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Identidad en Fukakai na Boku no Subete o
ANIME / MANGA OPINIÓN REDACTORES RESEÑAS

FUKABOKU, CRECER ES APRENDER A SER

Crecer creyendo en unos ideales fijos es una realidad que te distancia. A veces no solo del resto, también de une misme. Aunque te asfixien y duelan, no siempre es fácil encontrar una salida. ¿Realmente existe una salida? Cuando en tu casa solo se dan el blanco y el negro, cuesta discernir un gris. Pero soñar con un rosa, amarillo o azul, eso ya es otro nivel. Un cierre hermético que, aunque duele, también ofrece cierta seguridad. Si todo tiene un orden y la única persona que no lo cumple eres tú, posiblemente solo sea una fase.

En una familia donde solo existen hombres y mujeres, la idea de la fase es una parte intrínseca. Todavía más cuando los hombres tienen que ser “muy hombres” y las mujeres “muy mujeres” — sea lo que sea que signifique esa afirmación. Cuando el blanco y el negro se imponen y te encuentras en el punto medio, la distancia se convierte en algo tan habitual que tiendes a perder cualquier lazo con ambas partes. Total, solo es una fase. Y todas las fases tienden a terminar.

Pero no termina.

Que nadie te diga quien eres

Hay un momento a lo largo de FukaBoku en que Mogumo, su protagonista, se pregunta cómo el resto de la gente consigue entender con tanta facilidad a qué género pertenecen. Imagino que es algo natural, que sientes por pura asignación; quizás por orden social, pero lo entiendes. Jamás, en toda mi vida, he sentido un abrazo tan real tras las páginas de una obra.

Boy meets Maria me enseñó a poner nombre y cara a las imposiciones. A los roles de género, a la obligatoriedad de adaptarse a las normas para coexistir en un espacio delimitado por la normalidad de quienes ocupan un mayor terreno. Pero Konayama Kata, en sus líneas, va un punto más allá. Ofrece un lugar donde pararse, donde calmar esa tormenta interna que se despierta y acuesta contigo y, aunque sólo sea mientras pasas sus páginas, te acompaña con la idea de que todo está bien mientras quieras estarlo.

Quizás el punto más importante de Fukakai na Boku no Subete o es que no parte de un discurso, sino de un reflejo. Es la vida de Mogumo, de Kotone, de Mei y del resto. No es una declaración, sólo una realidad. Una realidad que, a veces, se tiñe de amarga y dolorosa, pero que se encuentra dibujada y representada con el mayor cariño del mundo. No solo hacia sus personajes, sino también hacia quienes se adentran en ella, sin importar su identidad. Es una obra sobre el amor, tanto el propio como el ajeno.

Porque, por supuesto que hay problemas. Y esa distancia sigue allí y seguirá existiendo. Pero las distancias se pueden acortar, y Kata es consciente de ello. Su historia es una especialmente personal. Me he visto representado en cada uno de los paneles, de como Mogumo se aterra por los cambios de su cuerpo, de cómo los rechaza, de como sufre en envite de todo su alrededor cuando se le deniega cualquier cosa que no encaje en los roles predefinidos de la masculinidad. Incluso en como todos esos problemas se acumulan y forman los primeros muros

Pero también he encontrado sonrisas en cómo su esfuerzo le ayuda a encontrar refugio en la amistad y en el amor. En cómo descubre que abrirse a otres no siempre lleva a una puerta cerrada. A veces también encuentras gente que, al margen de identidades, decide quedarse a tu lado.

Crecer es aprender a ser

Mogumo es una persona no binaria. Pero Kata no habla solo de Mogumo. Mei es una chica transexual, que descubre su identidad a lo largo de la serie. Kotone sufre una represión emocional terrible al descubrir que solo es capaz de sentirse atraída por mujeres. Tetsu descubre que el género es la última de sus preocupaciones al amar a alguien y, además, su relación con Satori, su hermana mayor y una chica transexual, es uno de los puntos más tiernos de la obra. Ten, sin embargo, es un chico que adora el cosplay y la ropa adorable, sin importar las etiquetas de género.

Love me for who I am es una representación enormemente amplia de identidades y realidades. Tan comunes y tan reales como puede ser la mía o la de cualquier persona que esté leyendo estas líneas. Algo tan básico y simple que, no obstante, supone un apoyo inmenso para cualquier persona que pase por esa dicotomía interna y externa de no encontrar su propio sitio en el mundo que la rodea.

Hay momentos en los que, como Kotone, resultará imposible comprenderlo. Y duele. Duele mucho. Pero eso, me gusta pensar, sí es una fase. Mogumo descubre que, al abrirse, su mundo cambia por completo y no es un milagro, sino el simple hecho de deshacerse de esa falsa seguridad, de esa presión asfixiante que, si bien te protege de los factores externos, también te aísla y desconecta de la resta del mundo.

Al final, si algo me ha enseñado FukaBoku es que lo más importante es aprender a ser une misme. A entenderse y quererse por lo que se es. No necesitas aislarte. Quizás tampoco necesites saber exactamente quién eres, sólo debes intentar conocerte. Y aunque esta sea una lección esencialmente básica, no siempre es fácil entenderla. La propia obra lo dice en su final, «no tienes porqué entenderlo todo. Yo tampoco lo hago».

Más allá de su mensaje y todo lo que comporta, la serie de Konayama Kata es una demostración de amor en todo momento. Y supongo que esta es solo mi forma de agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Por supuesto, hay muchísimo más de lo que aparece en estas líneas, pero eso solo puede contarlo su autore, por lo que, al margen de lo que sientas y como te sientas, te recomiendo que pases por ella. Bien sea buscando una referencia en ese reflejo, un apoyo emocional o simplemente una obra con la que pasar el tiempo, su dulzura es algo mágico

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.