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Jennifer Lawrence es un fenómeno cultural digno de estudio. Prácticamente de la noche a la mañana se ha convertido en una de las actrices más famosas del planeta, de las mejores pagadas, alabadas e incluso odiadas del panorama actual. En su primer papel de prestigio, Winter’s Bone, interpretaba sin saberlo a Katniss Everdeen, dejando a un lado las distopías y los amores juveniles. Tras aquel laureado personaje llegaría la película que cambiaría su vida por completo: Los juegos del hambre. Desde entonces, es probable que no hayamos pasado ni un día de nuestra vida sin escuchar su nombre.

Hay cinco claves que nos ayudan a entender su impacto en el colectivo popular:

El (indiscutible) talento

Hemos seleccionado cinco secuencias de su filmografía que dejan claro que su triunfo no ha sido cuestión de suerte.

  • Joy (David O. Russell, 2015): Tras descubrir cómo todos los productos que se anuncian en la teletienda consiguen un éxito asombroso, Joy pide un préstamo a su familia para poder anunciarse en televisión. Estos se ríen en su cara, y ella, llena de ira, se marcha y se desahoga vaciando el cargador de la escopeta que le ha prestado su vecino. Todo al ritmo de A Little Less Conversation.
  • Los juegos del hambre (Gary Ross, 2011): Comienza el sorteo para decidir qué jóvenes de cada distrito serán obligados a presentarse a los Juegos del Hambre. Effie Trinket saca el primer nombre de la papeleta: la pequeña Primrose ha salido elegida. En ese momento, su hermana Katniss se presenta voluntaria para salvar la vida de su hermana, condenándose a una muerte segura.
  • La gran estafa americana (David O. Russell, 2013): Durante una cena de negocios, Rosalyn habla con la mujer del alcalde sobre su nuevo esmalte de uñas: “Huele a flores mezcladas con basura”. El apasionado y espontáneo monólogo de la actriz es el gran momento de un personaje pasado de rosca (made in David O. Russell, por supuesto) al que Lawrence hace frente con nota.
  • Winter’s Bone (Debra Granik, 2010): A sabiendas de que está a punto de perder la casa donde viven ella y sus hermanos pequeños, Ree decide alistarse al ejército para ganar 40 000 dólares y garantizar el bienestar de los suyos. Su reunión con el oficial muestra a una joven decidida, fuerte y valiente, pero también desesperada y asustada. El trabajo de contención de Lawrence demuestra que es mucho más disciplinada de lo que O. Russell nos quiso hacer creer años más tarde.
  • En llamas (Francis Lawrence, 2013): En su gira por Panem tras la victoria de los Juegos del Hambre, Katniss llega al Distrito 11 y da un emotivo discurso sobre la fallecida Rue, que finaliza con una nueva muerte. Pocas veces una saga juvenil ha sabido explotar el talento interpretativo de su protagonista, pero esta cuatrilogía ha sacado oro de una Jennifer Lawrence entregadísima.

El (enorme) reconocimiento

Pensemos en Meryl Streep. La veterana actriz ha logrado hacerse con 165 premios y otras 322 nominaciones en sus 40 años de carrera. Volvamos ahora a Jennifer Lawrence. La protagonista de Los juegos del hambre ha sido galardonada hasta en 110 ocasiones en menos de diez años, incluyendo ya un codiciado Oscar y habiendo optado a él en otras tres ocasiones.

Gran parte de la animadversión que crea Jennifer Lawrence se debe en parte a semejante reconocimiento. Winter’s Bone abrió la veda y le proporcionó a la todavía desconocida actriz una veintena de premios en la película indie anual que arrasa por donde pasa. Con Los juegos del hambre se llevó también unos cuantos reconocimientos, pero de menor categoría (consiguió varios MTV Awards y se llevó otros premios de bajo rango) y luego llegó David O. Russell y todo se descontroló. Con El lado bueno de las cosas llegó el Oscar, el primer Globo del Oro y otros treinta (¡treinta!) premios que la convirtieron en la actriz más querida por la crítica de los últimos años. Su secundario personaje en La gran estafa americana causó, de nuevo, euforia entre las diferentes asociaciones (da más caché premiar a la actriz de moda del momento y no a una casi desconocida anciana como es June Squibb en Nebraska), si bien con Joy todo se volvió menos radical. La cinta era un descarado vehículo de lucimiento para que Lawrence diese mil discursos de agradecimiento en mil galas de premios, aunque finalmente solo pudo rascar un par de galardones (y muchas nominaciones, eso sí).

