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BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #17

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life— sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Reseña de Yona, princesa del amanecer #17


Yona, Princesa del Amanecer nos ha cautivado durante más de quince entregas. Una quincena de volúmenes publicados que avalan la maestría de Misuho Kusanagi como autora. Un camino de espinas que recorre Yona a través de toda su historia y que se ve reflejado en la evolución imparable. Desde sus primeros días en palacio hasta los últimos, liberando a su pueblo de un mal que tiene poco de etéreo, poco de fantasía.

Se entiende que ha pasado tiempo. Que las cosas han cambiado. Pero en realidad el cambio se sostiene sobre los cambios de una princesa que recorre el verdadero camino del gobernante, evitando los pasos de su padre y buscando un sendero que la aleja cada día más de la venganza y la sitúa en la más pura rectitud, tanto moral como ética.

Pero este volumen también se entiende, en sí mismo, como uno de estos remarcados cambios que ha vivido la autora a través del desarrollo de su magnum opus. Así lo hace con un comienzo simple, marcado por una monotonía a la que, dentro del caos general que se vive en su mundo, se ha convertido en otra de las constantes de la obra. Una que ya entendemos como lógica. La calma tras la tormenta. Tras un décimo sexto volumen que marcaba un punto y aparte tras la rotura de las tangentes que forma la obra entre Yona, Hak y So-Woon. El fin de un ciclo.

Un viaje al Imperio de Kai que se entiende como algo prácticamente regular, en el ir y venir del grupo, que sigue ya un camino obtuso, sin una razón de ser concreta. El anuncio de un merecido descanso —tanto para Kusanagi como para la obra— tras el que se esconde un nuevo estallido de fuerza capaz de suponer uno de los mayores giros de la obra y que nos acerca a un futuro tan incierto como inevitable. Todos los engranajes que se comenzaban a mover en los compases iniciales de la obra fluyen ahora con la fuerza necesaria como para que sean completamente imparables. El cambio ha llegado. Y nadie puede pararlo.

Y es que Yona, Princesa del Amanecer #17 lleva consigo un tono diferente. No uno ajeno a la obra, pero sí especialmente más sonado que el resto de veces que lo hemos visto nutrir su narrativa. Vuelve ese componente humano y un afilado tono político que se dan la mano en un baile discordante donde el uno intenta hacer daño al otro, formando un caos genérico que amenaza con arrollarlo todo a su paso y cambiar las reglas del juego.

Si la obra de Kusanagi siempre había necesitado de algún cambio en sus líneas, este volumen se convierte en su redentor de forma, insisto, arrolladora. El ataque de Koka a Kai supone el movimiento lógico ahora que el arco de cada clan ha tocado su fin, poniendo en marcha aquello que So-Woon iniciaba en el primer volumen de la obra. Pero no sólo resulta lógico, sino que sirve para mostrar el paso del tiempo. Un cambio que hemos visto en Yona desde el primer momento pero que ahora nos muestra ambas caras del monarca. La figura del salvador, pero también la del usurpador.

Si el final del último volumen y su promesa de muerte ya era un claro símbolo de los cambios de So-Woon, esta nueva entrega pone el sello definitivo, mostrando una intensa frialdad y sed de sangre que le convierten en uno de los estrategas más peligrosos posibles. Y es que es sobre la figura del chico sobre la que gira la entrega más política de la obra hasta ahora. En como tuerce la balanza y se gana el apoyo del pueblo mostrando la fiereza necesaria para recuperar las tierras perdidas por el antiguo regidor.

Pero, ¿qué papel destina eso al pueblo? Kusanagi replica la desolación que mostraba en sus primeras entregas, sirviendo de contrapeso al viaje realizado hasta ahora y utilizando la metáfora del mismo como comparativa entre la pasividad del anterior monarca y la tenacidad del actual. Una muestra de cómo el pueblo sufre a manos de un y de otro, siendo mero peón de los movimientos que realizan en fe de su propio ego y el poder de su fuerza militar. Un sacrificio necesario a la hora de construir las columnas que sostienen todo un imperio.

La gente moribunda del clan del fuego de los primeros capítulos sirven las veces de comparativa con la desolación de los pueblos de Kai que se ven envueltos en el conflicto. Pero el cambio de la autora no se intuye tan solo solo en la imagen de sus protagonistas. Los entonces famélicas figuras lejanas son ahora personas con una identidad real, cayendo ante los soldados en una guerra de desgaste y pillaje que tan solo pretende frenar el avance del ejército enemigo.

Todo está perdido. Y ante la pérdida, los soldados de Kai pierden su propia humanidad, matando y arrasando a su propia gente en pos de forjar una victoria pírrica a favor de Koka. Una victoria sin premios más que la imagen de la muerte. Escenas como la de una Yona con la cara salpicada de sangre ajena o la de los campesinos cayendo bajo los filos de sus propios protectores son nuevos recursos argumentales que Kusanagi explota con asombrosa maestría en una nueva dirección de su obra que apunta al lado más oscuro de la misma.

Así lo hace, además, con la figura de los dragones. Eternos protectores que se convierten en protegidos. La superioridad que confieren sus poderes cae por una vez y es la propia maldad, la misma humanidad, quien gana una batalla que siempre había estado perdida, un espacio delicadamente trabajado para la puesta en escena de Zenos, que cierra consigo el cambio de registro con el más sonoro cliffhanger que haya brotado de las manos de la autora.

Con todo, Kusanagi nos regala algo más antes de cerrar. Porque Yona, Princesa del Amanecer #17 es una entrega sin rival. Pero su epílogo es algo mágico. La historia de un pequeño Jae-Ha y el anterior dragón verde. Una de las entregas más lacrimógenas firmadas por la autora y que sirve para arrojar cierta luz sobre el pasado de uno de sus personajes más enigmáticos a la vez que nos recuerda el peso de aquellos que llevan consigo el poder, el deber, del dragón. Lo efímero de unas vidas destinadas a proteger que se marchitarán hasta el final cuando un nuevo brote nazca. Una bendición que no deja de ser su propia maldición. Una ironía recurrente en la fantasía que, sin embargo, consigue adaptarse con brillantez al cierre que propone la autora.

Cómo es la edición de Yona, princesa del amanecer #17


Yona, Princesa del Amanecer #17 vuelve a la simplicidad visual en el arte de sus portadas. Si en la anterior entrega era un agresivo Hak ahora es un contemplativo Jae-Ha el que lo hace. Un protagonismo especialmente necesario tras su inestimable aparición en el capítulo especial con el que la obra cierra una destacable decimoséptima entrega.

Lo hace, de nuevo, con la simplicidad de su figura sobre un fondo de tonos azulados, suponiendo toda la atención sobre el dragón verde y su faceta más humana. Un Jae-Ha que se aleja a millas de Hak. Un chico apacible, herido pero impasible ante sus dolencias, que se mantiene en la portada del tomo como si quisiera recordarnos su faceta más humana.

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos; de igual forma que en su anterior publicación. Añadir que, como en cada entrega, el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.