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Los refugiados son un problema real: “Miles de refugiados saltan la frontera…”, “los refugiados van hacia un lugar mejor para huir de su país en guerra…“. Seguramente todos hayamos escuchado miles de veces estas palabras en los medios de comunicación. Pero ¿realmente somos conscientes de la problemática del asunto? El director húngaro Kornél Mundruczó (White God) trae con su último trabajo una invitación a que el público reflexione sobre esta situación, sobre lo que es capaz de hacer el ser humano para y por sobrevivir. Esto es Jupiter’s Moon, una obra que fue “maltratada” en Cannes (no lo entendemos) y que, por el contrario, triunfó en Sitges 2017donde obtuvo el galardón a Mejor película y a Mejores efectos especiales por el magnífico trabajo de Ferenc Deák.Jupiter’s Moon nos plantea la situación de los refugiados sirios cuando, en plena guerra civil, deben dar un salto del continente asiático al europeo para sobrevivir. La película se centra en el caso concreto de su protagonista, Aryan, quien tras ser tiroteado (cuando para ojos de todos debería estar muerto), comienza a flotar, pudiendo cruzar la frontera a un lugar… ¿mejor? Eso tendréis que comprobarlo viendo este largometraje.

Zsombor Jéger, el actor que interpreta a Aryan, se estrena con un importante papel protagonista que sabe llevar durante los 123 minutos del filme. Junto a él estará el Dr. Stern, encarnado por Merab Ninidze, el hombre perseverante sin escrúpulos que sacará provecho del joven. Este será quien en el hospital del campo de refugiados coja a Aryan para aprovecharse de su poder, como si de una gallina de huevos de oro se tratase.

Aryan es un personaje humano que solamente busca asilo en suelo europeo. Nos encanta cómo desde la vertiente de la fantasía se cuenta un problema que acontece al mundo, el drama que viven los refugiados, en concreto, los de Siria. La frontera entre Siria y Hungría es la confrontación de todo en Jupiter’s Moon, aunque no tanto como esperábamos, porque se centra en demasiados momentos en Aryan y sus conflictos, dejando de lado la profundidad del conflicto dramático en sí: la necesidad de Aryan de encontrar a su padre y el profundo amor que siente por él. 

¿Nunca os ha ocurrido que, aunque habéis pasado millones de veces cada día por un mismo sitio, de repente uno de esos días subís la mirada hacia arriba, hacia el cielo, y veis algo que nunca antes habíais visto? Pues a eso nos invita Mundruzcó como director y guionista, junto al trabajo del también escritor de la historia Kata Wéber. El director, de forma muy valiente, pone un altavoz a lo que se vive en su país con los refugiados. Esta fascinante y realista (a pesar de que sea triste) situación es planteada con el personaje de Stern, quien afirma que se debería mirar al cielo y ver lo que hay más allá de nuestras vidas horizontales, inmersas en las redes sociales. Vamos, como la vida misma.Como punto negativo, es probable que, al pensar en que se proyectó en Sitges y que, además, fue su ganadora a Mejor película, el público espere un peliculón con superhéroes y rayos láser que dé pánico, pero no. Nos ha gustado, pero no lo suficiente para ser una ganadora de Sitges, aunque sí es cierto que hace una gran reivindicación de una causa social, que agradecemos, y a la par una reivindicación del cine europeo de calidad (coproducción húngaro-alemana entre KNMMatch Factory Productions y Proton Cinema, con distribución de Wanda Films) con la que estamos satisfechos. A nivel técnico, la fotografía de Marcell Rév nada tiene que envidiar a cualquier película de Hollywood, con sus planos secuencia espectaculares, muy bien rodados, así como tampoco podemos objetar nada de sus efectos especiales (que le valieron un premio en Sitges). La música de Jed Kurzel no nos ha convencido tanto, pues intenta evocar la lágrima fácil y ya es demasiada la crudeza de la trama (a veces con ambigüedades peligrosas) como para que esta aumente con su banda sonora.Se ve la problemática que muchos refugiados viven en los países en los que se cobijan: la dificultad para encontrar un trabajo en condiciones, pasear por la calle con miedo a que te persiga la policía, acudir a un hospital en caso de urgencia y que alguien te delate… Incluso cuestiona la religión, ya que ni la fe puede arreglar esto. Miles de situaciones que Mundruczó muestra en esta fusión de géneros (el thriller, el drama, la acción y la fantasía) para que el espectador se conciencie y llegue a ponerse en el lugar del refugiado, de Aryan. Y es que uno nunca sabe cuándo alguien puede ser refugiado en otro país, todos podríamos serlo, y ese es precisamente el problema: lo utópico sería que fuéramos ciudadanos no de nuestro país natal, sino ciudadanos del mundo sin barreras, sin vallas, sin fronteras… Quizá Mundruczó, con esta crítica, nos quiera decir también que no perdamos la esperanza en la humanidad que nos rodea y que los milagros pueden llegar a ser posibles.

Júpiter tiene 67 lunas conocidas. Las cuatro mayores las descubrió en 1610 Galileo Galilei (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto). Una de ellas parece tener un océano salino bajo su superficie helada que podría albergar nuevas formas de vida. Esa luna se denomina Europa… ¿Quieres conocer una de esas lunas? ¿Quieres conocer Jupiter’s Moon?

LO MEJOR:

  • Es una dura crítica a la sociedad y al problema de la crisis de los refugiados.
  • Cuenta con buenas actuaciones, buena fotografía y buenos efectos especiales.
  • La originalidad de recurrir al fantástico para denunciar una causa.
  • Su moraleja: los milagros pueden ser posibles.
  • Mundruczó te invita a mirar hacia arriba.

LO PEOR:

  • Había mejores cintas en Sitges 2017 para ganar.
  • Hay ciertos momentos arriesgados a la hora de jugar con los poderes y los refugiados.
  • Alguien no se la tomará en serio.

María Páez

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