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Vivimos en la era de los remakes, en esos días en que parece que a los guionistas se les han agotado las ideas para crear nuevas historias con las que fascinar al público. Sin embargo, hay que admitir que algunos de ellos son todo un logro, otros aceptables y también los hay que es mejor olvidar por completo. Peter y el dragón encaja en los remakes que pueden ser considerados de la segunda categoría, aunque su acogida dependerá de las expectativas del espectador.

Esta cinta es un remake de la película de Disney de 1977 con el mismo título, pero que dista con respecto a su tono, lo cual es de agradecer. La actual Peter y el dragón está dirigida no solo a los más pequeños de la casa, sino también a los adultos debido a su carácter oscuro y maduro a la hora de narrar la historia.

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La cinta nos introduce de manera ágil y oscura en la trama para presentarnos de forma mágica y adulta el encuentro entre el pequeño Peter y el dragón Elliot. La narración a partir de aquí puede llegar a resultar en algunas ocasiones lenta y desconcertante, dado que, en ciertos momentos, no sabe encontrar el equilibrio entre el mundo infantil y adulto, lo que ya ocurría en la reciente Mi amigo el gigante, de Steven Spielberg. Sin embargo, esto solo ocurre en contados casos y, por lo tanto, no enturbia la película en su conjunto. Lo que debe agradecerse con respecto a la adaptación del clásico de Disney es el haber prescindido de los números musicales, ya que haberlos introducido habría podido darnos unos de los momentos de vergüenza ajena más inolvidables de la historia del cine infantil.

En Peter y el dragón podemos resaltar, ante todo, sus efectos visuales y sus potentes imágenes que transmiten belleza (e incluso nostalgia) de esos cuentos que a todos nos contaban de pequeños. Aunque el dragón, que es el verdadero protagonista de este cuento, no resulta del todo convincente: el tono maduro y oscuro de la película choca con la creación de un dragón que recuerda a un teleñeco algo rancio y demasiado simple para lo que Disney podría haber creado.

Con respecto al reparto, uno no puede evitar sonreír ante la presencia de Robert Redford (El golpe), que nunca decepciona, y disfrutar de una excepcional Bryce Dallas Howard (Jurassic World), que desprende ternura y autenticidad, traspasando la pantalla hasta llegar al espectador. Peter, el niño que pierde a sus padres justo antes de encontrar a Elliot, es interpretado por un magnífico Oakes Fegley (Ahí os quedáis), que debe ser considerado como una de esas jóvenes promesas que nos trae el cine de cuando en cuando, como ya ocurrió con el pequeño Jacob Tremblay, que nos robó a todos el corazón con La habitación. En efecto, Oakes es la sensación de Peter y el dragón: transmite con su mirada y sus gestos su inadaptación al mundo civilizado, sus miedos y su felicidad, como si realmente solo hubiera sabido lo que es el mundo en el bosque. Pocos niños actores podrían haber logrado darle al personaje de Peter el realismo que consigue Oakes. Muy pocos.

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Peter y el dragón es un remake que gustará más a los adultos que a los más pequeños, y que ha sabido adaptar el clásico del que provenía de manera eficaz debido a su tono maduro y oscuro. A pesar de sus efectos visuales impecables y su casting, no resulta ser una película redonda debido a su abuso de sentimentalismo (bastante forzado), que eleva el volumen de la orquesta de fondo para guiar al espectador hacia la lagrimilla fácil con escenas que poco aportan a la película. Aun así, estamos ante un remake correcto, entretenido y tierno, pero que podría haber arriesgado más y convertirse en una de las maravillas de este año. No es un visionado imprescindible pero sí recomendable y algo diferente a lo que Disney nos tiene acostumbrados.

LO MEJOR:

  • Su tono oscuro y adulto.
  • Oakes Fegley.
  • La no inclusión de números musicales.

LO PEOR:

  • Su falta de ambición.
  • Su sentimentalismo algo forzado por momentos.

 

Gabriela Rubio

Reseña Panorama
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Abogada defensora de las causas perdidas que nunca ha dejado de soñar. El cine ha sido mi fiel compañero desde que tengo uso de razón, así que toca devolverle todo lo que me ha dado durante todos estos años. Ya no vale ser mera espectadora desde la butaca, ha llegado el momento de actuar, de ir más allá. Ya era hora, ¿no? Luces, cámara y acción.

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