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Reseña de Arago, de Takahiro Arai Arago Ewan - el palomitron

Hace escasas semanas las redes sociales ardían bajo el furor de un mensaje unánime. Un mensaje alentador y de apoyo con nombre propio. Innocent. Un esfuerzo por intentar otorgarle un apellido. Rouge. Un bonito gesto hacia Milky Way Ediciones y el sector editorial patrio en sí mismo, todo por preservar la riqueza de nuestro catálogo y exaltar una obra que, por sus propias cualidades, ni siquiera debería ser sometida a tal acto. Pero, ¿por qué hablo de Innocent si esta entrada está dedicada a Arago?

Porque ambos títulos irrumpieron en el mercado en octubre de 2016, siendo anunciadas sus respectivas licencias también al unísono. Un seinen de trama adulta y corte histórico con una ilustración tan soberbia como explícita en contraposición a un shōnen de acción con elementos sobrenaturales y cierto regusto diferenciador respecto a la media. Tan contrapuestos como el día y la noche, tan incompatibles como el agua y el aceite. Compartieron inicio pero también final con la publicación de sus respectivos novenos y últimos tomos a comienzos de este año. Además de un nivel de ventas por debajo del esperado. Uno inferior al necesario para el planteamiento de secuelas u otras obras de los autores. Porque Innocent tiene secuela directa, pero el autor de Arago (Takahiro Arai) firma un espléndido trabajo en obras como Les Misérables, adaptación de la afamada novela de Victor Hugo. Y es que, al final, parece que todo converge en París. Y yo, mientras tanto y desde la lejanía, aporto mi particular mensaje de reivindicación y apoyo hacia Takahiro Arai y su obra.

Reseña de Arago, de Takahiro Arai Arago y Rio - el palomitron

Ewan y Arago son dos hermanos que se reencuentran tras años de distanciamiento. Una separación cuyo principal motivo recae en sus respectivas visiones y propósitos. Todo ello en relación a un acontecimiento pretérito que les llevó a observar la muerte de sus padres a manos de Patchman, un asesino en serie de maquiavélica mirada y fuerza sobrenatural. Malheridos, huérfanos, y desprovistos de esperanza, cada uno de ellos forjó en su interior su propio camino. Mientras Ewan consigue unirse al cuerpo de policía de la capital inglesa, Arago se sumerge en un periplo de venganza y soledad que le llevaría a perseguir al verdugo de sus padres por todo el mundo. Una persecución que termina en la misma Londres que les vio sufrir y crecer tiempo atrás.

La reunión predestinada entre los dos hermanos y, como podría imaginarse, la encarnación del mal —Patchman—, es una amarga y con sabor a despedida. De sacrificios. Tras los sucesos, Arago se queda solo; es salvado por su hermano Ewan una vez más, pero en esta ocasión a cambio de su propia vida. Como si de un prólogo se tratara, la auténtica historia de Arago comienza frente a una tumba, con el azulado reflejo del sol en los diferentes componentes de un uniforme de policía y el —aparentemente— liviano gesto de un guante acoplándose en una mano. Un nuevo propósito, una nueva vida y un poder capaz de sumir al mundo en el más absoluto caos o brindar el más hermoso de los arcoíris.

Reseña de Arago, de Takahiro Arai Ozz - el palomitron

Tanto la premisa principal de la obra como el propio protagonista moldeado por Takahiro Arai no difieren en demasía de tantísimas obras del género. Arago es un joven que carga con un trágico pasado sobre sus hombros y que, sin ningún tipo de premeditación, obtiene un misterioso poder capaz de cambiar el mundo tal y como lo conoce. Su personalidad y comportamiento están en armonía con el envoltorio que rodea la ficción, así como la del resto de personajes que hacen acto de presencia. Takahiro Arai crea una amalgama de figuras cuya identificación por parte del lector no se antoja compleja. En Arago hay espacio para personajes atormentados en busca de venganza, momentos de amorío adolescente y algún que otro personaje un tanto edgy de dudosas intenciones. Pero, a pesar de hacer uso de distintos tropos del género, Arai consigue darle un enfoque con cierto aire distintivo. Muchos de sus elementos ya los hemos visto antes, pero su construcción y ejecución es sólida y orgánica, lo que hace de Arago una lectura muy amena y entretenida.

