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La discreción, la protección a la reina de Inglaterra (y a otras reinas si hiciese falta) y la importancia de ser unos profesionales con una predilección casi enfermiza por la elegancia y el saber estar ante cualquier situación son, en general, las características más reconocibles de una buena película de espías. Por supuesto, el primer ejemplo que nos vendrá a la mente casi sin darnos cuenta es el de JAMES BOND y sus veintitrés películas (serán veinticuatro dentro de unos meses con el estreno de SPECTRE). Este personaje creado por IAN FLEMING y llevado a la gran pantalla por primera vez en el año 1962, se ha convertido en el referente más importante de las películas de espionaje y un ejemplo a seguir a la hora de construir un relato en el que se mezclen la intriga, la violencia y los trajes hechos a medida. Pero no solo JAMES BOND, sus muchos intérpretes y su reconocidísimo estilo entran dentro de una categoría que casi le pertenece por completo. Existen otros tipos de agentes ficticios que distan de esta cualidades tan eficaces para realizar la labor del espionaje, ofreciendo al espectador la parte cómica que, en muchas ocasiones, parece olvidarse el espía más famoso del mundo. Así, un prototipo totalmente diferente se encuentra encarnado en el personaje al que da vida el actor MIKE MYERS, AUSTIN POWERS, cuyas cualidades apenas se asemejan a las de JAMES BOND, haciendo de él un ejemplo a no seguir.

 

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KINGSMAN: SERVICIO SECRETO, dirigida por MATTHEW VAUGHN (KICK-ASS, X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN), parece cabalgar entre estos dos ejemplos, ofreciendo casi a partes iguales una mezcla entre la seriedad que parecen querer transmitir los espías británicos ataviados en sus perfectamente planchados trajes y una comicidad que el espectador quizá no espere encontrarse. Y, a pesar de las apariencias iniciales, esta fórmula que parece tan común funciona durante prácticamente toda la película, haciendo crecer una acción que, en ciertas y contadas ocasiones, parece prefabricada para encandilar hasta al más despistado. Basada en el cómic The Secret Service de DAVE GIBBONS y MARK MILLAR, y tratándose casi de una parodia de los largometrajes de espías clásicos con un estilo consecuentemente rebelde, el homenaje que a veces parece querer rendir a este tipo de películas apenas queda difuso, a pesar de construir una historia que se acerca más a las tramas en las que los protagonistas son un policía veterano acostumbrado a la forma tradicional de resolver los conflictos y un joven llegado al cuerpo con ganas de imponer su criterio y sin ningún temor al peligro. Esta es, en definitiva, la premisa principal que se mueve en KINGSMAN: SERVICIO SECRETO.

 

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Sin embargo, el peso argumental de este largometraje recae inevitablemente en los dos actores principales. En primer lugar, COLIN FIRTH (EL DISCURSO DEL REY, MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA) encarna a un espía veterano con un gran talento para sobrellevar la violencia sin que esta suponga hacerle perder la elegancia que le caracteriza y nos lleva a preguntarnos si existe algún papel que este actor no pueda convertir en sobresaliente. Tratándose de un tipo de personaje que en él resulta desconocido, FIRTH extiende su talento hasta convertirse en un ejemplo a seguir de la interpretación. Así, se convierte en el pilar básico y necesario de la cinta, llevando a sus espaldas una historia que podría resultar demasiado forzada en ciertas ocasiones. Por otro largo, TARON EGERTON supone la parte controvertida, rebelde y descarada dotando a su personaje de unas cualidades propias de esta descripción, con una corrección que se explica dado que esta es su primera intervención en un largometraje.

KINGSMAN: SERVICIO SECRETO entraña en un mismo filme la frescura que necesitaban las películas de espías, la violencia desmesurada y la comicidad en unos diálogos que parecen querer conectar con la parte gamberra del espectador. Su principal virtud reside en la combinación ganadora de picardía y gentileza, en la construcción de unos personajes tan empáticos como divertidos, haciendo de este largometraje una manera perfecta de volver a adorar las películas de espías.

 

 

LO MEJOR

  • La forma de tratar los temas de espionaje dotándolos de una frescura que no se había visto en bastante tiempo.
  • La combinación de comedia, mensaje social y violencia.
  • La utilización de utensilios que parecen sacados de un tebeo de Ibáñez, incluido el paraguas antibalas.

LO PEOR

  • Los efectos especiales dejan mucho que desear en comparación con otros elementos de la película.

 

 

Sheila López

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