Nadie duda (bueno, algunos sí) de que Jennifer Lawrence sea una gran actriz, pero endiosarla por cada papel que hace no le está haciendo ningún favor, sino todo lo contrario. Hemos pasado de amarla unánimemente a mirar con recelo sus actuaciones pensando “pues tampoco es para tanto”. ¿Habría tanta disparidad de opiniones sobre su talento si los premios no la tuviesen en cuenta?

Las (apabullantes) cifras

Quién le iba a decir hace apenas 6 años a la joven de Kentucky que su sola presencia sería el principal reclamo publicitario de las cintas en las que participaría años después. La carrera de Lawrence dio un giro radical tras conseguir el papel principal en la adaptación cinematográfica de la saga Los juegos del hambre. Los millones de adolescentes que forraron sus carpetas con fotos de Robert Pattinson o Taylor Lautner en los cinco años consecutivos que se estrenaron las cinco (¡cinco!) películas de la saga Crepúsculo acudieron en masa al estreno de esta versión teen y americanizada de Battle Royale, convirtiéndola hasta el momento en la saga juvenil más taquillera desde Harry Potter. Los apoteósicos números de la primera entrega de Los juegos del hambre (casi 700 millones alrededor del mundo) convirtieron a Jennifer Lawrence de forma instantánea en una estrella. En total, la saga ha vendido casi 200 millones de entradas solo en Estados Unidos y ha recaudado tres mil millones de dólares en todo el planeta.

Casi simultáneamente a su papel como la heroína de la saga distópica, la joven aceptó el papel de Mystica en la serie de precuelas y secuelas que comenzó Matthew Vaughn en 2011 con X-Men: Primera Generación, a la cual siguieron Días del futuro pasado y Apocalipsis. Mientras que Rebeca Romijn fue una mera secundaria en la saga original (recordemos el indigno final que le dieron en la indigna X-Men: La decisión final), el papel de la nueva Mystica fue considerablemente ampliado gracias a la popularidad de Lawrence. Tanto es así que su personaje fue el protagonista de gran parte de las campañas de marketing de las tres nuevas películas. El resultado: otros mil setecientos millones de dólares alrededor del mundo.

Nadie acaba de entender cómo pudieron chantajear a Lawrence para que fuese cabeza de cartel de La casa al final de la calle, una cinta con los peores defectos de los peores telefilmes germanos que emiten en Antena 3. No obstante, la película triplicó sus diez millones de presupuesto y confirmó que los fans de Lawrence eran fieles a la cada vez más popular actriz. Por su parte, sus colaboraciones con David O. Russell también se saldaron con sus respectivos éxitos. El lado bueno de las cosas sorprendió a propios y extraños recaudando 250 millones de dólares, a pesar de haber costado apenas 20. Esta comedia dramática fue la primera de sus hasta el momento tres colaboraciones con el director. Con La gran estafa americana el tándem repitió las cifras de taquilla de la película que un año antes le había otorgado el Oscar, y aunque Joy estaba más centrada en el lucimiento de la actriz que en vender entradas (recordemos que la cinta trata sobre la inventora de la “mopa milagrosa”), los cien millones que recaudó en todo el mundo supusieron un nuevo éxito para la pareja.

Hasta el momento Lawrence se ha tropezado con apenas un bache. A priori, Serena lo tenía todo para triunfar: la prestigiosa Susanne Bier bajo la dirección y el cada vez más popular tándem Bradley CooperJennifer Lawrence serían las estrellas de un melodrama ambientado en los años 20 que, finalmente, se estrenaría dos años tarde y recaudaría apenas 5 millones en todo el mundo debido a unas críticas nefastas y el poco interés del público en la historia.

