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Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki principal - el palomitron

Pink es una obra que roza los años 90. Una obra que roza los límites de la inopia en nuestro territorio, pero que en tierras niponas —como suele ser habitual— se convirtió en un completo éxito. Gracias a Ponent Mon podemos disfrutar de una de las historias de Kyoko Okazaki más controvertida, expuesta y descarada del panorama actual. Una historia que hasta entonces no habíamos visto plasmada en occidente pero que por primera vez en la historia ha cruzado nuestra frontera y ha llegado para empezar la auténtica revolución rosa.

Kyoko Okazaki es una mangaka nacida en 1963 que cuenta con una serie de trabajos en los que trata temas muy controversiales. Tópicos como la sexualidad, prostitución, drogas, violación y asesinatos no son extraños en sus trabajos. Conocemos cientos de obras que abusan de estos recursos en un desesperado intento de convocar a cierto público, sin embargo, en contados casos nos topamos con artistas que verdaderamente saben darle vida a esta clase de acontecimientos.

Hablamos de una auténtica pionera en el manga josei y verdaderamente ha conseguido destacar en este género. Okazaki salta a la fama con Pink, obra que reseñamos en esta entrada, que refleja sin prejuicios ni temores a una sociedad cínica y sin valores que proyecta sus inseguridades en las mujeres. La autora, a través de un estilo urbanita y descarado, representa a la mujer contemporánea que aspira a ser libre. Una mujer en la que muchas se sentirán incluso identificadas y muchas otras totalmente alejadas. Una obra que merece la pena ser leída y ante todo, interiorizada. Una vez superada esta primera toma de contacto comenzamos la reseña de Pink. Un análisis donde no destripamos detalles sustanciales de su argumento e intentamos ir más allá de lo que vemos a primera vista.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki cartel reseña - el palomitron

Pink es el testigo perfecto que nos lega su autora japonesa, Kyoko Okazaki, para mostrarnos la realidad del día a día de Yumiko. Una mujer que no sólo expone ante nosotros su carta de presentación sino que nos muestra las verdades más atroces de la felicidad, el amor y el dinero. Nuestra protagonista ejerce la prostitución porque su trabajo diario como oficinista no le da lo suficiente como para subsistir y alimentar a su mascota, un adorable cocodrilo. Estamos ante un canto a la felicidad, al amor y al dinero. Un relato adulto a la vez que trágico e irreverente. Un nuevo patrón donde la literatura que conocíamos hasta el momento toma otro camino y nos habla de tú a tú. Sin tabues. Sin prejuicios. Okazaki se atreve a exponer la realidad, una realidad escrita en los años 90 pero que refleja perfectamente nuestra actualidad. De nuevo, estamos ante una autora cuya visión acierta no sólo en el futuro, sino en las personas. Y en particular, en las mujeres.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki protagonista - el palomitron

Yumiko, su hermana y su madrastra representan los tres galones de las mujeres, es decir, niñez, juventud y madurez. En esta ocasión la autora deja la senectud en otro plano y no lo saca a relucir, pero trata a los tres anteriores como si hubiera vivido todos y cada uno de ellos. No sólo nos muestra el espíritu desenfadado de las jóvenes actuales, sino que consigue hacernos empatizar con una niña que aparenta ser la editora más severa del panorama e incluso nos lleva al extremo del odio con la madrastra de Yumiko. Busca y encuentra sentimientos a un compás perfecto, un compás marcado por la edad y por algo todavía mayor: el sexo. Okazaki es una mujer que sabe representar a su género, ya sea en el Tokyo de los años 90 o en la América actual. Da igual. Lo importante es cómo plasma sus ideas, su valentía de contar los miedos y temores, las alegrías y placeres, e incluso su valentía a la hora de modelar un tema tan escabroso como es el sexo. Las mujeres son el hilo conductor de su obra, pero elementos como el erotismo las ensalzan a un plano que siempre hemos tachado como inhumano. La autora da la vuelta a todos los ideales, e incluso nos hace disfrutar en sus escenas más íntimas.