Reseña de Arago, de Takahiro Arai Arago - el palomitron

Arago no es más que otra historia acerca del bien y el mal, una oda a la superación y a la difícil tesitura de anteponer el interés común al individual. Se enfatiza en el papel del héroe por error, aquel que ni busca serlo ni tampoco obtener ningún tipo de reconocimiento. Aspectos muy habituales para la gran mayoría de los lectores. Sin embargo, los nueve volúmenes que comprenden la obra de Arai confeccionan una narrativa muy cuidada y cercana; consigue que el difícil acto de empatizar con sus personajes se torne en uno de gran sencillez, y todo ello pese a no ser una ficción extensa en términos de duración. Parte de este logro recae en un elenco de personajes muy bien construido y una recreación de la ciudad de Londres que se siente cercana, real. Un acercamiento a Occidente.

Pero, sin duda, la faceta argumental más distintiva de la serie es la inclusión de elementos sobrenaturales de diversa índole, además de la recreación de mitos y leyendas de la cultura popular o del propio folklore anglosajón y celta. La tarea de documentación por parte de Arai para ilustrar lo anteriormente mencionado y lograr así un nexo coherente entre los dos mundos, el humano y el fantástico, es una de las principales bazas de su narrativa. Poco a poco se van introduciendo los conceptos que una vez avanzada la trama se entrelazan y cobran sentido. Y, al igual que la obra cuenta con un fuerte apartado fantástico sustentado en fábulas y folklore extranjero, Arai también se nutre del Apocalipsis cristiano para construir tanto a los principales villanos como sustentar la recta final de la historia.

Reseña de Arago, de Takahiro Arai Jinetes - el palomitron

Todo estos elementos pueblan la obra y cohabitan en el plano terrenal de una forma muy orgánica y natural. La epopeya de Arago ofrece unos primeros compases con una estructura cimentada en la resolución de pequeños —y no tan pequeños— casos donde realidades chocan entre sí y las fuerzas del más allá irrumpen en la vida mundana de los humanos. Algo que se resuelve eficazmente al conjugar la labor policial del protagonista durante el día y la de “vigilante” una vez el manto de la luna cubre la oscuridad de la noche. Una narrativa que se apoya en el día a día del protagonista y que ofrece pequeñas píldoras de historia principal de vez en cuando. Takahiro Arai confecciona con paso firme y buena letra el conducto hasta alcanzar el clímax de la obra. Sin ser redundante ni querer abarcar demasiado teniendo en cuenta la amplitud de la serie. El trato hacia la mayoría de sus personajes es, además, los suficientemente óptimo como para atisbar en ellos un desarrollo sólido. Un trabajo sobresaliente que, tristemente, se ve algo empañado por el pésimo trasfondo de Patchman y unos villanos que podrían haber dado algo más de sí.

Reseña de Arago, de Takahiro Arai Arago vs wolf - el palomitron

A nivel artístico, Takahiro Arai realiza un trabajo muy similar al de anteriores obras como Cirque du Freak (Darren Shan). Quien haya leído dicha obra, notará ciertas reminiscencias en el diseño general de los personajes que componen Arago, así como algunos de sus elementos sobrenaturales. Sin embargo, en la obra que nos atañe, el dibujo tiene una mayor fuerza y el autor denota en el mismo una mayor confianza. Un diseño de personajes y criaturas muy singular caracteriza un trabajo que brilla en las páginas dobles y en los paneles donde las tonalidades oscuras y sombreados abundan. Arai tampoco muestra ningún tapujo a la hora de ilustrar mutilaciones y sangre por doquier, alejándose así de cierto nivel de censura intrínseco a su demografía. Un detalle muy a agradecer teniendo en cuenta el enorme peso que tienen los paneles de acción en la obra; unos donde, en ocasiones, resulta algo complicado seguir los acontecimientos de las contiendas.

Arago no pretende revolucionar el género, pero reniega caer en la monotonía. Todo lo que hace, lo hace bien. A lo largo de sus nueve volúmenes Arai cierra la historia con soltura, haciendo del último capítulo una especie de epílogo con un desenlace interpretable y con espacio para la imaginación. Puede que Arago no sea un referente dentro del género, ni tampoco una de esas obras que figuran en los rankings de mejores series. Pero demonios, ¡qué satisfactorio es toparse con una obra así!

«Y es que siempre tiene que llover para que podamos ver el arcoíris»

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.

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