La (desmedida) sobreexposición mediática

Si Jennifer Lawrence se ha convertido en un fenómeno viral desde 2011 no se debe únicamente a protagonizar títulos prestigiosos o megataquilleros. Es en las alfombras rojas donde la actriz ha sabido llamar la atención de todos los asistentes. Todo empezaba con aquel amago de caída al recoger su Oscar por El lado bueno de las cosas. Si todo fue una treta publicitaria lo sabrán solo ella y su equipo de publicistas, pero aquello hacía arder internet e incluso los telediarios se hacían eco del tropiezo. “Es tan humana que se cae, como nosotros, pensaba medio mundo, hasta que el tropiezo se repitió en la siguiente gala y decidimos que la humanidad la representaba únicamente Jessica Chastain.

La principal baza que ha explotado la actriz para gustar al público fuera de la gran pantalla es su naturalidad y su falta de pelos en la lengua. En las entrevistas siempre tiene una respuesta ingeniosa para cualquier tipo de pregunta (anécdotas locas con Coppola, Elizabeth Taylor…), En internet puedes encontrarte con un gif suyo adecuado para cualquier situación de la vida y en los eventos públicos parece una fan desquiciada de otros actores (Jack Nicholson, Damian Lewis, Jeff Bridges…).

Cualquier cosa que diga o haga Jennifer Lawrence es noticia, y cualquiera de sus declaraciones (malinterpretadas o no) son noticia instantánea. Estar tan presente en los medios de comunicación no ayuda a la Lawrence actriz, sino a la estrella. En cualquier caso, su ausencia total en redes sociales es un respiro para quienes somos fans moderados (véase gente que disfruta viendo sus actuaciones) y no tenemos ganas de soportar la guerra entre sus seguidores extremistas (que, como Nolan, los tiene) y los que la defenestran simplemente por ser quien es (como Nolan, again).

Las (valientes) declaraciones

Descubrí que había cobrado mucho menos que los afortunados que tienen pene, pero no me enfadé con Sony. Me enfadé conmigo misma. Fracasé en las negociaciones porque me rendí pronto. No quería pelear por unos millones de dólares que, francamente, debido a las dos franquicias en las que he participado, no necesito, y tampoco quería parecer difícil o malcriada. Eso parecía una buena idea, hasta que vi lo que cobraron ellos por la película”, escribía Jennifer Lawrence en una carta abierta (en Lenny, la newsletter de Lena Dunham) tras conocerse el hackeo a Sony hace un par de años que sacó a la luz, entre otras muchas cosas, las diferencias salariales entre los actores y actrices de La gran estafa americana. Si bien otras actrices en posiciones menos privilegiadas habrían mantenido silencio tras la publicación de los hechos (recordemos que Amy Adams, la auténtica protagonista de aquella película, confesaba haber conocido esa brecha salarial y haberse resignado porque “era eso o salir del proyecto”), Lawrence no se cortó en opinar sobre el sexismo en Hollywood. Y lo hizo a sabiendas de las posibles repercusiones que tendría en su carrera, no solo porque no parece tener pelos en la lengua, sino también porque sabe que desde su posición puede intentar ayudar a que las cosas cambien en los estudios.

¿Resultado? Lawrence se ha embolsado 20 millones de dólares por su última película, más un porcentaje de lo que recaude la cinta, mientras que su compañero de reparto, Chris Pratt, recibió 12. Jaque mate.

Esta semana llega a nuestras pantallas Passengers, cinta de ciencia ficción de enorme presupuesto cuyo resultado en las taquillas del mundo será una prueba de fuego para saber si el star system sigue funcionando o si poner la cara de dos actores guapos y triunfadores en un póster ya no es garantía de nada. Éxito o fracaso, la carrera de Jennifer Lawrence no corre ningún tipo de peligro y su estatus como una de las estrellas más importantes del momento seguirá intacto, como confirman la multitud de proyectos interesantes que tiene en cartera.

Jose Cruz

 

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