Ese deleite se traslada a la felicidad. Otro de los temas más cruciales de la obra y que Okazaki lo conduce por unas curvas un tanto peligrosas a la vez que necesarias. Pink no es una obra imaginaria, es una obra realista y costumbrista, y por ende la felicidad debe estar presente. La vemos reflejada en pequeñas dosis, pero son dosis de extrema realidad. La vida es un camino donde el gris es el color que prevalece ante el resto. Okazaki consigue diluirlo o intensificarlo, pero siempre a través de elementos naturales. Y justo en esos momentos donde consigue llegar al blanco o negro es donde el lector se da cuenta de qué es la felicidad, qué busca Yumiko y qué buscan las mujeres. Una declaración de intenciones que la autora establece en los 90 y que llega hasta nuestros días.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki pensamientos - el palomitron

¿Es el amor el color blanco de la felicidad? Tal vez. Depende del sujeto y a su vez del entorno, pero lo que está claro es que Pink se tinta del color necesario para representar el sentimiento que prevalece en ese momento. Nos habla de la felicidad en su justa medida, pero también expone al amor tal y como es. Tus emociones gritan hasta decir basta y ni el dinero ni las barreras propias de la vida serán suficientes obstáculos para llegar hasta él. Yumiko se encarga de representar esa superación ante los óbices de la vida, una superación inimaginable que nos estremecerá a la vez que nos hará sonreír. El amor es demasiado grande para ser tratado, dibujado o escrito, pero Okazaki consigue aunar el valor necesario para intentarlo y a su vez, conseguirlo. Un canto al amor en su justa medida donde la decepción y la negación también tienen su espacio reservado.

Pero Cupido no es el único protagonista en esta historia, uno de los pecados capitales como la avaricia representada en su justa medida por el dinero viene con el hacha bien afilada para intentar romper cualquier atisbo de humanidad que pueda quedar presente frente a la vida. El dinero es un medio para conseguir aquello que quieres. En Pink el dinero aparenta ser un canto a la felicidad, pero con el paso de las páginas y con el transcurrir de la historia acaba siendo todo lo contrario. Es una lección moral, una lección que no se aprende en los libros de texto, tan sólo te la puede enseñar la vida.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki conversación - el palomitron

Y la cuestión es ¿qué medios existen para conseguir el tan preciado dinero? Ahí entráis vosotros, ávidos lectores, para gritar en el idioma universal: EL TRABAJO. Sí, es cierto que cuando trabajas —supuestamente— ganas dinero, pero hay otros medios. Y ese medio es el que explora Pink. La prostitución. Para algunos será considerado un trabajo, para otros una venta ilegal de tu cuerpo. Para Yumiko es su forma de dar de comer a su mascota. Particularmente había leído obras que tratan este tema, artículos que lo apoyan y otros que lo masacran, mujeres que están a favor y mujeres que están en contra, pero la naturalidad que consigue esta obra en relación con la prostitución es única. No te asusta, no te aterra, no te escandaliza. Tan sólo te muestra lo que es, e incluso Yumiko disfruta en ocasiones de su trabajo. El sexo es otro complemento más para intentar ser feliz, y para nuestra protagonista parece ser un medio cauto para hacerlo. Aunque es cierto que tras conocer al hombre que cambiará su vida para siempre sus clientes dejarán de darle placer, dejarán de darle “vida”. Una evolución que se siente con el paso de cada uno de los veinte capítulos que componen la obra. Un desarrollo normal de los acontecimientos donde la vida es la encargada en marcar el ritmo de los acontecimientos. Un reloj innegable e incuestionable, incluso para Yumiko, férrea defensora del sexo por dinero y sin amor.

Todo esto no tendría sentido si no habláramos de él, uno de los elementos más peculiares de la obra que consigue ser otro hilo conductor a través de toda la narración, un hilo bien tejido ante el cual Kyoko Okazaki expone su mejor baza de la obra. El cocodrilo de Yumiko. Bajo unas duras escamas y unas lágrimas invisibles, el cocodrilo es la representación perfecta de los deseos de Yumiko en toda la historia. La autora se atreve a encarnar sentimientos tales como el miedo, el deseo y la avaricia a través de un animal cuyo objetivo principal es comer carne. ¿Realmente consigue encajar? Personalmente me atrevo a decir que sí. Sin él la obra quedaría vacía, la fantasía desaparecería y la realidad tendría un color mucho más oscuro. A pesar de la inmoralidad que representa tener a un cocodrilo en un apartamento, es un elemento necesario. A través de él conocemos a los protagonistas de la obra, sus intenciones y sus más oscuros deseos. Nunca habría imaginado que un reptil pudiera evocar tanto, pero Okazaki lo tuvo claro desde un primer momento y no dudó en construir su obra junto a él para demostrarnos, de nuevo, que la vida es un conjunto de sorpresas; a veces buenas, a veces temibles.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki cocodrilo - el palomitron

