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los odiosos ocho Poster

 «I´m Oswaldo Mobray, the hangman in these parts».

(«Permítame que me presente. Oswaldo Mobray, el verdugo de la región».  )

Oswaldo Mobray, Los odiosos ocho.

 

Si la anterior cinta del director era una historia de antes de la guerra de Secesión (Django desencadenado), Los odiosos ocho nos sitúa unos años después de que ésta haya finalizado, en las nevadas llanuras del estado de Wyoming: una diligencia viaja hacia el pueblo de Red Rock, llevando a un cazarrecompensas (Kurt Russell) con su prisionera (Jennifer Jason Leigh). En el camino se topan con otros dos hombres: otro cazarrecompensas con mala reputación (Samuel L. Jackson) y un tipo que dice ser el nuevo sheriff de la localidad (Walton Goggings). Los dos hombres suben al carruaje y les acompañan hacia el mismo destino, pero, debido a la ventisca, deberán hacer noche en un hospedaje en plena montaña, donde coinciden con otros cuatro desconocidos. Nadie es de fiar, nadie aporta tranquilidad, nadie puede descubrirse… Comienza el juego.

THE HATEFUL EIGHT

Detrás de este filme hay un Tarantino más maduro que hace un uso mayor de la palabrería y se toma su tiempo en desenfundar las pistolas. El diálogo siempre ha sido una de sus grandes bazas, y es experto en forjar críticas por medio de sus personajes, así como dar vueltas a base de banalidades mientras se acerca a un consabido desenlace por el público, que cavila sobre cómo reaccionará cada protagonista. Aquí más que despilfarrar balas (que también habrá), el realizador coloca más artillería en la verborrea de estos energúmenos (sobre todo en el personaje de Samuel L. Jackson, que ahora no degustará hamburguesas como en Pulp fiction, sino que probará estofados caseros). Salvo el inicio, la acción se desarrolla en el interior de un pequeño comercio a pocas millas del pueblo al que todos se dirigen. Hace frío fuera, así que hay que encender la tensión para mantener el calor. Hay café recién hecho y se prepara cena caliente. Los huéspedes se acomodan en la estancia, pero se mantienen inquietos (normal si se trata de ocho individuos gritones y malhablados); en algún momento el ambiente explotará y se dará la bienvenida a la violencia, esa que no perdona ninguna cinta del cineasta. Ahora más que nunca, el chef TARANTINO guisa a fuego muy lento, añadiendo cada aditivo en su justo momento para que el rancho resultante esté a punto, con el picante perfecto, y contenga el sabor necesario para sus acérrimos fans que, como siempre, llegarán con hambre de sadismo y ansias de acribillamiento por medio de conversaciones bien cocinadas y balazos bien servidos. El director divide el menú en cinco actos, los cuales aguardan cada uno una secuencia del thriller. Porque Los odiosos ocho es un western, cierto, pero bebe de otros géneros; contiene un efecto Cluedo que incentiva la intriga, a la vez que sus discusiones se transforman en comedia negra.

THE HATEFUL EIGHT

Tarantino se ha inspirado en otros autores para sus películas y en él mismo en cada nueva obra que estrena. En la presente, son muchos los autohomenajes que hace a su filmografía: no es raro que se vea su marca de cigarrillos Red Apple, caramelos de colores esparcidos por el suelo, tiroteos al más puro estilo Reservoir dogs, planes similares a los vistos en Malditos bastardos o personajes que recuerden a otros ya memorables (como el personaje de Tim Roth, muy similar al Doctor King Schultz que forjó Christoph Waltz de Django desencadenado). Una vez más, el discurso no lineal incentiva la trama que, de hecho, es narrada por el propio realizador, incluyendo así su común cameo. Y por supuesto no faltarán sus obsesiones de siempre expuestas en el argumento en su estado más excesivo: sangre, insultos racistas, felaciones o palabrotas.

Para dar vida a estos sospechosos ha contado, como siempre, con algunos habituales, fieles artificieros como Tim Roth, Samuel L. Jackson, Michael Madsen, James Parks, Bruce Dern o Kurt Russell y otros no tan habituales como Jennifer Jason Leigh o Demián Bichir. El tándem que forma Jason Leigh con Russell queda impecable a golpe de puñetazos e increpaciones mutuas. Después de que John Carpenter le encerrase en una caseta en plena nevada con ciertas criaturas poco fiables en La cosa (1982), Tarantino vuelve ahora a colocar al actor de Tombstone en circunstancias semejantes. Y como el resto de sus compañeros, lo borda. Los odiosos son ocho, pero por esa fonda pasan más secundarios, entre ellos un entregado Channing Tatum al regalo que le ha hecho el ganador de dos Oscar.

THE HATEFUL EIGHT<br /> Photo: Andrew Cooper, SMPSP<br /> © 2015 The Weinstein Company. All Rights Reserved.

Su más que reconocida y pendenciera estética viene acompañada por la partitura del maestro Ennio Morricone, que entre su interminable currículum se avistan obras como Cinema Paradiso, pasando por El bueno, el feo y el malo o La cosa. Curiosamente, el músico ha utilizado ahora temas inéditos compuestos para esta última que no fueron usados por Carpenter al final. Las piezas del italiano acentúan la incertidumbre de la película, y va compaginada con otras canciones siempre bien insertadas de otros autores, como The White Stripes o Roy Orbison.

Tarantino en estado puro, violencia a raudales, brillantes efectos especiales, guion con un ritmo tan potente que sobresale la pantalla… . Podemos aplicar todos los topicazos dichos hasta la fecha porque no nos equivocaremos. Y lo más importante: no defraudaremos.

 

María Aller

 

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