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Novena temporada de The Walking Dead

El inefable tránsito del showrunner Scott M. Gimple por The Walking Dead dejó unas cifras de escándalo. Sí, de escándalo. La hecatombe no puede ser llamada de otra forma. Que una serie abra con 17,29 millones de espectadores su quinta temporada y estrene novena con 6,1 es para llevarse las manos a la mollera. El pérfido universo de muertos vivientes, que otrora fuera una de las mejores ficciones de AMC (aquellos dulces tiempos en los que Frank Darabont y Glen Mazzara crearon cuatro férreas temporadas), acabó zombificado por la ineptitud de sus guionistas y la falta de respeto de los productores por sus fans, a los que tomaron por estúpidos. La paciencia llegó a un límite hasta para los acérrimos seguidores de la serie, que vieron como su universo de sangre, sesos y tripas colgantes se convertía en un melodrama sirkiano, aunque suene blasfemo comparar ángeles con estiércol. 

De parodia de sí misma a producto dinámico

Un excesivo alargamiento de la insulsa trama de Negan; efectos especiales que eran la comidilla del universo meme en Twitter; subtramas que conducían a callejones sin salida o que simplemente no despertaban el mínimo interés del público; muertes de personajes con gran potencial para dar giros de trama que solo sirvieron para estamparse contra paredes de cemento; falta de coherencia en las acciones y diálogos interpersonales y una pésima dirección, entre otra larga lista de afrentas, provocaron que The Walking Dead pasara de estar en la cima de la colina a estancarse en un fangoso lodazal.

La ficción liderada por el sheriff Rick Grimes se convirtió en una parodia de sí misma. La desaparición de algunos personajes no causaba impacto salvo por lo grotesco de su violencia. La horrenda música de telenovela alemana sustituyó los temas de Black Strobe, Jamie N Commons y ClutchNi siquiera un estupendo diseño de maquillaje y vestuario fue capaz de sobrevivir a los estertores de un producto agotado por la inflación desmedida de un guion que utilizó 48 capítulos (se dice rápido) para contar algo que necesitaba menos de 16. Ciertas productoras parecen más interesadas en estirar el chicle que en la calidad de los productos ofertados. Dexter siempre fue un buen ejemplo.

Angela Kang: una nueva esperanza

Novena temporada de The Walking Dead

Contemplando con horror la catástrofe venidera, y con la cancelación de la serie a la vuelta de la esquina, a alguno de los directivos de AMC debió encendérsele en la cabeza una lucecita verde. La compañía “ascendió” al inefable showrunner Gimple (un “ascenso” que fue como enviar a un exdiputado al Senado, el cementerio de elefantes) y puso en su lugar a Angela Kang, directora y guionista de numerosos capítulos de la serie desde sus comienzos y quien parece haberle dado al conjunto zombi una brisa de aire fresco que nadie esperaba.

¿Podría decirse que The Walking Dead ha revivido tras la aparición de Kang? Aunque parece precipitado decirlo, la RCP ha dado resultado. La ficción de AMC empieza a boquear de nuevo. La muerte clínica del cerebro creativo ha encontrado una chispa de lucidez y, en una hábil estrategia narrativa, la novena temporada ha reactivado una trama que parecía irrecuperable. Los guionistas se han deshecho de personajes que estorbaban o que estaban agotados. La esperpéntica Jadis, las insufribles amazonas de Oceanside y los palurdos y caricaturescos Salvadores ya no están. También se ha retirado (hasta nuevo aviso) su protagonista, Rick Grimes. Una triste pero necesaria desaparición que ha cambiado la dirección de la historia y ha permitido un necesario avance temporal.

Saltos temporales necesarios

Novena temporada de The Walking Dead

Desde la desaparición de Rick la trama ha avanzado al menos seis o siete años. Maggie ya no está, aunque sigue viva. La hija de Rick ha dejado de balbucear y ahora empuña un revólver. Las relaciones entre las comunidades se han enfriado mientras intentan legislar y crear una democracia real. Han entrado nuevos personajes (¡entre ellos un artista, que ya hacía falta!) que causan simpatía a pesar de su heterogeneidad. Hasta los tipejos y tipejas de Hilltop organizan ferias para entretener a los ciudadanos. Además, ha aparecido un enemigo que infunde auténtico terror: los susurradores, unos humanos camuflados bajo pieles putrefactas de caminantes muertos que buscan ¿aterrorizar? a los protagonistas.

Por primera vez desde la cuarta temporada son los personajes los que llevan la historia. Sus impulsos son naturales y nacen de decisiones morales y estratégicas, como que Michonne lleve a los nuevos invitados a Hilltop o que Carol le ruegue a Daryl, que se ha convertido en un nómada, cuidar de su hijastro. Nuevas relaciones entre personajes, rencillas intercomunitarias, personajes frescos y un enemigo común. Todo esto ha permitido que The Walking Dead tenga oportunidad de recuperar la calidad insuflada por el ingenio de Darabont.

Mejoran la dirección y los personajes

Novena temporada de The Walking Dead

La dirección de los capítulos también ha mejorado. Brilla el uso de steadycam y la introducción de planos generales, lo que contextualiza la historia y la dinamiza. La iluminación de las secuencias de interior tiene personalidad: uno reconoce los espacios por sus colores y decorados. Los diálogos fluyen. Los personajes no se dedican a meditar sobre su terrible situación y prefieren actuar, sea por impulso o por necesidad.

Muchos de ellos, como Eugene, Aaron, Jesús, Tara y el padre Gabriel han evolucionado y tienen peso en la trama. Hasta el capítulo 8 se ha marcado una de las mejores secuencias de toda la serie: Eugene, Aaron, Jesús y Daryl tienen un primer encontronazo con los susurradores. Una secuencia que rivaliza con lo mejor de las películas de terror de los ochenta (niebla, cementerios, susurros en la oscuridad, una muerte trágica) y encumbra, por primera vez en cuatro años, una primera mitad de temporada. Una escena que respira tensión, horror y desconcierto a cada plano.

Aunque a The Walking Dead aún le queda mucho recorrido, si sigue por este camino los espectadores que hemos padecido las penurias de las anteriores entregas sentiremos compensado parte del tiempo perdido. Solo esperamos que Negan, quien ha escapado de prisión, no vuelva a encaminar una cruzada contra Alexandria. Y si lo hace, que sea como el Gobernador: por todo lo alto, en un ataque suicida y con su trama zanjada de una vez por todas o adaptada al nuevo mundo. El 10 de febrero saldremos de dudas.

 

David G. Maciejewski

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Periodista. Me colé por los recovecos de la Escuela TAI en mis tiernas juventudes. Allí redescubrí lo que sabía desde crío: quería consagrar mi vida al celuloide. Desde entonces he publicado artículos y reportajes sobre cine en distintos medios de comunicación, entre ellos los diarios ABC, 20minutos y la revista QUO. También dirijo mi propio medio de comunicación, Perro Come Perro, un proyecto de investigación docente que nació en el seno de la Universidad Complutense de Madrid, y el programa radiofónico de cine Efecto Phi. Soy miembro de AICE desde 2017.

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