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El Bar en El Palomitrón

A estas alturas, el espectador debería estar bien prevenido sobre lo que con toda probabilidad va a encontrar al acudir a ver una película de Alex de la Iglesia: altas dosis de comedia absurda, un buen puñado de situaciones límite y un creciente caos que acaba adueñándose del relato hasta acabar estallando en un alegre desmadre. El bar no es menos y recoge con orgullo todas esas señas de identidad del director bilbaíno. En ella, un grupo de personas de lo más heterogéneo se ve confinado al interior de una típica tasca madrileña al verse envuelto en un misterioso ataque que tiene lugar en el exterior. La acción, a excepción de los minutos iniciales y los finales, se desarrolla entre las cuatro paredes de ese bar, donde los personajes se ven obligados a lidiar con la amenaza que viene de fuera y la que se vive en el interior, donde el miedo y la desconfianza acaban revelando la verdadera naturaleza de cada uno de ellos.

El bar en El PalomitrónNo es la primera vez que De la Iglesia y el guionista Jorge Guerricaechevarría encierran a sus personajes en un escenario y se las hacen pasar canutas con sus artimañas entre la comedia y el sadismo. Ya lo hicieron con desigual fortuna, por poner dos ejemplos, en la muy notable La comunidad y la alborotadísima y mucho menos consistente Mi gran noche. En esta ocasión el periplo hostelero carece de la fuerza de sus mejores obras y en ocasiones evidencia una sensación de agotamiento, pero el conjunto proporciona suficientes risas y situaciones disfrutables como para asegurar un entretenimiento constante.

El impecable reparto, repleto de viejos conocidos de la filmografía del director, se las arregla para que el humor aflore incluso en los momentos de mayor tensión. Desde un Mario Casas hipster que vuelve a ofrecer su mejor versión hasta una Carmen Machi que demuestra por qué es una de las actrices más fiables del panorama español, pasando por Terele Pávez, Blanca Suárez o Secun de la Rosa. Todos los actores cumplen y brillan, repartiéndose el protagonismo y aprovechando sus intervenciones para sacar a relucir su vis cómica y su capacidad para aguantar el tipo incluso cuando aquello deriva en un espectáculo parecido al “sálvese quien pueda”.

Mario Casas y Blanca Suárez en El bar - El PalomitronSi algo puede achacársele a la obra, y no es nada nuevo en el cine de Alex de la Iglesia, es que tras un arranque brillante y prometedor la historia acusa una falta de ideas que le resta brillo y hace pensar que el guion se limita a estirar lo máximo posible, y sin rumbo definido, la buena premisa inicial. El ejemplo más claro lo encontramos en Las brujas de Zugarramurdi, que daba el pistoletazo de salida con la magnífica secuencia del atraco en plena Plaza del Sol, con su posterior fuga a bordo de un taxi, pero terminaba derrapando y dando como resultado un trabajo, si bien entretenido, tremendamente irregular. El caso de El bar no es tan marcado y se las apaña para mantenerse a flote durante todo el metraje, pero es inevitable pensar que el ingenio desplegado en los primeros compases llega al tramo final algo mermado.

En cualquier caso, en un momento en el que el thriller español goza de un estado de salud impecable, se agradece (¡y mucho!) el sello De la Iglesia, ese que sabe dotar a la acción de humor y esperpento, de una desvergonzada locura que contrasta, para bien, con la seriedad casi ceremonial de otras propuestas nacionales. La fórmula, con sus aciertos y sus errores, funciona y seduce.

LO MEJOR:

  • La alocada premisa inicial.
  • La entrega de los actores, que se dejan llevar por el disparate y se lo pasan en grande.

LO PEOR:

  • Que el tramo final se parezca más a una película de supervivencia que al thriller cómico que prometía ser.

 

Álex Merino

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