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PONGAMOS QUE HABLO DE SABINA: UN DOCUMENTAL ORIGINAL DE ATRESPLAYER PREMIUM

Pongamos que el 24 de mayo Atresplayer Premium se abre al mundo de los documentales con su primer título original. ¿Su protagonista? Voz rota, letras que no tienen rival, un bombín, alma de canalla; uno de los artistas más preciados del panorama musical español: Pongamos que hablo de Sabina.   

Iñaki López es el encargado de conducirnos a través del genio y figura de Joaquín Sabina en este documental producido por Atresmedia Televisión y Happy Ending. Son más de 30 los entrevistados, algunos compañeros de profesión, otros amigos o incluso personas importantes en la vida de Sabina que se ponen ante la cámara para hablar sobre Joaquín por primera vez. Los testimonios de todos ellos van configurando, acompañados por archivo gráfico y sonoro de la trayectoria del flaco de Úbeda, un hilo conductor que nos acerca a su lado más personal.

El documental se nos presenta dividido en tres episodios, y cada uno de ellos retrata una de las facetas que han caracterizado la vida y carrera del cantautor: sus pecados, sus amores, y sus pasiones.

Pongamos que hablo de sus pecados

Aunque sólo hayamos podido visionar la primera de las entregas (la que se estrena esta noche) y nos hayamos quedado con muchas ganas de devorar las dos restantes (tienen una duración de media hora cada una), no podemos sino subrayar la buena idea de estructurar el documental en estos tres bloques temáticos, que además permiten una selección perfectamente escogida de temas musicales como banda sonora acompañante.

El primer capítulo nos habla de sus pecados o vicios, esos que nunca se ha afanado por ocultar. Arranca con la vuelta de Sabina a España después de su exilio en Londres. Como ocurrirá en los tres episodios, antes que nada se nos contextualiza la época, que en este caso es la segunda mitad de los años 70, cuando tras el fin del franquismo, Madrid se convirtió en el epicentro de la libertad y la desinhibición en la que se zambulló de lleno el cantante. Alcohol, drogas, “amor pagando”, y canciones escritas en servilletas de cualquier club. Esta era la tónica habitual de Joaquín, y nos lo cuentan personalidades como Fernando Sánchez Dragó, Baltasar Garzón, Paco Lucena (ex mánager de Sabina), o Javier Menéndez Flores (su biógrafo) a ritmo de Eh, Sabina, Una canción para la Magdalena o Princesa.

Por su parte, Ana Belén, Wyoming o Leiva, matizan su fama de canalla, su cruzada contra lo políticamente correcto, y los nulos pelos en la lengua que tiene cada vez que ha sido entrevistado y sacado a colación sus excesos sin ningún pudor. Quienes lo conocen saben que es incorregible, pero al fin y al cabo, esto es parte de su encanto aunque quisiera negarlo todo.

Igualmente en esta primera parte veremos cómo en aquellos años el piso de Joaquín se convertía en un polvorín de gente que pasaba por allí de visita, da fe Carlos Boyero. Cristina Zubillaga, su pareja por entonces e inspiración para varias de sus canciones (19 días y 500 noches, entre otras) habla de cómo se conocieron y del “blues de lo que pasaba en su escalera”.

Hasta que el tren de vida en el que estaba montado Sabina se detuvo por necesidad tras el ictus que sufrió en 2001. Su inseparable Pancho Varona (guitarrista y compositor que lleva trabajando con él desde principios de los ochenta) o Almudena Grandes, tratan esta etapa más delicada en la andadura de Joaquín: las repercusiones que tuvo aquel susto, los bloqueos que le han llevado a abandonar algunos escenarios en los últimos tiempos, y el apoyo incondicional de su público. Complementan los compases de Nube negra o Lágrimas de mármol antes de que Zahara y su guitarra pongan el broche a este primer capítulo entonando Pongamos que hablo de Madrid desde una azotea con vistas a la ciudad.

En formato similar, esperamos con ansia la segunda y tercera entrega de Pongamos que hablo de Sabina, en las que intervienen otro buen puñado de personajes del panorama musical, literario y político, pues si algo queda claro es que Joaquín Sabina tiene amistades de todo tipo y en todo gremio, hasta las más insospechadas. El interés por retratar (y hacer este homenaje) a Sabina desde tan diversas perspectivas es sin duda el punto fuerte del documental, que además de consumirse en un suspiro (esta primera dosis sabe a poco), se percibe tan sincero y cercano como su protagonista.

Pongamos que hablo de Sabina es un documento imperdible para sus seguidores y para cualquiera que quiera acercarse a conocer un poco mejor los entresijos del poeta de la canción. Siempre es un placer asomarse a uno de los perfiles públicos más interesantes de nuestro país.

 

Aitziber Polo

 

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Criminóloga con sueños de directora. Pisé el cine por primera vez a los dos años. Con siete vi cómo un cocodrilo gigante se zampaba una vaca entera de un bocado en Mandíbulas, y empecé a leer a Stephen King (y así me he quedado). Mi película perfecta tendría guión de los Coen, banda sonora de Zimmer + Horner y plotwist made in Shyamalan.