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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Hay, en Hollywood, multitud de proyectos que parecen “malditos” porque tienen un potencial tremendamente explotable pero, por una u otra razón, no acaban saliendo adelante. Así ocurría con el guion de Winchester, una de las historias más conocidas del terror anglosajón y que nunca se había llevado a la gran pantalla. Carne de programas de misterio, la obsesión de una viuda con la construcción de sucesivas salas laberínticas en su mansión gigantesca siempre se ha tratado desde un punto de vista racional: como la obsesión de una mujer desgarrada por el dolor y cargada con la culpa del imperio del balazo. Ya saben, los Winchester amasaron una de las fortunas más grandes de finales del S. XIX gracias a su fusil con acción de palanca: la que fuera el arma más mortífera del mundo en su momento. Desde el terror, los hermanos Spierig (Saw VIII), cuentan con Helen Mirren y con Jason Clarke para materializar todo. Había ganas. Y miedo. De los dos.

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LA PELÍCULA

Enfrentarse a una película con Helen Mirren llevando buena parte de la carga dramática casi nunca puede salir mal. Sumar a ello a un tipo experimentado en el género como Jason Clarke y a otro clásico de la reconversión del género como Angus Sampson (Insidious) siempre viene bien. Aunque suene maniquea, la metáfora de los cimientos nos viene pintiparada, pues los pilares de Winchester son firmes: una buena historia, buen elenco y buen guion. Los problemas vienen de la mano del arquitecto. Un dúo, en este caso. El pulso infantil de los Spierig que ya vimos en la última entrega de la saga Saw se vuelve a repetir en Winchester. El filme flaquea en su determinación neoclasicista y el susto llega antes por ambientación que por efecto. Para que nos entendamos, el trabajo de los directos al frente de la cinta es su principal hándicap. Son capaces de convertir una virtud, como tener tantos elementos a su disposición, en un defecto y un agujero por el que hacer aguas. En Winchester agradecemos todo menos las decisiones que uno sabe que se toman por parte de quien está detrás de las cámaras. Miedo de los dos tipos: terror delante de la cámara y horror detrás.

ELLOS Y ELLAS

Como decíamos, la mera presencia de Helen Mirren ya es un sello de calidad inequívoco en una producción que se antoja apetecible. La confirmación, una obviedad, ya vale el precio de la entrada. Más allá del resto del nutrido elenco y la presenciad de la gran dama inglesa, cabe destacar la presencia de un fantasma-gótico Eamon Farren. El actor, al que hemos visto recientemente en Twin Peaks, está tremendo en la doble faceta que desempeña en Winchester. Sin desvelarles nada, él solito será el objeto de sus pesadillas.

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LA SORPRESA

Los últimos veinte minutos. Tras un inicio tibio, propiciado en parte por el poco brío de la pareja dirigente, la película comienza a coger ritmo bien entrada la segunda mitad. Giro lógico tras giro lógico, un filme que podría pecar de predecible se convierte en una tensa batalla entre lo que el protagonista percibe, sin saber si se trata de algo real o ficticio. Bien está lo que bien acaba.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Poseído por Vayan-ustedes-al-cine, el nieto de Helen Mirren en Winchester se hace con uno de los fusiles familiares y comienza a avanzar con paso impertérrito hacia la abuela. La banda sonora de Peter Spierig (vaya, uno de los directores) le viene como anillo al dedo a la escena, suelta en mitad del metraje, que tensionará a todos los espectadores en la sala.

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TE GUSTARÁ SI…

Si eres fan acérrimo de los misterios sin resolver, buscas que el cine de género huya de lo simple o, simplemente, te vale con que Helen Mirren dé una clase de actuación en cada plano.

LO MEJOR

  • Las actuaciones de Helen Mirren y Eamon Farren.
  • La banda sonora, más por mérito propio que por empleo.
  • La ambientación y la historia real que hay detrás. No podrás evitar leer toda la información que puedas sobre la viuda Winchester.

LO PEOR

  • La dirección. Los hermanos Spierig se ven superados por una historia tremenda.

Matías G. Rebolledo

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