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No nos ponemos de acuerdo. Bueno, entre los seriéfilos, sí. Episodios cortos, antes que los que se engordan con vaciedades. Temporadas lógicas, sin eternizar porque sí. Y sin publicidad, porfaplis. La revista Emmy analizaba hace poco en un artículo por qué las temporadas y episodios de las ficciones televisivas y los anuncios se están acortando cada vez más. Las cadenas y los productores nos están, por fin, escuchando. ¿O no?

A finales de los 70, triunfaban series como Familia (1976-1980), de los todopoderosos Aaron Spelling, Leonard Goldberg y Mike Nichols. Sus episodios de 50 minutos eran vistos hasta por 20 millones de espectadores a los que se les enchufaban anuncios de 20 segundos durante 10 minutos, completando la hora de emisión. Cuatro décadas después se me hace inimaginable poder disfrutar de los 45 minutos de This Is Us con parones.

En estos momentos, en los que vivimos una época de experimentación y cambio, mandan cada vez más los dispositivos móviles. Los más jóvenes acceden desde cualquier lugar con su móvil, lo que está provocando que cadenas como Fox, por ejemplo, estén vendiendo espacios de apenas seis segundos como se haría en una plataforma tipo YouTube. ¿Esto significa que llegará el día en que las series duren 10 minutos? Pues, tampoco. Pero sí hay que prepararse para, según un estudio de Ericsson, más historias pensadas para la tableta o el iPhone: en el año 2020, la mitad del contenido de vídeo se verá en dispositivos móviles. Esto es así. Y no queda tanto para lo que los especialistas han etiquetado como “una HBO para la generación del móvil”. Un ejemplo de este nuevo enfoque ya lo han usado cómicos como Jerry Seinfeld en Comedians in Cars Getting Coffee o Zach Galifianakis en su divertida tanda de entrevistas Between Two Ferns (ambos formatos comparten que el protagonista habla con algún invitado famoso). En España, el ejemplo que me viene más rápidamente a la cabeza es el de Flooxer.

Acostumbrados en el pasado (al menos, en EE. UU.) a series con más de 20 episodios por temporada, chocó que en un momento dado las ficciones recortasen su número de capítulos. Lo que en principio se usó como estrategia para contar con un colchón por si la serie no funcionaba se convirtió en algo normalizado. A esto hay que añadirle, como parte del cambio, que las cadenas de cable no necesitaban publicidad, proponiendo temporadas más cortas y sin interrupciones. Ciertos creadores, que antes ni con un palo se acercaban a la caja tonta, no pudieron resistirse a hacer otra televisión, pudiendo compaginar su trabajo en la tele con el cine sin mayor dificultad.

Los cambios se fueron introduciendo poco a poco. En 2010 FX y AMC vendieron sus series Sons of Anarchy y Breaking Bad a Netflix. El espectador, maravillado con el poder del DVD que le evitaba interrupciones y le proporcionaba maratones en vena cuando quisiera, descubrió esa plataforma que lo transformaría todo. Netflix provocó que las cadenas acortaran sus programas y, paradójicamente, aumentaran sus espacios publicitarios. Si bajaban las audiencias, había que compensar la pérdida de pasta con más anuncios. Lo que provocó, obviamente, fue que los espectadores rechazasen las cadenas tradicionales y corrieran en busca del streaming. Solo entre 2009 y 2013, recordaba en su artículo Emmy, Netflix cuadriplicó su número de suscriptores: de 12 a 47 millones.

¿ALGUIEN SABE CUÁL ES LA DURACIÓN CORRECTA DE UN EPISODIO DE TELEVISIÓN?Han pasado cinco años de aquello y vivimos en plena efervescencia del binge-watching, de la suscripción a la carta sin publicidad y de la posibilidad de grabar los contenidos avanzando la publicidad. A esto hay que añadir la apuesta por la producción original tanto en Netflix como Amazon y Hulu, y ya en España, además, Movistar+. Netflix apostó por los 13 episodios desde su primer gran éxito, House of Cards, e, incluso, ha ido a menos episodios, con los 10 de The Crown o Narcos. Amazon también creyó en esta mágica cifra con Transparent o The Man in the High Castle, tendencia que influyó en HBO (Ballers) o AMC (Better Call Saul).

