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Final Portrait, el arte de la amistad

Eso afirma Alberto Giacometti (Geoffrey Rush) en un momento del metraje. Esa sentencia que le dedica al retrato de su amigo James Lord (Armie Hammer) es perfectamente aplicable a Final Portrait, el arte de la amistad, una película que pretende abarcar conceptos tan complejos como el arte, la creatividad, la amistad, la pareja, el amor, los celos… es decir, el ser humano. Y desgraciadamente, no llega más allá de un simple esbozo, un frágil boceto de sus propósitos.

La obra nos relata el encuentro que tuvo lugar entre Alberto Giacometti y James Lord en el estudio parisino del artista en septiembre de 1964. La proposición del suizo al escritor norteamericano, en principio, no se alargaría más de un par de días. Sin embargo, se extendió durante dieciocho jornadas de trabajo que servirían de inspiración al novelista para dar origen a su libro Retrato de Giacometti.

Final Portrait, el arte de la amistadCon dicho argumento parte el quinto proyecto (como director) de Stanley Tucci, el primero tras diez años de sequía (Blind Date, 2007). El director, a pesar de su buen hacer tras la cámara, no llega en ningún momento a atraparnos lo suficiente en la historia, y el principal culpable es un tratamiento demasiado ligero de los personajes. Porque no se le puede criticar ningún defecto notable a lo abordado, sino más bien a lo pretendido. Al quiero y no puedo que rodea una historia demasiado compleja, de personajes demasiado complejos para ser tratados de una manera tan sucinta.

Una dirección notable, un trabajo de fotografía a cargo de Danny Cohen bien logrado y una puesta en escena correctas hacen que no se pueda censurar la labor técnica de los profesionales. Por otro lado, sí habría que mencionar la planificación y el montaje, los cuales, a pesar de acertados en los dos primeros tercios del filme, tienen una recta final que deja bastante que desear. Así, nos encontramos ante un último tercio de la película demasiado comprimido, que parece tener prisa por finalizar, lo que no ayuda, ni mucho menos, a que empaticemos con una trama que, si bien es entretenida, como decíamos antes, en ningún momento te engancha.

Final Portrait, el arte de la amistadCon respecto a la labor actoral, encontramos a un gran Geoffrey Rush (El discurso del rey) en la piel del peculiar artista. Un ejercicio muy notable, con unos trazos de caricatura que no desmerecen el conjunto de la interpretación. La otra gran parte del peso interpretativo lo soporta Armie Hammer (Operación U. N. C. L. E) en el papel de James Lord, simplemente correcto. A estos le acompañan en el reparto Clémence Poésy (como Caroline, la amante de Giacometti), Tony Shalhoub (Diego Giacometti) y Sylvie Testud (Annette, esposa del artista). Destacamos aquí la neutralidad y buen hacer de Shalhoub. Del mismo modo, cabe reseñar la contraposición entre el histrionismo de Clémence Poésy y la contención interpretativa, muy lograda, de Sylvie Testud.

Por lo dicho, aunque no nos encontremos ante una obra maestra, sino más bien una de esas películas de las que en un par de meses olvidaremos el título, sí merece que reconozcamos lo ameno de la propuesta. Una historia de noventa minutos, en la que la potencia de sus personajes te obligará a conocer más sobre este curioso y anecdótico episodio, que ha pasado a los anales de la historia del arte tanto en la pintura (retrato de James Lord) como en la literatura (Retrato de Giacometti), y que ahora recoge, aunque sin demasiado acierto, el cine.

La película podrá verse en las carteleras españolas a partir del 29 de diciembre.

 

LO MEJOR:

  • La excelente interpretación de Geoffrey Rush en la piel de Alberto Giacometti.
  • Entretenida como telefilme.

LO PEOR:

  • Sus pretensiones se quedan lejos de su alcance.
  • El tercio final del metraje, que acaba de desvincular al espectador con el relato.

 

Aramis Guerrero

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