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Testigo - El Palomitrón

Hay veces que uno no sabe cómo empezar una crítica. Reflexionas sobre la película, apuntas todos los conceptos que tienes que detallar para poder recomendarla (o no) e intentas desglosar las distintas virtudes y defectos a fin de razonarlo todo con serenidad. Pero por muy claro que puedas tener el desarrollo de la crítica, no sabes cómo empezar. Atascados por el miedo a la hoja en blanco, nos decidimos a buscar una frase ingeniosa sobre alguno de los principales temas de la política. Y ahí va: “Todo político aspira a convertirse en Mickey Mouse: ser tan encantador que la gente se olvide de que es una rata”.

A simple vista podría parecer que no tiene mucho que ver con el tema que nos atañe, pero nada más lejos de la realidad, puesto que Testigo encierra ciertas reflexiones poco favorables de cara a la política. No es casualidad, de hecho, que su estreno en Francia fuera unos meses antes de esas desafortunadas elecciones que tanta polémica trajeron sus candidatos.

Pero dejando para más tarde la política, otro de los temas importantes que desarrolla Testigo es la presión a la que ve sometida la clase trabajadora. Esto se muestra en el magnífico prólogo de la película, donde vemos a Duval, nuestro protagonista, sometido al estrés propio de un oficinista a quien una exorbitante cantidad de documentos le conducen a encerrarse entre botellas de alcohol. Con esta primera secuencia ya se empiezan a ver las dotes del debutante Thomas Kruithof para el thriller, logrando crear una fuerte tensión sin necesidad de diálogos ni más de un personaje.

Y después del estrés del trabajo, llega el despido. La insatisfacción del desempleo que sigue afectando al país vecino se ve muy bien reflejada en esta primera parte de la película, con varias secuencias construidas para mostrarnos la importante necesidad de Duval por encontrar un empleo. Es necesario que el espectador comprenda bien la importancia que tiene la falta de trabajo para el protagonista, porque el primer detonante de la trama llega en forma de oferta de trabajo. De la mano de un enigmático hombre de negocios, se le propone algo sencillo y bien pagado: transcribir escuchas telefónicas interceptadas.

Testigo en El Palomitrón

Por supuesto la trama se vuelve laberíntica, dotando de un efecto de paranoia tanto al espectador como al protagonista, y añadiendo varios giros de guion que mantienen una tensión creciente. No tarda en aparecer la política en un trasfondo visible, aunque casi nunca en primer plano. Testigo funciona mejor como thriller que como crítica política, ya que decide no tomar una posición moral más allá de esos positivos carteles políticos que se ven en las calles, en oposición a las terribles escuchas telefónicas. Ya saben, todo político aspira a convertirse en Mickey Mouse y disimular que es una rata.

Lo importante, en realidad, es cómo el protagonista empieza a vivir bajo la sensación de estar presenciando una conspiración secreta. Y se narra mediante una muy buena idea de salida: renunciar a lo digital a favor de lo analógico. Unos cascos, una máquina de escribir y cintas de casete numeradas se convierten en las poderosas armas de este título. El temor inicial por el estatismo que dicha idea puede producir (un hombre con cascos escribiendo) queda solventado gracias a las dotes del director, Thomas Kruithof, para mostrarnos cada secuencia de forma diferente. Construye las escenas de escritura con gran virtuosismo, utilizando montajes rápidos con todo tipo de planos de la máquina de escribir y las cintas. Consigue así crear tensión para hacerla estallar en las angustiosas secuencias que vendrán más adelante.

La aparición de más personajes en el tramo final solo hace que mejore ese juego paranoico del quién es quién y la empatía con Duval, construido como un personaje silencioso y muy impropio en esta clase de cine. François Cluzet (En solitario) interpreta maravillosamente a un hombre que oculta en su tímida apariencia un fuerte instinto de supervivencia. Su rostro siempre parece tener la expresión adecuada, logrando entender al personaje sin necesidad de palabras.

Testigo en El Palomitrón

A la gran interpretación de François Cluzet se le unen unos formidables secundarios, encabezados por Denis Podalydès, que regala una interpretación terrorífica por momentos, Sami Bouajila y Alba Rohrwacher, que le da un necesario toque de dulzura a la película.

En definitiva, nos llevamos una grata sorpresa con Testigo. Maneja un guion interesante de factura clásica, similar al estilo de Hitchcock, y se narra mediante una notable dirección, apoyada principalmente en la creación de atmósferas angustiosas y claustrofóbicas. Toma alguna decisión un poco reprochable y la violencia en ocasiones parece innecesaria, pero su impactante final acaba por solventarlo.

Hay veces que uno no sabe cómo empezar una crítica pero por suerte, tiene muy claro cómo acabarla. En este caso es tan sencillo como reivindicar Testigo como un notable thriller. Se podría decir que es como Mickey Mouse, por cerrar haciendo un guiño al inicio de la crítica, pero nos tememos que no tendría sentido. Mickey no hace thrillers.

LO MEJOR:

  • Su atmósfera, dirección y fotografía.
  • La excelente interpretación de François Cluzet.
  • Logra mantener la tensión durante todo el metraje.

LO PEOR:

  • Las reuniones de Alcohólicos Anónimos no aportan demasiado y están demasiado vistas.

Ignasi Muñoz

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