Estas cifras nada tienen que ver con la emisión en Reino Unido. La House of Cards original tuvo tres temporadas con solo cuatro episodios cada una. The Office, de Ricky Gervais, acabó tras dos temporadas de seis episodios, mientras la versión norteamericana, con Steve Carell, llegó a los nueve años. Hasta para Netflix resultaron insuficientes los tres episodios por temporada de Black Mirror y los duplicó al adquirirla. En un artículo de BBC America de 2012 se comparaban las series made in USA con las británicas, dando varias razones por las que la tele de uno y otro país son diferentes. A la no emisión de anuncios (BBC One presumía de emitir sus series sin interrupciones) se destacaba cómo las temporadas eran mucho más cortas en Reino Unido: 13 en drama como máximo y seis episodios en comedia, destacando que en las islas la serie es un medio para el guionista, y no para el productor, como ocurre por ejemplo en EE. UU. (ni la longeva Doctor Who se ha extralimitado tanto). El caso de Sherlock es muy especial, con sus tres episodios por temporada, creando la máxima expectación para la siguiente. Por ello, cuando en EE. UU. se tiende a añadir episodios cuando la serie funciona, el espectador se vuelve loco. El ejemplo más brutal fue el de Agents of Shield, de 13 episodios, a los que se añadieron nueve más, creando una emisión errática, con 22 episodios a lo largo de 33 semanas. Si uno piensa en sus series de culto, difícilmente llegarán a ese número (El ala Oeste de la Casa Blanca es la excepción que confirma la regla). También lo vimos con la segunda temporada de Perdidos, aunque este tema no tuvo la culpa del bluf final. Puede ser que sí, que las series más aplaudidas sean las que tienen menos episodios. Y esa manía de dividir la temporada tampoco le viene bien a todas las tramas: funcionó con Breaking Bad o Los Soprano, pero… ¿con The Walking Dead? Lo que más podemos temer los seriéfilos son los episodios de relleno, las tramas interminables por injustificadas y, en definitiva, la sensación de estar perdiendo el tiempo.

¿ALGUIEN SABE CUÁL ES LA DURACIÓN CORRECTA DE UN EPISODIO DE TELEVISIÓN?

En el caso de la comedia, sí, puede ser que aguante mejor el número elevado de episodios, lo que no quiere decir que siempre funcione. Aquí podríamos incluir el famoso episodio botella del que tanto se rio Community: no tienen por qué ser episodios de los malos, pero sí que muestran el bajo presupuesto con el que cuenta la serie cuando la acción transcurre en la misma localización o con los mismos personajes.

¿Y qué ocurre en España? Con las plataformas digitales ya no necesitamos que nos hagan resumen del episodio anterior, ni que haya un cliffhanger al final del relato, ni contar cosas que agraden al anunciante o para mantener a la familia unida frente al televisor, ni, por supuesto, tragarnos mil anuncios horteras. Y nos estamos acostumbrando a ello. En España, la entrada de Netflix costó lo suyo. Y parece que no aprendemos (o aprendemos lentamente). El empuje de Netflix, Amazon y HBO ha conseguido que Movistar+ volviese a apostar por la producción propia, por adelantar las fechas de estreno. La emisión en VOD de series como Vergüenza o La peste era algo prácticamente inaudito hasta el año pasado. Las cadenas en abierto, sin embargo, siguen torturando al espectador. En España, hora y media de serie se convierte en una eternidad, y, además, cortando la serie de forma abrupta, aunque sea el segundo más esperado de la trama. A los programadores, el espectador parece darles igual. Por no hablar de las comedias que pasan de largo la media hora a la que nos tiene acostumbrada la sitcom norteamericana.

¿ALGUIEN SABE CUÁL ES LA DURACIÓN CORRECTA DE UN EPISODIO DE TELEVISIÓN?En EE. UU., ojo con pasarse, que en nada tienen el pollo montado. En Reddit fue hilo de debate enfurecido el descubrimiento de que, desde la segunda temporada, The Big Bang Theory se había acortado a 18 minutos para poder meter más publicidad en las pausas. Mucho ha llovido desde los años 70 con Aaron Spelling y compañía, aunque hay cosas que aún tienen que cambiar. Los jóvenes, los móviles, Netflix, la intensa competencia…

Sea cual sea la causa, solo tiene una consecuencia: espectadores que no queremos perder nuestro valioso tiempo, que elegimos calidad y entretenimiento en el formato en el que menos sintamos que se nos está tomando el pelo, ejerciendo un mayor poder de elección al tener, ahora sí, de verdad, el mando en este siempre interesante juego.

 

Mariló García Firmas invitadas el Palomitrón

Mariló García es periodista. Empezó su vida laboral en el diario ABC y ha desarrollado su carrera profesional en el grupo Prisa: en La Revista 40 Principales y durante 15 años en Cinemanía, como documentalista, crítica de cine y coordinadora de la sección de series. Ha escrito en La Vanguardia, Rolling Stone, El Periódico, Woman, Hola!, SModa… En la actualidad, es jefa de prensa de Heroes Comic Con y Heroes Manga; escribe el blog de series de Objetivo TV (Antena 3) y colabora para medios como Icon, Tentaciones, Buena Vida y El Viajero. Es autora del libro Cócteles fuera de serie (Lunwerg) y ha participado en Twin Peaks 25 años y Micro abierto. Textos sobre stand-up comedy. Desde 2005 la puedes leer en su blog Yonomeaburro.

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