A nivel artístico Pink presenta un arte único, característico e irrepetible, que transmite a la perfección todo lo que la autora quiere contarnos. De estética infantil, casi propia del cuento, los trazos numerosos pero suaves y las líneas fuertes pero sencillas permiten conocer a unos personajes que, pese a la estética de cuento, quedan perfectamente reales. El sentimiento y la inquietud humana se expresa con cada línea, tanto por lo que dibuja Okazaki como por lo que dibujan cada uno de los personajes de la obra. Gozamos de unos primeros planos sensacionales y excitantes al mismo tiempo donde no sólo podemos apreciar el sumo cuidado que tiene la autora con los rasgos faciales, sino que también podemos percibir el mimo que antepone a todos los elementos de cada escena, pues el detalle es uno de los grandes protagonistas de la obra, sobre todo si nos fijamos en los numerosos esquemas y las ilustraciones con los que la autora nos cuenta todo tipo de detalles. Una obra que realmente no reluce por su perfección ante el dibujo pero que sí sabe aunar lo mejor de éste para transportarlo a una historia que para no dañar algunos corazones necesita este tipo de trazado. Sin duda, estamos ante un producto de la literatura japonesa que, pese a lo dramático e infausto de lo que cuenta, casa perfectamente con lo inocente y dulce de cómo lo muestra.

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki cartel edición - el palomitron

Reseña de Pink, de Kyoko Okazaki portada edición - el palomitron

Hace unos meses, con motivo de la Japan Weekend Madrid 2017Ponent Mon anunció la licencia de Pink. Una obra que realmente no era muy conocida en nuestro país pero cuyo argumento y presentación incitó a muchos a apostar por ella. Un reto para el público y para la propia editorial, ya que prácticamente todas sus novedades para este 2018 abogan por las mujeres y su papel narrativo ante el medio. Pink es un tomo único compuesto por un total de 256 páginas en blanco y negro. Estamos ante una edición de tamaño similar al kanzenban de 170 x 240 mm que permite disfrutar con todo detalle de las magníficas ilustraciones de la autora.

La calidad de los materiales que conforman este tomo es indiscutible, en la línea de este tipo de obras de la editorial. La portada logra un gran impacto visual tanto por su diseño como por sus tonalidades rosáceas y malvas que aportan dulzura y ternura a partes iguales. En esta ocasión, el diseño de la portada difiere al japonés, incidiendo más en su protagonista y dejando ver con mayor profundidad y delicadeza a ésta completamente desnuda. Una decisión totalmente acertada y que favorece mucho más a la edición que nos ofrece la editorial en nuestro país. Otro detalle a destacar es su cuidada encuadernación, cosida y con un papel de gramaje de alta calidad, algo que se agradece y más cuando se trata de un tomo tan pesado —si nos referimos al grosor— para evitar que se dañe al leer y se mantenga siempre rígido y fuerte. Pink salió a la venta el pasado 9 de abril a un precio de 20,00 €. Se trata de un tomo único dividido en 20 episodios que marcan a la perfección el ritmo de la obra y te permite hacer pequeños descansos entre ellos, si eres capaz de dejar de leer claro. Sin duda, un gran deleite para nuestros sentidos.

En cuanto a errores de impresión o diseño la verdad es que no hemos encontrado ninguno. Tanto el entintado, como el sangrado y las viñetas gozan de una perfecta armonía en el tomo y además está perfectamente traducido a nuestro idioma, cortesía de Víctor Illera Kanaya. Además, como guinda que pone punto y final a esta exquisita edición nos encontramos con un detalle digno a comentar. La orientación de la obra. En esta ocasión la editorial ha apostado por realizar una orientación occidental dejando de lado a la que estamos acostumbrados los lectores de manga. Un hecho que realmente no afecta a su lectura y que consigue adaptar todo el contenido de la obra. Puede que a algunos les resulte extraño las 20 primeras páginas, pero una vez te has adentrado por completo a la historia, no piensas ni en qué sentido estás leyendo.

En definitiva, estamos ante un manga realmente único e irrepetible. Particularmente estoy totalmente a favor de la apuesta de la editorial para este año, donde las mangakas y las mujeres como tal tienen un mayor protagonismo y la visión que aportan es totalmente nueva. Una oportunidad única para disfrutar de obras excelentes que sin una larga estela en su paso por el mercado pueden llegar al corazón de muchos de nosotros. Y Pink, sin lugar a dudas, está entre ellas.

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Marisol Navarro

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