón me muero de risa. Ramón es igual que Bosco, quizá con un punto menos, pero en el otro extremo. Los dos al final lo que quieren, lo que buscan, es tirarse a Macarena, y mucho de lo que hacen es puro postín para ligar, o llevarse a la tía a la cama. Damos caña a los de la derecha y a los de la izquierda, porque todos al final son muy parecidos“.

A esta neutralidad en su crítica se une también un equilibrio ejemplar a la hora de planificar la historia cuando esta se adentra en terrenos muy delicados, como es la parte en la que Bosco entra a trabajar en un centro de discapacitados. Un punto que suponía un reto para todo el equipo en un principio, como recuerda Víctor García León: “El primer día que empezamos a rodar en la escuela de discapacitados estábamos, y te hablo de todo el equipo, muy alerta. Vivíamos una sensación muy extraña porque sabíamos que jugábamos en una línea muy fina. Lo que también tengo claro es que los límites en el humor están para bailar claqué en ellos. Hay un punto en el propio planteamiento de la situación que también sirve para despertar al espectador, y una vez que empiezas a trabajar con discapacitados pierdes ese miedo porque sorprende lo claras que tienen las cosas y lo profesionales que pueden ser. Volvemos a lo de antes: ¿Por qué cuando hay una película en la que un personaje es discapacitado se llama a un personaje normal para interpretarlo? Ellos lo hacen de maravilla y la experiencia ha sido muy constructiva y enriquecedora. Porque Selfie, al fin y al cabo, es una película sobre los prejuicios, y mientras ellos y sus familias lo tienen totalmente naturalizado, somos los demás los que seguimos construyendo muros“. En el caso de Santiago Alverú la experiencia fue muy sorprendente y recuerda todo como algo especial: “Fue muy inclusivo. Ellos estaban encantados y la comedia en este tramo de la cinta es que directamente viene de ellos. El caso es que lo digo como sorpresa, pero en realidad no debería de serlo. Colaboraban, interpretaban, aportaban… Todo al final se convirtió en algo muy normal, y fue una gozada“.

 

El oeste: Una película que busca el debate

Víctor García León, director de Selfie

Quizá una de las grandes fortalezas de Selfie es que por su propia naturaleza empuja a la reflexión y al debate, un punto que sigue distanciándola de la mayoría de las comedias patrias, que en pocas ocasiones remueven la conciencia del espectador y cumplen como meros vehículos de evasión. Su reflejo sin filtros de algunas realidades sociales bien merece un animado coloquio, siempre sin perder de vista la naturaleza gamberra de la cinta, algo de lo que ciertamente está muy orgullosos su director: “La verdad es que la película que ha llegado a las salas tiene más lecturas, más peso del que yo pensaba en un principio. Si te fijas en las críticas que ya están saliendo, estas hablan más de otras cosas o factores externos que de la propia película. Y creo que esto es algo muy positivo, de lo mejor que puede pasar. Al final Selfie se ha convertido en un trampolín para hablar nosotros, de cómo somos y cómo nos comportamos. Para mí, uno de los grandes placeres del cine, más allá del visionado, es el debate que pueden generar las películas. Decididamente soy de los que les gusta ver la película y luego discutirla con sus amigos en un bar“. Para Santiago Alverú la recompensa es el debate que propone a los espectadores más implicados: Quien quiera una comedia la va a tener. Y quien quiera algo más lo va a encontrar. Porque Selfie es carne de debate. Pero insisto, depende de lo que cada uno quiera complicarse. Existen las dos opciones, y será tarea del espectador decidir ir más allá. Y si lo hace, desde luego Selfie es una buen punto de partida“.

Estrenada hace unos días, y con cerca de 80 copias que la distribuidora ha puesto en circulación, Selfie es una de las mejores opciones estos días en las carteleras. Hacednos caso y no la dejéis pasar, porque probablemente hablamos de una de las películas del año, por su valentía, y también por su total falta de freno. Los blockbusters, como bien apuntaba Santiago Alverú en un momento de la entrevista, pueden esperar, porque aún seguirán un buen tiempo en carteleras.

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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